Hernán Montecinos
Muchas vestiduras se han rasgado a propósito de un jarro de agua arrojada a la cara de
De estos últimos, he leído numerosos artículos que, desde la ciencia social, buscan encontrar raíces explicativas al hecho en cuestión. Entre otros, la psicología y la sociología han servido como base a reflexiones que van tras el trasfondo que motivó a esta niña a dar un jarrazo, no tan sólo a la cara de
Yo, por mi parte, pretendo aportar en esta nota algunos puntos de vista desde el campo de la filosofía, con elementos que, a mi entender, se encuentran implícitos y explícitos en el trasfondo de la cuestión. Pienso, que la vasta mirada que permite la filosofía en el análisis de los problemas humanos, pueden permitirnos mejor comprender todo el contexto involucrado en tan comentado asunto.
Desde esta óptica acudo, primero que nada, al filósofo Nietzsche, quien nos dejó de legado una potente imagen de lo que somos y como reaccionamos, en su libro, “Humano demasiado humano”. Un título cuya frase se hace carne cuando queremos entrar a explicar determinadas reacciones humanas que aparecen, a primera vista, incomprensibles desde el punto de vista de la pura lógica y la razón.
Ahora, si esa reacción proviene de una niña de 14 años, y más encima resulta ser una estudiante que estudia en Chile, y le lanza un jarro de agua a la cara de
El jarro de agua lanzado a la cara de
En una relación más criolla, esta expresión de Nietzsche entronca con aquel dicho popular de que no siempre para todas las circunstancias tenemos “sangre de horchata”. Según el diccionario de
No olvidemos también, que aquella otra cumbre del pensamiento intelectual, Carlos Marx, -pensamiento racional por excelencia-, dejó bien sentado que el hombre piensa, vive y actúa según las circunstancias que rodean su entorno más inmediato. Y aunque Marx, fundamentalmente, se refirió a las circunstancias materiales, no le restó menos importancia a las otras categorías súper estructurales que entran a incidir también, de uno u otro modo, sobre las personas para actuar o reaccionar de tal o cual forma.
Tenemos entonces que por vías filosóficas distintas, una racional y otra acerba crítica de la misma, llegan a explicar las profundas razones del por qué en la interioridad de cada ser humano se motivan impulsos para reaccionar de tal o cual forma. Esto es lo que ha pasado con la acción de esa encantadora niña de tan sólo catorce años, que con su carita entre sonriente y traviesa, logró con un simple jarro de agua romper la virginidad de la autoridad pública y con ello de toda la institucionalidad chilena.
Ni el mejor de los ensayos ni el mejor discurso del más reputado intelectual, ha podido conmover tanto la conciencia nacional como el jarrazo de la susodicha niña, la que se ha convertido, sin pretenderlo, en una especie de símbolo de la lucha de los estudiantes en contra de la autoridad, en su pretensión de instituir el lucro como soporte de la educación chilena. Sin duda, el hecho en sí, ha impactado tremendamente a la opinión pública, arrastrando consigo una carga sociológica y emocional del todo evidente, de la que ningún ente, ya sea oficial o del mundo del movimiento social y ciudadano han podido quedar ausentes.
De otra parte, Carlos Marx nos decía que si la sociedad en que vivimos fuera transparente no habría necesidad de la ciencia social. En efecto la realidad que se sucede en la vida social siempre se nos ha presentado compleja y confusa. Eso hace que para un mismo hecho no haya una apreciación unánime, de cómo ello aconteció. Menos aún se muestran coincidencias para representar las consecuencias que se derivarían a partir de aquello. Esto es exactamente lo que ha sucedido con el incidente protagonizado por esta singular niña que lleva por nombre “Música”.
Si hasta el cine ha abordado el problema en cuestión. Un claro ejemplo lo es, la película de Akiro Kurosawa, “Rashomon”. Un clásico del cine japonés que nos remite al viejo problema filosófico que se suscita a partir de las distintas reacciones humanas frente a un mismo hecho. En su trama, un hombre muere violentamente en el bosque tras la violación de su esposa a manos de un delincuente. Cuatro personas son testigos de la violación y posterior asesinato, sin embargo en sus testimonios judiciales se contradijeron del como se sucedió el hecho. ¿Qué es lo que sucedió realmente?... ¿Por qué un mismo hecho es visto de distinta manera?, Es la pregunta que queda flotando en la película.
Ahora bien, sobre el hecho mismo hay que decir, que no es que “Música”, haya ido preparada con un jarro de agua bajo el brazo al encuentro con
De otra parte, no precisamente un filósofo, sino un jurista de la época, Étienne de
¿Por qué los individuos gustosamente consienten su propia esclavitud?, se pegunta este jurista. Para él, la obediencia colectiva de la sociedad se origina en “un vicio para el cual ningún termino puede ser hallado lo suficientemente ruin, de cuya naturaleza en sí misma se reniega y al que nuestras lenguas se rehúsan a mencionar.”
A cada hombre le es dada su propia capacidad de razonar, y la virtud radica en cultivar su propia independencia innata. Entonces, ¿qué maligno designio ha desnaturalizado tanto al hombre que él, la única criatura realmente nacida para ser libre, carece de la memoria de su condición original y del deseo de retornar a ella?... He ahí el meollo del asunto, el fondo de la cuestión, a que hace referencia
Después de todo, -sigue Boétie-, el que gobierna tiránicamente sobre ustedes, posee solamente dos ojos, solamente dos manos, solamente un cuerpo...; en verdad no posee nada más que el poder que ustedes le confieren para destruirlos. ¿Dónde ha adquirido él ojos suficientes como para espiarlos, si ustedes no se los proveen por sí mismos? ¿Cómo puede tener él tantos brazos con los cuales golpearlos, si no los toma prestados de ustedes?
Boétie va más lejos aún, al definir el concepto de tirano. Si un hombre gobierna justamente es legítimo; si lo hacía de mala manera, es un tirano. Esta era la máxima que
Es increíble, -sigue el mismo Boétie-, cuan pronto el pueblo se vuelve súbdito, como de forma tan súbita cae en un descuido tan completo de su libertad que la misma, difícilmente, pueda ser reavivada al punto de volverla a obtener, obedeciendo tan fácil y tan voluntariamente que uno es llevado a afirmar, al percibir dicha situación, que este pueblo en verdad no ha perdido su libertad sino que se ha ganado su esclavitud.
A decir verdad, en forma comparativa, y guardando las proporciones, Boétie pareciera estarse refiriendo al estado de situación que estamos viviendo hoy en nuestro país, y que observamos también como realidad en otros países. En eso radica la importancia de su escrito, valga la redundancia: su actualidad.
Después de que la mayoría se hubiese acostumbrado a la obediencia automática, -sigue en su escrito
El tirano reforzaba esta imagen de perpetuidad mediante un proceso de mistificación: es decir, procuraba aparecer como algo más grande de lo que un mero ser humano es. Así, el gobernante alineado con la religión, juraba hacer respetar la ley de la tierra, recurrir a la autoridad de una constitución o de un documento fundacional, etcétera. Presidía sobre las exhibiciones de pompa, vestía a sus agentes en uniformes, construía monumentos, participaba en rituales del cargo, y alojaba a las autoridades de sus tribunales y de otras instituciones en costosos e impresionantes edificios.
Este era un segundo motivo que explica porqué los individuos le rendían obediencia automática. Una prensa regulada y un sistema escolar los había convencido de que la autoridad del gobernante era legitima. La mistificación de su poder los llevaba un paso más adelante: se volvían atemorizados por él y lo veían como algo más que un mero ser humano, no tan falible como ellos mismos.
¿Y los individuos que no podían ser atemorizados?...Según
Al respecto,
Este soborno directo empalidecía en significación, ” Este era el soborno institucionalizado mediante el cual millones de personas eran empleadas en puestos públicos y recibían fondos financiados con impuestos a fin de poder pagar sus cuentas”. Estos empleados estatales “se aferraban al tirano” y le ofrecían su lealtad. Algunos empleados estatales, tales como los oficiales de policía, se convertían en las manos del estado, alcanzando a toda la sociedad para implementar leyes y políticas. Los intelectuales apoyados mediante los impuestos, tales como los profesores universitarios y los beneficiarios de becas gubernamentales, se volvían la voz del estado, defendiendo su legitimidad. Aún otros, desempeñándose como oficinistas o agentes menores, hacían que la maquinaria diaria del estado rechinase.
Durante generaciones, una vasta nueva clase de individuos emergía dentro de la sociedad: individuos que servían al estado a cambio de un salario financiado con impuestos. Estos empleados estatales voluntariamente destruían su propia libertad y la de sus vecinos. Y lo hacían sin pensarlo debido a que la fuerza de la costumbre los llevaba a creer que las cosas siempre habían sido de esta manera y que siempre lo serían.
La solución de
“El Discurse” de
Teniendo a la vista las recomendaciones de
Han sido muchas los engaños y artimañas de las autoridades, medios de comunicación, y la clase política chilena, para que los estudiantes chilenos se queden de brazos cruzados tragándose el cuento de que el lucro en la educación es algo beneficioso que no hay que mover, y como corolario, que la administración de la educación por parte de las municipalidades tiene que seguir igual suerte.
Han visto como las autoridades se las han arreglado para convencernos de que Chile es un “estado de derecho”, que hay que respetar. Pero lo que no se dice, es que amparados en ese estado de derecho el pueblo ha sido violentado y reprimido una y mil veces. En nombre de ese estado de derecho se han llevado a cabo las masacres en “
El dramaturgo Juan Radrigán, en “Memorial de los marginados”, refiriéndose a los discurso de políticos y autoridades que van en esa dirección (respeto del estado de derecho) ha dicho: “siempre están con la cantinela aquella del respeto al orden institucional y al sacrosanto estado de derecho”… “Su último portentoso descubrimiento es que debemos orientar nuestros esfuerzos hacia logros de una participación en el orden institucional. Como si no lleváramos toda la edad que tiene el mundo demostrando que es precisamente ese “orden institucional” el que oficia de verdugo contra nosotros”.
Afortunadamente hoy, los estudiantes chilenos están empezando a ver bien claro, la tremenda verdad y naturaleza que hay dentro de todos estos conceptos.



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