Arturo Alejandro Muñoz

La nominación de Alfredo Pfeiffer como nuevo miembro de la Corte Suprema, desnuda el verdadero rostro de la traición a los principios y valores que la Presidenta dice tener.

Por mucho que uno haga esfuerzos por comprender objetivamente la política que Michelle Bachelet tiene respecto de asuntos relevantes, se desestiba cualquier intento de opinión en su favor cuando hay informaciones oficiales que contradicen los tibios esfuerzos de la Presidenta por convencer a la gente que ella es ‘democrática, justa y racional’.

Michelle Bachelet propuso al Senado que ratificase como nuevo ministro de la Corte Suprema al juez Alfredo Pfeiffer Richter, famoso por relativizar y negar el holocausto del pueblo judío, amén de haber sido uno de los más tenaces defensores de la ley de amnistía para los violadores de derechos humanos y, además, principal defensor de Augusto Pinochet en todas y cada una de las causas en que ese magistrado participó en la Corte de Apelaciones.

Adversario declarado de los fallos favorables a la defensa de los derechos humanos, el seguro nuevo miembro de la Corte Suprema tiene historia familiar bastante cuestionable, ya que es hermano del fallecido nazi Franz Pfeiffer Richter, quien fuera 'comandante nacional' del Partido Nacional Socialista Obrero (PNSO), única colectividad con existencia legal -entre 1962 y 1969, en Chile- que reivindicó el uso de la swástica, la figura de Adolf Hitler y, en general, las concepciones ideológicas del nacionalsocialismo alemán.

El hermano del ministro Pfeiffer falleció en 1997. A pesar de que actualmente es casi un desconocido, ejerció una enorme influencia en Alexis López y Eugenio Lutz, quienes encabezaron los dos principales grupos que en nuestro país se identifican con el nacionalsocialismo: Patria Nueva Sociedad (PNS) y el Movimiento Nazi de Chile (MNCH).

La carrera política de Franz Pfeiffer Richter comenzó en 1954, en el Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (MRNS), grupo creado cinco años antes por un colectivo de admiradores del falangismo español, única experiencia fascista que se mantenía en pie luego que el Tercer Reich y la República Social Italiana fueron derrotados en la II Guerra Mundial.

Digamos además que los Pfeiffer Richter son parientes de la familia Matthei, dos de cuyos miembros resultan ampliamente conocidos por la sociedad chilena: Fernando Matthei, quien fuera miembro de la Junta Militar golpista encabezada por Pinochet, y Evelyn Matthei, hija del anterior, actualmente senadora del Partido UDI.

A su vez, el actual ministro de Corte, Alfredo Pfeiffer, ha votado consistentemente por amnistiar las investigaciones de derechos humanos, y en los medios universitarios donde ha ejercido docencia se le recuerda por sus cuestionamientos al holocausto judío, del que duda en cuanto a su real ocurrencia. Obviamente, más de ‘algo’ le heredó en lo ideológico su fallecido hermano, e indefectiblemente debió participar también de las concepciones dictatoriales y golpistas de sus otros familiares, los Matthei.

Imposible resulta olvidar una frase del magistrado Pfeiffer a la salida de Tribunales, hace ya algunos años. Acosado por la prensa, el juez declaró a viva voz: ‘el asunto de los derechos humanos me tiene chato’. Y claro, ¿cómo no iba a estar hasta más arriba de la coronilla con el lógico acoso de la prensa si él, públicamente, se manifestó siempre a favor de la impunidad en crímenes de lesa humanidad?

Tiempo después, reafirmando la solidez de su pensamiento totalitario, votó a favor de la anulación de los procesos por evasión tributaria contra Lucía Hiriart y Lucía Pinochet, esposa e hija del fallecido dictador. Asimismo, apoyó la aplicación de la amnistía para implicados en crímenes cometidos durante el régimen militar.

Recordemos (siempre es sano hacerlo) que en Chile hubo más de 3.000 personas ejecutadas y/o desaparecidas durante la dictadura pinochetista (1973-1990), período en que otras 50.000 fueron torturadas. Hoy, unos 600 represores están condenados o procesados, a pesar de la acción en contrario efectuada por autoridades como el señalado Pfeiffer.

Por eso, mucho extraña que la Presidenta Bachelet lo haya seleccionado del grupo de cinco postulantes que incluía a varios jueces connotados por su lucha a favor de los derechos humanos. Más incomprensible es ello si se toma en consideración que nuestra Mandataria es hija, precisamente, de un honesto militar torturado y asesinado por la misma dictadura que Alfredo Pfeiffer defiende a brazo partido.

Olvidar el pasado –monserga archi utilizada por la derecha chilena- no significa renegar de él, ni menos aún traicionarlo. ¿Qué sentirá un ser humano normal al reflexionar, a solas y sin presiones, respecto de humillar la memoria de un ser querido?

La decisión de Bachelet, cada vez con menos apoyo en las encuestas, fue confirmada por el ministro de Justicia, Carlos Maldonado, miembro del Partido Radical Socialdemócrata. Senadores oficialistas advirtieron hace un mes a Bachelet que su nominación sería rechazada por su sector, que hoy está en minoría en la Cámara Alta, dominada por la oposición pro-Pinochet.

Agrupaciones de derechos humanos también pidieron al gobierno que no postulara a Pfeiffer al máximo tribunal del país. "Hicimos todas las gestiones posibles", reveló Mireya García, vocera de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. "Sí, es preocupante y vergonzoso que el gobierno apoye a alguien que siempre ha denegado la justicia en casos de derechos humanos", insistió, decepcionada, la dirigente.

No obstante las críticas, el ministro de Justicia, Carlos Maldonado, dijo que el Senado deberá zanjar la polémica, y agregó: "Esperamos que (la propuesta de Bachelet) tenga todo el apoyo". El titular de Justicia ni siquiera se sonrojó al manifestar el deseo de un Poder Ejecutivo que ha utilizado la ilógica operatividad del sistema binominal en estos asuntos, ya que un día nomina a un representante de ‘allá’, y días después, para otro cargo similar, designa a uno de ‘acullá’, tratando de quedar bien con Dios, el diablo y los fenicios.

Poco interesa que el Senado apruebe o rechace la propuesta presidencial, pues lo que en verdad debe importar en este caso es que Michelle Bachelet, mujer, socialista, médico, Presidente de la República, hija de un torturado y asesinado, borró de una plumada todo lo que ha venido pontificando desde la campaña presidencial, mostrando a faz desnuda sus verdaderas concepciones respecto de lo que ella piensa es una ‘democracia moderna’.

Tan ‘moderna’ que finalmente optó por basurear los derechos humanos entregándole a sus verdaderos mandantes –los derechistas ultramontanos de calle Suecia, de Casa Piedra y del Club de Oficiales en retiro- una carta favorable a los intereses clasistas que poseen quienes siempre han apostado, pese a ser absoluta minoría, por constituir gobiernos belicosamente fuertes y popularmente antidemocráticos.

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