Arturo Alejandro Muñoz

Y dispuestos al ‘aprecué’ si la cosa empeora, ya que el ‘divino’ sistema se desploma y los ladronzuelos a cargo de la Economía se aprestan para culpar a Medvedev, Chávez, los árabes y los chinos de la debacle. ¿Quién pagará la farra de estupideces cometidas en estos treinta años? ¿Quién asumirá la responsabilidad?

LAS VIEJAS CAHUINERAS de estas zonas campesinas aseguran que es muy malo reírse de la desgracia ajena, pero no puedo evitarlo y me he solazado leyendo las informaciones que acreditan la presencia de una crisis económica creciente tan, pero tan severa que bien podría poner de bruces al mentado divino neoliberalismo.

Reconozco haber brindado, al interior de una criolla ramada junto a mis amigos, con una caña de chicha por el desplome de las Bolsas en los países hiper desarrollados, potencias económicas y bélicas que nos arrastraron al sistema neoliberal. Así como destiné otra caña para ‘saludar’ la sarta de errores y traiciones cometidas por nuestros pusilánimes gobernantes que han hecho lo imposible por mantener a los chilenos aherrojados a un sistema cruel, clasista y expoliador que ahora, cual tragedia bíblica, comienza a temblequear.

Es que mal que se avisa no constituye pecado, y durante largos años nuestros gobernantes, políticos y empresarios recibieron notificaciones de una inevitable caída bursátil, financiera e industrial si los ‘sabiondos’ ministros de Hacienda del duopolio binominal no cambiaban de dólares a euros los depósitos que Chile tenía en el extranjero. No lo hicieron. Por eso se les acusó, hasta la majadería, de coadyuvar con el gobierno de George Bush en el financiamiento de las guerras petrolíferas, así como haber convertido a nuestro país en codeudor de la impresionante deuda interna norteamericana, la que tarde o temprano iba a explosionar.

Mientras George Bush lucha con desesperación por salir de la crisis y ‘nacionaliza’ algunas instituciones financieras, amén de solicitar autorización al Congreso yanqui para inyectar setecientos mil millones de dólares al mercado gringo, ¿cuál es la respuesta de los poderosos administradores chilenos? Incentivar el sistema neoliberal, profundizándolo a grados de salvajismo social. La palabra ‘privatización’ se constituye en panacea política para todos los guarapos del renacido progresismo mercantil.

Al fracasado ‘chorreo’ debía seguirle la ‘globalización’ de nuestra economía, lo que en palabras simples significaba entregar los recursos del país a empresas transnacionales sin exigirles pagos de impuestos, royalties, cuidados del medio ambiente, protección al trabajador ni gabelas similares.

Con ello, jamás se dotó a nuestro incipiente parque industrial de capacidades para agregar valor a los productos exportables. Sólo ha interesado explotar y depredar, comerciar y amasar fortunas en pocas manos, con el gravísimo expediente de entregar el país a las voraces fauces de empresas transnacionales que son, en rigor, las mismas que hoy chillan de espanto ante el desastre.

Para los últimos cinco gobiernos (desde Pinochet a Bachelet), la idea del ‘bienestar nacional’ fue considerada como una extemporaneidad propia del siglo diecinueve, imposible de ser tomada en cuenta en este nuevo Chile que profetizaba –según las mentes brillantes que nos han manoseado desde 1973- convertirse en un país completamente desarrollado. Pero, si entendemos por ‘desarrollo’ un crecimiento armonioso que alcance a todos los estamentos de la sociedad –sea mediante la igualdad de oportunidades tanto como a través de una justa redistribución del ingreso-, ello no se ha logrado y por el contrario está muy lejos de concretarse.

¿Pero, no era el neoliberalismo la ‘única’ solución para enfrentar los problemas socioeconómicos de nuestro país? ¿No se nos dijo, hasta el cansancio, que solamente la empresa privada y un Estado enano podían llevarnos a las alturas del verdadero desarrollo? Ante crisis como la actual, Chile debería agradecer oficialmente al fallecido Presidente Salvador Allende por haber nacionalizado, en 1971, los minerales de cobre, ya que gracias a ello contamos aún con importantes reservas merced a que CODELCO entrega a las arcas fiscales una suma superior a los US$32.000 millones de dólares, mientras las empresas transnacionales que se han agenciado el 70% del cobre chileno a través del entreguismo de los amermelados ministros y presidentes de estas últimas tres décadas, sólo reportaron al Fisco US$14.000 millones de dólares.

El ‘cara pétrea’ Andrés Velasco, ministro de Hacienda que representa en Chile los intereses norteamericanos, ha guardado sospechoso silencio respecto de informar dónde diablos están colocadas las platas chilenas en el exterior. En instituciones financieras estadounidenses, de ello hay pocas dudas. ¿En algunas de las que ahora tambalean con estrépito? Los mercachifles oficiales siguen defendiendo con dientes y muelas a sus patrones, escondiendo la verdad y lanzando fuegos de artificio para que ella no sea descubierta. Durante dos o más decenios, con voces engoladas que imitaban a la de sus amos, dijeron al país que “ninguna crisis económica pondría en riesgo la tranquilidad financiera de Chile”. Hoy, contradiciendo lo anterior, esa tranquilidad se difumina insanablemente y los contrafuertes del sistema neoliberal, al igual que los muros de Jericó, se derrumban a los primeros trompetazos.

La factura de cobro comienza a circular por las oficinas de los ‘grandiosos’ economistas del Banco Central, de los ministerios, de las organizaciones gremiales patronales y de Casa Piedra. Los fondos de pensiones –quizá el mayor volumen de dinero fresco existente en el país- han experimentado una caída cercana al 20% (según cifras oficiales que, como bien sabemos, nunca son confiables del todo), y el derrumbe amenaza continuar.

Millones de chilenos fueron y siguen siendo obligados a depositar sus platas en las Administradoras de Fondos de Pensiones privadas…esos cotizantes no tienen alternativas según la legislación actual ya que el Estado, los partidos políticos de los dos conglomerados que forman el duopolio, la prensa oficial y los mandantes económicos así lo dispusieron. Los imponentes están bajo la obligación legal de regalar sus dineros para que los tiburones jueguen con ellos al ‘Metrópolis’ y engorden sus propias cuentas bancarias en el exterior.

Del mismo modo se trató a la pequeña industria, a la empresa familiar y artesanal (que son las que en realidad ofrecen mayor volumen de trabajo remunerado en el país), privilegiando y defendiendo a la ‘gran empresa’ que se encuentra en manos de consorcios extranjeros cuyos lugares de origen son los mismos que hoy sufren síndromes vertiginosos de pésimo pronóstico.

Esta vez, el pueblo llamado ‘Moya’ difícilmente podrá ir en socorro de los agiotistas ya que durante décadas ha carecido de capacidad de ahorro, pues las pirañas de las finanzas y de los poderes del Estado le negaron una y otra vez la posibilidad de estrechar la enorme brecha económica que coloca a Chile entre las 10 naciones con peor distribución del ingreso en el planeta (datos de la Organización Mundial de Comercio, dependiente de la ONU)

Por el contrario, lo que podría suceder si la crisis se incrementa -y resulta casi obvio que así ocurra- es que muchos usuarios y clientes de bancos, financieras y mega tiendas caigan en cesación de pagos mensuales de sus créditos y préstamos, dejando sobre la frágil pitilla –y es un ejemplo de la globalidad- a las entidades dedicadas a construcciones inmobiliarias, incluyendo por cierto al mismo SERVIU.

Puesta en la disyuntiva de elegir entre dos alternativas insoslayables, comer o pagar deudas, la gente obviamente optará por la primera de ellas. Y la culpa o responsabilidad será de otros.