Andrés Figueroa Cornejo
La caída del dólar (pese a la inyección absolutamente insuficiente del Banco Central), el alza del petróleo, la crisis energética, el aumento inflacionario, el alza de los alimentos a nivel mundial, la recesión norteamericana y la desaceleración económica de los llamados “países emergentes” (China, India), en conjunto y de manera interdependiente, resultan variables que impactan dramáticamente en la plataforma económica que sustenta la arquitectura del modelo chileno, dañando sustantivamente las condiciones de existencia de los trabajadores y el pueblo.
Según cifras oficiales –que muy bien pueden ponerse en duda viniendo de interesados organismos estatales-, a la fecha y comparativamente al mismo trimestre del año anterior, la cesantía en el país ha aumentado un 1 %. Mientras el Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, hace gárgaras teatrales para intentar imponer un discurso de tranquilidad para los inversionistas extranjeros y los bolsillos nacionales, lo cierto es que el costo de la vida ha crecido más de un 8 %, número que provoca su altura en virtud del aumento del precio de los alimentos esenciales y servicios básicos. Es decir, lo que sube son las mercancías estratégicas, y lo que baja son las zapatillas chinas para después del baño.
Más allá del superávit multimillonario -cuyas migajas el gobierno ha convertido en un bono miseria por una vez para “paliar las alzas” ($ 20 mil pesos, menos de 45 dólares) para el 40 % más pobre de la sociedad- y que, en realidad corresponde al ahorro o aval necesario ante una eventual debacle del empresariado (un Estado burgués siempre subordinará sus dinámicas económicas a los intereses y perpetuación de las clases dominantes), las desigualdades en el plano de los ingresos campea de manera estructural; construye las condiciones de una nueva crisis social; y apura la reorganización de los trabajadores y el pueblo.
Parte de las reacciones del gobierno concertacionista para enfrentar la desaceleración económica chilena, están asociadas a controlar la inflación mediante la refrigeración de los salarios. El capital, por su parte, como es histórico en estos casos, destruye trabajo. Sólo como un vistazo a los ejemplos más bullados, está el despido de 1600 trabajadores de
El 7 de abril, 520 trabajadores de Cerámicas Cordillera, legendaria productora de esos artículos, fueron notificados del cierre de la planta de producción donde laboraban. Cerámicas Cordillera nació en 1984, como una empresa destinada a la producción para el mercado interno de cerámicas de calidad. Es parte del Grupo Pizarreño, formado por Cerámicas Cordillera, Ladrillos Princesa, Duratex, Romeral, Etersol, Fibrocemento Pudahuel, Tejas Chenas y Aislantes Nacionales. El Grupo Pizarreño es un costado de la transnacional ETTEX de origen belga, y en Latinoamérica tiene presencia, además de en Chile, en Perú, Colombia, Brasil y Argentina. Pero Cerámicas Cordilleras no cierra como empresa, sólo que ahora se dedicará exclusivamente a la comercialización de cerámicos para el mercado nacional. Los trabajadores de la empresa han señalado que “la contradicción es entre capital transnacional y los trabajadores chilenos, pero esto no es mejor ni distinto cuando se trata de capitales nacionales.” Aquí, la búsqueda patronal de mano de obra y mercancías más baratas vinculadas a la producción cerámica y la mantención de las tasas de ganancia, funciona como ley de hierro del capitalismo contra los trabajadores.
Asimismo, recientemente fueron despedidos 300 trabajadores de la tienda comercial Casa Ideas, mientras la industria forestal es fuertemente golpeada por la baja de demanda norteamericana de productos madereros para la construcción, lo que ha provocado cierre de aserraderos y reducción productiva, y, por tanto, de empleo. El 2007, el producto redujo sus envíos a USA en un 40 %, pasando de 320 millones de dólares en
Para efectos de este artículo, sólo vale mencionar la debacle de la producción nacional ligada al calzado y el textil, debido a las importaciones asiáticas a muy bajo precio. Lo que China compra de cobre chileno, engordando la cuenta fiscal ante eventuales crisis burguesas, por otro lado, lo cobra con creces a través de sus importaciones destructoras de trabajo chileno. No es extraño, entonces, que más del 70 % de los asalariados del país se desempeñen en áreas de servicio. En Chile, todo el mundo vende algo, pero muy pocos producen algo.
En resumen, la crisis de dimensiones insospechadas del capital mundializado impacta a diario de manera negativa frente al salario, la estabilidad laboral, e implacablemente en el empleo. Y todo lo que haga el gobierno –cuyo contenido político económico es similar al de la derecha histórica- tendrá el efecto de una aspirina de niños para enfrentar un cáncer maligno.
La crisis de
A lo largo de su historia, el Partido Socialista ha sido una organización de tendencias y tensiones internas, debido, entre otras causas, a su raíz pequeño burguesa, independientemente de su alta penetración en el campo popular.
Luego de casi 20 años de gobiernos concertacionistas, un segmento claramente minoritario a nivel copular del Partido Socialista, cree estar en medio de las condiciones necesarias para promover un viraje hacia la izquierda y por arriba de una de las piezas de
Naturalmente, el MAS perderá en las elecciones internas del PS. La descomposición política en relación a las fuentes inspiradoras del PS de Salvador Allende, es estratégica y sin retorno. Comenzó en los 80, en plena lucha contra la dictadura y digitada por el extinto eurocomunismo, y menos variará ante la hegemonía abrumadora en el sistema político –y, por cierto en el PS- en torno a la reificación del capitalismo como único modelo de sociedad posible.
La localización, visibilización y organización de una corriente auténticamente progresista al interior de uno de los partidos de
Todavía es muy temprano para prever los alcances y potencias del MAS. Por lo pronto, lo importante es que colabore y no obstruya el proceso de recomposición de la organización de los trabajadores y el pueblo con independencia política de clase y horizontes auténticamente socialistas. Y es de esperar, que no intente, por arriba, lograr dividendos políticos ante el descontento popular. Ello comportaría una nueva variante demagógica, que sólo alimentaría la confusión de los de abajo. Más bien correspondería que la tendencia de Alejandro Navarro se pusiera al servicio de los intereses populares. Que dejara de mirar un momento a una Moneda hoy inaccesible, aclarara más su proyecto y denunciara, de cara a las mayorías, la corrupción, la capitulación, la descomposición política y ética que gangrena buena parte de los que gobiernan el actual Partido Socialista. Así y sólo así, los de abajo podrían observar al MAS como una propuesta seria y con grados de consecuencia auténticos.
Miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo
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