LA SEGUNDA
En La Moneda les enrostran no haber calibrado informes que advertían de duro escenario con la ANEF.Se les cuestiona descoordinación, intransigencia y ausencias... Al final la Presidenta resolvió tras hablar con líder de la CUT... Duras críticas parlamentarias.
Tal vez lo peor de todo -revelan hoy en La Moneda, al analizar la dura semana tras el paro de la ANEF y el forzado reajuste de 10% a los funcionarios públicos- es que el gobierno estaba advertido....
En efecto, desde octubre, tanto en la Secretaría General de la Presidencia, como en la Secretaría de Comunicaciones, se manejaban informes señalando que este año la negociación con los empleados fiscales se venía particularmente difícil. El análisis era que la ANEF iba a endurecer su posición y que el ánimo entre los trabajadores estatales era de unidad, en un año en que la inflación los golpeaba con fuerza. Además, se hacía notar, durante 2008 un importante número de funcionarios se ha jubilado o acogido a retiro voluntario, todo lo cual generaba un ambiente de nerviosismo al interior de la administración pública, listo a estallar en cualquier momento.
Por si esas advertencias hubieran sido pocas, las autoridades tuvieron otra más en su propia «casa», cuando el 8 de noviembre (y adhiriéndose a una marcha de la ANEF) un grupo de funcionarios de Palacio realizó una inédita protesta (hasta colgando un cartel desde una de las oficinas) en la mismísima sede gubernamental.
Sin embargo, se quejan amargamente en el Segundo Piso de Palacio, no se calibraron políticamente estas señales. Y el gobierno terminó enfrentando el conflicto -y paro de cuatro días- con los empleados públicos sin una estrategia clara y mostrando en cambio una sucesión de zigzagueos. Esta "falta de eficacia" de la negociación política en el Congreso -con seis propuestas distintas y dos rotundos rechazos, en comisión y luego en la sala de la Cámara al reajuste- tiene hoy a los ministros del comité político convertidos en el blanco de todas las críticas (ver cuestionamientos de los parlamentarios oficialistas en páginas 30 y 31) y de la molestia de la propia Presidenta Bachelet (aunque con matices, acotan en Palacio). A tal punto, que ad portas de la esperada y obligada renovación de gabinete -el 13 de diciembre tienen que estar fuera del Ejecutivo todos quienes quieran ser candidatos parlamentarios- volvieron a surgir las versiones de que se estarían acelerando las cosas y la tesis de evaluar la posibilidad de cambios en el área política, y no sólo el ajuste menor que hasta hace poco se preveía. ¿Razones? La pobre performance exhibida por el equipo durante esta semana, marcada por las "descoordinaciones" y por la falta de previsión para haber evitado que el conflicto ANEF escalara como lo hizo y terminara dando una imagen al borde del "desgobierno", como se lamentaba ayer en La Moneda, con casi todo el aparato público paralizado.
En los lapidarios análisis que se hacen, pocos se salvan. A estas alturas todo el mundo político cuestiona el camino seguido por el ministro de Hacienda, quien demoró semanas y semanas en entregar su primera respuesta a la demanda de un 14.5% pedido por la ANEF. Cuando al fin se bajó con un número, su oferta (5%), hecha a días de enviar el proyecto al Congreso, fue tomada por la contraparte como una provocación. Con ello, lo acusan de sólo haber logrado encender los ánimos para el paro que se inició este lunes. En el Comité Político reclaman que Velasco fue "intransigente" al extremo con «la» meta que se había puesto en esta negociación: "no quería llegar por ningún motivo a los dos dígitos, era lo único que le importaba". Además, reclaman con molestia, era la gran "piedra de toque" para el resto de los ministros que participaron en las tratativas: fue el "único interlocutor" válido, al que "realmente escuchaba" la Presidenta.
Pero al final, le enrostran sus compañeros de gabinete, debió terminar cediendo mucho más de lo presupuestado y entregar precisamente los dos dígitos, a lo que se suman los costos propios de la paralización, el costo político de la derrota en la Cámara ayer (donde sólo cuatro parlamentarios votaron a favor de la que entonces se presentaba como la "última" propuesta gubernamental, de 9.5%) y el enojo de buena parte del oficialismo con las autoridades.
En defensa de Velasco, sin embargo, se hace notar que la «muñeca» nunca ha sido su fuerte y que sus compañeros de gabinete lo dejaron "prácticamente solo" en esta batalla. El titular de la Segpres -y encargado natural de las tratativas con el Parlamento-, José Antonio Viera-Gallo, se pasó toda la semana en gira en Israel, y el ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, recién se vino a incorporar ayer a las negociaciones: estuvo en Ginebra, en las votaciones para reelegir a Juan Somavía al frente de la OIT. Su ausencia fue mal evaluada por los asesores de la Presidenta -y cayó "pésimo" a la propia Mandataria-, pues además del rol que necesariamente le cabe en estas materias a se cartera, él tenía una responsabilidad adicional: se le atribuye la polémica fórmula del reajuste escalonado, que se terminó convirtiendo en un boomerang, al rechazarla la ANEF y poner en alerta a sectores como los médicos y los fiscales del Ministerio Público.
Otro con una participación controvertida fue el ministro del Interior. Edmundo Pérez Yoma estuvo hasta el miércoles en el Parlamento intentando convencer a los honorables y apelando a la "lealtad" de éstos con Bachelet. Y aunque esta vez -según aseguran tanto en Interior como en la Segegob- actuó "mancomunadamenta" con el vocero de La Moneda, igual hubo descoordinaciones públicas entre ambos, como cuando Pérez Yoma anunciaba que no habría más propuestas, mientras a la misma hora Vidal convocaba a una reunión al Comité Político y a los jefes de las bancadas de la Concertación para modificar esa oferta y llegar a un rápido acuerdo. Tras sucesivas e infructuosas tratativas, Pérez Yoma optó el miércoles por regresar a la capital, donde se quedó ayer, en lugar de irse a seguir negociando en Valparaíso (aunque sus asesores afirman que realizó tratativas vía telefónica). El motivo, explican en su entorno, fue su extrema irritación con la actitud "rebelde e irresponsable" del PPD en su totalidad, tienda que llevó el pandero en la rebelión contra las propuestas del gobierno. Dicen que Pérez consideró que era una tienda "sin timón" y "sin lealtad hacia el gobierno", que contrastó con la actuación del timonel DC, Jorge Burgos, de cuadrarse con el gobierno.
Sin embargo, otro ministro afirma que Pérez actuó "como jefe de gabinete, notificando y amenazando a parlamentarios, pero sin cumplir un rol negociador" y cree que este esquema de equipo político "no da para más".
En cuanto al propio Vidal, se valora en La Moneda que haya sido el único ministro de Palacio en permanecer toda la semana apoyando a Velasco, pese a que las relaciones entre ambos son tirantes. De hecho, aseguran en su entorno que, mientras Velasco seguía firme contra los dos dígitos, el miércoles el vocero llamó a la Presidenta para advertirle -frente a la "inflexibilidad" que veía en su par de Hacienda- que "había que escuchar a los parlamentarios y ser flexibles. Y que la única solución era llegar a los dos dígitos". A la vez, sin embargo, se cuestiona su eficacia negociadora: su propio partido, el PPD, fue el más rebelde de las bancadas oficialistas durante toda la discusión.
¿Quién pesó más a la hora de decidir?
Ninguno de los anteriores, confidencian en Palacio. La "clave" fue una conversación que tuvo ayer la Presidenta Bachelet con el presidente de la CUT, Arturo Martínez, tras la cual llegó a la convicción de que la única salida eran los dos dígitos. De hecho, al cierre de esta edición la Presidenta evaluaba hacerle un gesto público a Martínez y agradecerle sus gestiones y cómo ellas ayudaron a poner fin al conflicto.
Pero aunque las apuestas en La Moneda apuntan a que los cambios se acelerarán, la Presidenta enfrenta no pocos problemas para concretarlos. Por ejemplo, varios ministros que antes de las municipales habían manifestado intenciones de postular al Congreso, ahora -y después de analizar los resultados- quieren quedarse en el gobierno. Es el caso de Carlos Maldonado, en Justicia. La semana pasada el jefe del PRSD, José Antonio Gómez conversó telefónicamente con la jefa de Estado a quien le habría pedido mantenerlo en su cargo y, por ende, en el comité político.
Otra dificultad tiene que ver con el head hunting: el comentario en la Concertación es que la Presidenta no tiene un gran elenco de profesionales dispuestos a incorporarse al gabinete cuando al gobierno sólo le queda su último (y difícil) año. Ello, al tiempo que no es clara la orientación que ella daría para el nuevo equipo. Una opción sería la de fijar como prioridad enfrentar adecuadamente la crisis económica, contener las presiones sociales (tarea que se demostró esta semana muy difícil) y terminar de buena forma el período. Otra opción es jugarse por un gabinete de "guerra y de choque", destinado a frenar al abanderado presidencial de la Alianza, Sebastián Piñera.
Un último análisis que hacen algunos en Palacio, sin embargo, relativiza la importancia del tema. Según apuestan, cualquier cambio será cosmético, porque el estilo de toma de decisiones de Bachelet es "bilateral" y no de equipo. En buenas cuentas, se dice, los temas trascendentes los resuelven con sus cercanos de mayor confianza y luego encarga la ejecución al ministro respectivo, por lo que los secretarios de Estado pueden cumplir sus tareas sin necesariamente tener que coordinarse. Producto de ello, acotan, el comité político ha ido perdiendo relevancia, al punto que las habituales reuniones de éste con los presidentes de los partidos oficialistas son cada vez más cortas, en la medida que se percibe que allí no está el centro del poder.
El gran problema -advierten otros, sin embargo- es que precisamente ese esquema es el que "esta semana hizo crisis".
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