Rodrigo De Los Reyes Recabarren


Dicen que fue reina de belleza y deslumbraba en los salones de la rancia socialité viñamarina. Engalanó portadas de “Ecran”, “Vea”, “Paris Toilette” y de cuánta revista farandulera circulaba en la ciudad jardín. Hoy, no son sus curvas las que hacen noticia, sino que se cuestiona su conocimiento de la tabla del 11 y su habilidad para despacharse en un semestre los ramos y materias que debería haber cursado en el periodo que comprende 3º básico a 4º medio.

Se ha originado una vez más una escandalera, que viene a enterrar los temas de fondo que debieran estar resolviendo aquellos que la historia, para bien o para mal, ha situado en posiciones de decisión. El tema en cuestión es el requisito para ser elegido Alcalde. Junto a los que el ciudadano común sospecha que deben ser exigidos: capacidad, inteligencia, honradez, creatividad, compromiso. Existe otro, que muchos lo elevan a la esencia misma del “ser” que debe acompañar a un Alcalde. Una especie de ADN edilicio. Tener aprobado 4tº medio. Es así que varios alcaldes que se re- postulan y otros cuántos candidatos que pretenden participar en la justa electoral de Octubre, andan presurosos –casi angustiados- buscando como obtener el preciado “cartón”, que en una sociedad capitalista sirve menos que un refrigerador en el ártico.

Se pone en discusión la obviedad. Que las autoridades edilicias deben tener determinadas competencias laborales y se enredan en que esas competencias se acreditan con el famoso certificado de 4º medio. Sin embargo, lo que debería enojar es por qué en el Chile del “crecer con igualdad” no sólo unos cuantos políticos, sino que cientos de chilenos y chilenas no tienen sus estudios básicos y medios completos. Esa situación habla de pobreza, marginalidad, subdesarrollo. En otras palabras ausencia de justicia social. Lo cierto es que han existido alcaldes con títulos y pergaminos y han realizado una pésima gestión. Y otros que elevados desde los humildes barrios a los olimpos municipales se han lucido. Todo esto es secundario.

Lo que deberíamos estar discutiendo es ¿Por qué en nuestro país –con grandes utilidades por el precio del cobre y grandes utilidades para la banca privada- aún tenemos analfabetismo? ¿Por qué existen dudas respecto de un certificado de egreso de la enseñanza media pueda acreditar competencias laborales? Preguntas que no tienen nada de novedoso pero que no debemos renunciar a enrostrarles a aquellos que defienden un modelo económico que cada día infringe ofensas y heridas al pueblo chileno. Un modelo que favorece la deserción escolar perpetuando la pobreza. El temita de los requisitos para ser Alcalde no debe ser una cortina de humo para esconder el verdadero debate. Aprovechemos la oportunidad para no renunciar a señalar que nuestra educación cada día es más clasista y mediocre, que la LGE no fortalece la educación pública, que la clase política busca su reproducción con amplio repertorio de triquiñuelas, desprestigiando en las nuevas generaciones un compromiso -que debe ser permanente- con la cosa pública.

Si la otrora ex reina de belleza y actual alcaldesa de Viña del Mar, doña Virginia Reginatto Bozzo, hizo la hazaña de cursar en 8 horas las materias de tercero básico a cuarto medio, es un tema menor de la causa. Un dato más en el historial de privilegios de la derecha, que hoy también salpica a los elegidos de la familia concertacionista (becas de estudio, cargos vitalicios, cupos parlamentarios, Directorios de Empresas estatales, nombramientos en el aparato del Estado, etc.) El debate debe instalarse acerca de la espuria institucionalidad que nos rige, el desigual acceso a la educación, las tareas que tiene pendiente el Estado democrático, la necesidad de una Asamblea Constituyente para democratizar nuestra Constitución Política. Si no somos capaces de enfrentar y salir airosos de estos desafíos, con cuarto o sin cuarto medio, vamos a reprobar ante la historia.

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