Marta Harnecker
Ediciones Akal publicará el próximo mes de noviembre la traducción española del libro de Michael Lebowitz- Este libro fue galardonado con el Premio Deutcher al mejor trabajo creador sobre marxismo en lengua anglosajona
Ha pasado más de un siglo y medio desde que Marx anunciara la hora final del capitalismo, la hora en que los expropiadores serían expropiados. La revolución socialista en Rusia seguida del advenimiento del socialismo en varios de los países de Europa del Este, más tarde en Asia (China, Corea, Vietnam) y luego en Cuba, sumado al auge de los movimientos de liberación nacional en África, donde se levantaron gobiernos que se integraron al llamado “campo socialista,” eran todos hechos que parecían estarle dando la razón.
A finales de ese mismo siglo, sin embargo, la situación se tornó radicalmente diferente. Es derrotado el socialismo en Europa del Este y
Es en ese momento cuando, en medio de un gran escepticismo académico y político, Michael Lebowitz escribe su primera versión de este libro. Reivindicar a Marx era entonces ir en contra de la corriente intelectual claramente dominante.
Once años después, en el momento en que el autor da a luz una segunda versión1 de “Más allá de El capital” —una versión notablemente revisada, ampliada y enriquecida— la situación del mundo ha cambiado enormemente. El capitalismo realmente existente en su forma neoliberal ha sido incapaz de resolver los grandes problemas de la humanidad: aumenta desgarradoramente la pobreza; la destrucción de la naturaleza continúa su avance devastador; la prepotencia imperial se impone a costa de miles de vidas inocentes. Crece el repudio en sectores cada vez más amplios de la población mundial. Ha comenzado a revertirse la situación. Pero, como decía Marx y el autor lo recuerda en su libro: los que se oponen al capital pueden ser muy numerosos, pero sólo pueden triunfar “si están unidos por la organización y guiados por el saber.” (Marx (1864: 12)
Este libro es una importante contribución a ese saber cuyas piedras angulares colocó Marx al enfocar por primera vez en forma científica el desarrollo de la sociedad y su cambio, y detenerse especialmente en el estudio del modo de producción capitalista.
Michael Lebowitz titula su libro “Mas allá de El capital”. Pero ¿qué significa ir más allá de la obra cumbre de Karl Marx?
En primer lugar, significa que hay un más acá que se toma como punto de partida. El autor valora muy positivamente el aporte de Marx: no hay otro pensador que haya sido capaz de desentrañar la lógica del capital con el mismo rigor científico. Y al desmistificarla y develarla proporcionó a la clase obrera el instrumento teórico de su liberación.
En segundo lugar, significa un ir más allá de los conocimientos, reflexiones y respuestas que podamos encontrar en El capital. A pesar de su alta valoración de la obra cumbre de Marx, el autor la considera una incompleta. Según él no da cuenta del capitalismo como un todo.
En tercer lugar, significa que se trata de ir más allá pero desde un más acá, ya que es en el pensamiento de Marx y no fuera de él donde podemos encontrar todos los elementos a partir de los cuales se puede construir una concepción integral del mundo capaz de dar respuesta a nuestros interrogantes.
A lo largo de los distintos capítulos del libro, Michael Lebowitz demuestra la contundencia de los análisis que Marx realiza en El capital, explica en qué sentido considera que su estudio es incompleto y pone en práctica un esfuerzo teórico apasionante que demuestra todo el potencial que tiene el pensamiento de Marx para dar respuesta a las inquietudes teóricas contemporáneas.
Coincido plenamente con el autor en todo el esfuerzo que éste realiza por construir respuestas originales a temáticas de gran actualidad no abordadas o insuficientemente abordadas en El Capital: durabilidad del capitalismo y pasividad de la clase obrera; derrota del socialismo; desaparición de la clase obrera industrial; incapacidad de dar cuenta de la multiplicidad de luchas democráticas actuales.
No coincido, sin embargo, en varias de sus reflexiones metodológicas. Aquí mencionó las que me parecen más relevantes. Michael Lebowitz considera que El Capital es unilateral y yo opino, en cambio, que es más adecuado decir que se trata de un esfuerzo teórico incompleto. Pienso que no se puede criticar a este libro por no abordar como un tema central la lucha de clases. Creo que hay razones para que ésta no ocupe un lugar teórico en El Capital, a pesar de estar omnipresente en toda su obra. El autor resalta correctamente, por otra parte, el tema de la separación de los trabajadores impuesta por el capital como una de las explicaciones de su perduración en el tiempo, pero no destaca suficientemente aquellos aspectos contradictorios que va generando la lógica del capital y que van constituyendo las bases materiales y organizativas de la nueva política económica alternativa (necesidad técnica del trabajo colectivo; socialización de las fuerzas productivas). Por último, hay formulaciones que parecen cuestionar la ruptura epistemológica2 que el propio autor dice encontrar en la obra de Marx.
No es posible ni tiene sentido profundizar aquí en estas diferencias. Ninguna de ellas cuestiona el contundente aporte que hace el autor a la reflexión marxista contemporánea, como ha sido reconocido internacionalmente al serle otorgado en 2004 el prestigioso Premio Deutcher a la mejor y más innovadora obra reciente en la tradición marxista. Y, lo que es más importante, los instrumentos conceptuales que otorga a la práctica revolucionaria.
A la vez que permite una mejor comprensión de esta práctica, “Mas allá de “El capital” proporciona elementos teóricos para hacerla más eficaz. ¿Cómo comprender la sui generis revolución venezolana sin poner de relieve que los trabajadores, los sectores populares, se transforman a sí mismos a través de su práctica diaria en el trabajo, en la participación a todos los niveles, en la lucha por defender y llevar adelante el proceso revolucionario? ¿Cómo construir una política económica alternativa sin tener en cuenta la necesidad de poner fin a la separación que reina entre los trabajadores, modificar el concepto de jornada laboral y construir un estado que permita que los trabajadores se transformen a sí mismos a través de su práctica?
Más que un rescate de Marx, el libro que presentamos es un rescate del marxismo como la teoría que nos permite pasar de la contemplación del mundo a su transformación revolucionaria. No es de extrañar entonces que sean cada vez más los grupos de revolucionarios que en diferentes continentes hayan comenzado a estudiarlo y a tratar de concretar sus enseñanzas en la práctica.
Como considero que éste no es un libro de fácil lectura quise contribuir a estimular su estudio realizando una síntesis bastante desarrollada de cada capítulo en el lenguaje más sencillo posible. El lector que no guste de esta especie de introducción pedagógica que a continuación expongo, no tiene más que saltarse las páginas que siguen e introducirse de lleno en la obra de Michael Lebowitz.
1.-
El primer capítulo parte con la pregunta: ¿por qué estudiar a Marx y no a economistas contemporáneos, o hacer nuestro análisis del sistema económico actual? Michael Lebowitz responde: por una parte, la teoría de Marx no se limita sólo al terreno económico, es una teoría de la sociedad en su conjunto, y por otra, no ha habido nunca en la historia un análisis del capitalismo tan “poderoso y revelador” como el del autor de El Capital.
Luego expone brevemente el análisis que hace Marx de los aspectos fundamentales del modo de producción capitalista. Cómo se origina, cuál es su lógica fundamental, lo que ocurre en la esfera de la producción y en la esfera de la circulación, para desarrollar finalmente el tema de las barreras y límites de este modo de producción.
El capital va desarrollando una forma de producción cada vez más adecuada al logro de su objetivo fundamental: la ganancia, pero este proceso es contradictorio porque al irse desarrollando va generando sus propias barreras y, al mismo tiempo, se las va ingeniando para ir superándolas constantemente. En ese sentido sería un proceso infinito, pero Marx no lo pensó así: sostuvo que el capitalismo crea a sus propios sepultureros. Lo único que puede poner un límite real al capitalismo es la acción en su contra de la clase obrera.
2.-
El segundo capítulo explica por qué hay que ir más allá de El Capital. A pesar de la innegable contribución de Marx a dilucidar el funcionamiento del capitalismo, Michael Lebowitz considera su libro incompleto porque en él no se encuentran las respuestas a cuestiones como: la durabilidad del capitalismo y la pasividad de su clase obrera; la derrota del socialismo; la desaparición de la clase obrera industrial; la incapacidad de dar cuenta de la multiplicidad de luchas democráticas actuales. Pero una cosa es “El Capital” y otra el pensamiento de Marx en su totalidad. Michael Lebowitz considera que éste contiene en sí mismo todos los elementos necesarios para construir una concepción total e integral del mundo y responder a las cuestiones recién planteadas.
Sin duda que muchas cosas han cambiado desde que Marx escribió El Capital, pero lo que no ha cambiado es la naturaleza esencial del capital. En dicho libro encontramos una comprensión no superada de su dinámica, aquella que constantemente revoluciona el proceso de producción, que destruye las barreras que impiden el desarrollo de las fuerzas productivas, que obliga a las naciones a adoptar formas capitalistas de producción.
Quién, por otra parte, puede negar el carácter contradictorio de la reproducción capitalista que, por una parte, tiende hacia el desarrollo absoluto de las fuerzas productivas y la realización de plusvalía aumentando día a día la masa de productos disponibles en el mercado, pero que, al mismo tiempo, crea una masa de compradores con escasa capacidad adquisitiva debido a los bajos salarios que éstos reciben producto de la explotación capitalista.
Pocos parecen cuestionar que Marx tuvo éxito en revelar la ley que rige el modo de producción capitalista, pero hay otros elementos de su pensamiento que sí son cuestionados: todavía estamos esperando la rebelión de la clase obrera que pondría fin a la explotación capitalista anunciada por Marx: los expropiadores no han sido aún expropiados.
Otros cuestionan el reduccionismo clasista que privilegia a la clase obrera como el sujeto del cambio social. Para estos analistas la multiplicidad de luchas democráticas actuales debe ser considerada como una crítica práctica a la teoría de Marx.
Por otra parte, no pueden desdeñarse hechos como: el fracaso del modelo de sociedad que se construyó inspirado en su teoría: el socialismo de Europa del Este y
“¿Ha llegado entonces la hora de decir adiós no sólo a la clase obrera —como ha postulado Gorz— sino también al marxismo?”¿Será la teoría de Marx o será el marxismo lo que se está cuestionando?, porque las dos cosas no son necesariamente lo mismo. Pudo haber ocurrido que la necesidad de responder a los hechos haya llevado a producir deformaciones de la teoría original de Marx en el Siglo XX.
Michael Lebowitz sostiene que “los muchos silencios del marxismo, el determinismo y el fatalismo de sus leyes objetivas, el reduccionismo y el economismo” no son inherentes al proyecto teórico de Marx. Sin embargo, reconoce que hay un problema en El Capital, que hay un silencio grave en él. Un silencio que permite que los científicos vean como único sujeto al capital, olvidando su otro lado: el trabajador asalariado, y sostiene que ese silencio está en la raíz de las deficiencias del marxismo realmente existente.
¿Qué hay que hacer entonces? Habría que “volver al Marx original y no adulterado” y, usando el “método y forma de acercamiento de Marx”, es decir, su “estructura de pensamiento”, habría que desarrollar nuevos elementos de su teoría buscando un desarrollo integral del marxismo. “El hecho de que haya descubierto en forma brillante un nuevo continente no significa que haya hecho un buen mapa de él.” La premisa de Michael Lebowitz es que es posible hacerlo bien. Su libro es un esfuerzo por demostrar —basado en el método de Marx— que la teoría marxista contiene en sí misma todos los elementos fundamentales necesarios para construir una concepción total e integral del mundo que responda a las ausencias y a los silencios señalados.
El tema central de “Más allá de El Capital” es la investigación no del capital sino de la otra parte, la parte de los trabajadores, la cuál fue poco desarrollada en El Capital.
3.-
El tercer capítulo sostiene que El capital era sólo parte de un plan mucho más ambicioso de Marx en el que figuraban seis libros: 1) El capital, 2) La propiedad territorial, 3) El trabajo asalariado, 4) El estado; 5) El comercio internacional; 6) El mercado mundial.
Luego de analizar las opiniones de diversos autores sobre si luego de haber escrito El capital se mantiene o no vigente este plan, Michael Lebowitz llega a la conclusión de que hay temas de sumo interés que no son abordados en esa obra con la profundidad requerida como el tema de las necesidades de los trabajadores, tema que debería ser abordado en el proyectado libro sobre el trabajo asalariado. Por lo tanto, sea cual haya sido la intención de Marx, un libro sobre este tema necesita ser escrito.
Michael Lebowitz afirma que para comprender qué fue omitido en El capital, debemos comenzar por el punto acerca de las necesidades de los trabajadores. Como sabemos, Marx, consideró como algo dado al conjunto de necesidades que entran en el valor de la fuerza de trabajo. Esta es una de las hipótesis características del método que utilizó para destacar lo que le interesaba resaltar. Suponer constantes las necesidades —algo que Marx sabe que en la práctica no es así— permite resaltar lo que varía, el trabajo no necesario productor de plusvalía, es decir, el grado de explotación sufrido por el trabajador.
Es importante, recordar aquí, como lo hace el autor, que Marx siempre rechazó la tendencia por parte de los economistas a tratar las necesidades de los trabajadores como naturalmente determinadas e inmutables. Esa fue una de sus críticas a los fisiócratas.
La fuerza de trabajo tiene un rasgo “distintivo” en relación con otras mercancías: su valor depende no sólo las exigencias físicas sino también un elemento histórico o social. Este último elemento —advertía Marx — está relacionado con “la satisfacción de ciertas necesidades que brotan de las condiciones sociales en que viven y se educan los hombres.” Marx (1987: 134) Con el desarrollo capitalista, lo que antes “aparecía como un lujo se convierte [ahora] en algo necesario, y necesidades que antes eran suntuarias pasan a ser [entonces] primordiales para la industria.” Así, los viejos modelos de necesidad y lujo son reemplazados por los nuevos. (Marx, 1985a: 381).
Para asegurar la realización del plusvalor, hay un esfuerzo constante del capital por descubrir nuevos valores de uso y crear nuevas necesidades. Este es el elemento sobre el que descansa la legitimidad histórica y, al mismo tiempo, el actual poder del capital. “Cada nueva necesidad se convierte en un nuevo eslabón en la dorada cadena que asegura los trabajadores al capital.” (Marx, 1985a: 174)
Michael Lebowitz considera que el análisis que hace Marx sobre “el actual poder del capital” en los Gundrisse es extremadamente importante. No sólo por su lucidez sino también porque toda esta discusión está ausente en El capital.
Y esas necesidades indispensables pueden aumentar o disminuir. ¿Qué determina el grado en que los trabajadores logran satisfacer sus necesidades? Fundamentalmente la lucha de clases. Sin embargo, este tema no es abordado en El Capital.
4.-
Para escribir el libro faltante — sostiene el autor en el cuarto capítulo — es necesario considerar en primer lugar el método que utiliza Marx en su obra. Sólo partiendo del concepto de totalidad —central en la obra de Marx— se podrán comprender las implicaciones de los elementos faltantes e investigar los defectos resultantes de El capital.
Michael Lebowitz opina que la totalidad presentada en este libro es incompleta: estudia el proceso de reproducción del capital, pero no el proceso de reproducción de la clase obrera. Aunque el trabajo asalariado está presente en El capital —y no podía no estarlo ya que sin él no se puede entender el capital—, no está presente como el sujeto que actúa por sí mismo contra el capital. No está presente la lucha de clases desde el lado del trabajador asalariado. De ahí entonces la conclusión del autor: El capital es unilateral e inadecuado.
En cuanto al método, se nos recuerda que Marx tuvo la intención —que nunca materializó— de escribir unas 40 páginas para hacer accesible al lector común el aspecto racional del método que Hegel “no sólo descubrió sino también mistificó”, pero que a pesar de eso Marx consideró muy valioso.
En ausencia de esta síntesis no queda entonces otro camino que tratar de reconstruir el método de Marx analizando sus obras.
Uno de los aspectos a destacar de ese método es que pone énfasis en el “todo”. El objetivo de era comprender la sociedad burguesa como una totalidad, como un todo interrelacionado. Este énfasis en la totalidad y en la interconexión orgánica de sus partes, contrasta con el método empleado por la ciencia burguesa que parte siempre del punto de vista del individuo.
Si pensamos en las partes individuales como “miembros de una totalidad” (Marx, 1895a:15) no se puede sostener una concepción del cambio como el resultado de estímulos exógenos. Por el contrario, el movimiento y la dirección de la sociedad burguesa debe ser considerado como un “auto-movimiento”, un desarrollo orgánico inherente a la naturaleza del sistema donde el movimiento es el resultado de una acción recíproca entre sus diversos componentes.
Comprender el mundo como un todo interrelacionado es sólo un aspecto del método de Marx. Otro aspecto es cómo él desarrolla la comprensión de ese todo.
Para Marx la mera observación y estudio empírico no puede captar las interrelaciones de una totalidad concreta. Si así fuera, no habría necesidad de la ciencia ni del pensamiento abstracto. Todo lo que resulta de la simple observación es “una concepción caótica del todo.” (Marx, 1985a: 15). El investigador “debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo y rastrear su nexo interno.” (Marx, 1983a: 19). Y la manera de hacerlo es comenzar con los conceptos y las “determinaciones más simples”, hasta llegar a deducir lógicamente una concepción del todo “como una rica totalidad compuesta por muchas determinaciones y relaciones.” Este era el “método científicamente exacto” (1985a: 15)
Marx explica que, contrariamente a lo que comúnmente se cree, había que “elevarse de lo abstracto a lo concreto del pensamiento” donde se da esa concatenación de múltiple determinaciones.
Tanto Marx como Hegel ponen en práctica un proceso de derivación dialéctica, pero Hegel se queda puramente en el reino del pensamiento: realiza un movimiento del concepto al concepto impulsado sólo por la revelación de las relaciones lógicas; mientras que Marx tiene siempre la totalidad real ante él, y su objetivo es comprenderla.
Este proceso de deducción que aplica Marx, al contrario del que aplica Hegel, no es una cuestión del “pensamiento concentrado en sí mismo, que se profundiza y se mueve por sí mismo,” sino que la totalidad de pensamiento es un producto de “la elaboración de la intuición y la representación en el concepto.” (Marx, 1985a: 16)
Otra cosa que diferencia a Marx de Hegel es la relación entre el orden histórico y el orden lógico. Según Marx el primero no puede dictar el orden del segundo; no hay una relación necesaria entre el orden histórico y el lógico.
Michael Lebowitz se detiene luego en el análisis de los momentos claves del proceso de construcción del concreto de pensamiento en El capital. Comienza analizando la mercancía, la forma elemental de la riqueza en la sociedad capitalista, y termina con el ciclo del capital.
El capital comprendido como una totalidad, como un todo interrelacionado, produce y reproduce productos materiales y relaciones sociales, que son a su vez presupuestos y premisas de la producción capitalista.
Sin embargo, el autor se pregunta si en el capital como un todo nos encontramos con una totalidad realmente adecuada. ¿Podemos decir que lo que encontramos es un todo orgánico en el que todos los supuestos son resultados, y todos los puntos de partida son puntos de retorno?
La respuesta es negativa, hay un elemento que no es parte del capital, que no es producido ni reproducido por el capital. Este elemento es un punto de partida pero no de retorno en el ciclo del capital, una premisa que no es un resultado del mismo capital, que es exterior a él. Y este elemento: la reproducción de la clase obrera, es necesario para la reproducción del propio capital.
Considerando el modelo de reproducción simple, Michael Lebowitz sostiene que el sistema sólo puede estar completo si se da otro proceso de producción distinto del proceso de producción del capital: la producción de la fuerza de trabajo en el curso del consumo de artículos de consumo. De esta manera, el ciclo del capital implica necesariamente un segundo ciclo: el del trabajo asalariado.
¿Y dónde debía ser analizado este segundo momento de la producción? Según el autor, éste es uno de los temas que debe ser abordado del libro faltante sobre el Trabajo Asalariado.
Hasta ahora hemos visto al trabajador asalariado como un momento en el interior del capital, tal como existe para el capital: como un trabajador separado de los medios de producción. Luego del proceso de compra venta de fuerza de trabajo, ésta se incorpora al interior del capital. Ahí vemos al trabajador asalariado obligado a trabajar subordinado a la voluntad del capital a los efectos de lograr el objetivo que éste persigue: la valorización (auto-expansión). Y finalmente vemos al trabajador asalariado nuevamente en la esfera de la circulación, mientras el capital busca realizar el plusvalor contenido en las mercancías que han sido producidas.
El trabajo asalariado está presente en cada momento del ciclo del capital no sólo como productor de plusvalor, sino también como consumidor. Pero el capital como una totalidad, no incluye en su interior una condición que es necesaria para la reproducción del capital: el mantenimiento y reproducción de la clase trabajadora. Es necesario considerar al trabajador asalariado en tanto existe fuera del capital.
Y, así como el proceso de producción del capital tiene como su objetivo la valorización del capital, el proceso de producción del trabajador tiene como objetivo satisfacer sus necesidades. Por un lado, tenemos el capital para sí, valor para sí; por el otro lado, tenemos la fuerza de trabajo para sí, el valor de uso para sí. El proceso de producción del trabajador es un proceso de consumo: debe consumir valores de uso para satisfacer sus necesidades fisiológicas y otras. El resultado del proceso de producción es el mismo obrero, que se reproduce como capacidad de trabajo vivo y transforma su naturaleza. Esta actividad es, a la vez, ejercicio y cultivo de la fuerza de trabajo.
Pero ¿cuáles son los requisitos de este particular proceso de producción del trabajador? Primero, debe poder conseguir los valores de uso requeridos. Segundo, requiere de tiempo. El hombre necesita tiempo para la satisfacción de necesidades espirituales y sociales, cuya amplitud y número dependen del nivel alcanzado en general por la civilización. El trabajador necesita tiempo libre para su desarrollo completo: para la educación humana, para el desenvolvimiento intelectual, el desempeño de funciones sociales, para el trato social, para el libre juego de las fuerzas vitales físicas y espirituales.
En resumen, este particular proceso producción no es en absoluto un proceso natural de producción, sino la producción de una relación social particular, la producción del trabajo asalariado.
Pero como la producción capitalista está determinada por el objetivo de valorización del capital y no por las necesidades sociales de los trabajadores, siempre existe una brecha importante entre las necesidades que el capital considera como imprescindibles y las necesidades sociales del trabajador, y eso significa que el trabajador se produce como necesitado. Por eso, la lucha por salarios más altos es inherente al trabajador asalariado como ser-para-sí.
Lo que surge al estudiar el trabajo asalariado es la lucha de clases desde el lado del trabajador asalariado. En oposición al cuadro expuesto en El capital, hay dos “deber ser”: no solamente la necesidad del capital por valorizarse sino también la necesidad del trabajador de desarrollarse. Una lucha de contrarios está presente en cada aspecto de la relación entre el capital y el trabajo asalariado, en la que cada parte trata de reducir al otro a la dependencia.
Michael Lebowitz destaca que no está sugiriendo que El capital es unilateral porque excluye al trabajo asalariado como tal. Es evidente que éste está presente: sin la presencia del trabajo asalariado no se podría hablar del desarrollo del capital. Está presente como la barrera que el capital debe continuamente rebasar en su intento por crecer, pero no lo está como el sujeto que actúa por sí mismo contra el capital.
El examen que realiza el autor sobre el trabajo asalariado comienza como una investigación de lo que está latente en el capital como totalidad, algo exterior pero necesario. Queda por completar el segundo “momento dialéctico”, la constitución de la unidad entre el trabajo asalariado y el capital.
Consideremos el proceso de producción del capital y el del trabajo asalariado. En primer lugar, estos procesos son opuestos. En el primero, la fuerza de trabajo es consumida por el capital, existe para el capital; en el segundo, la fuerza de trabajo es consumida por el obrero y existe para el obrero. En el primero, los medios de producción poseen y dominan al trabajador; en el segundo, ellos son poseídos y dominados por el trabajador. La diferencia entonces es la del trabajador para el capital versus el trabajador para sí.
Por otro lado, estos procesos se excluyen entre sí. El trabajador no puede ser simultáneamente para el capital y para sí. Cuanto más tiempo existe el trabajador para el capital, menos tiempo tiene para sí. En forma similar, cuanto mayor es la intensidad de trabajo para el capital, más la energía del trabajador asalariado es consumida por el capital y menos tiene disponible para sí. De este modo, el trabajo para el capital es distinto del trabajo para sí; es trabajo alienado de sí. El trabajador es sólo para sí cuando no es un trabajador para el capital.
5.-
El quinto capítulo sostiene que así como en El capital se desarrolla la economía política del capital, habría que desarrollar la idea de Marx de la existencia de una economía política del trabajo asalariado. Michael Lebowitz señala en este capítulo varios elementos de lo que podría ser esa política económica alternativa. Y en este sentido hace interesantes reflexiones sobre el papel que juega la competencia en el seno de los trabajadores para favorecer los intereses del capital. Además, muestra como la cooperación y la lucha política —no meramente sindical— son la principal arma de los trabajadores contra El Capital. Es a través de la cooperación que los trabajadores vencen el esfuerzo del capital por separarlos, con el objetivo de debilitar su resistencia a la explotación y es a través de ella que se crean las condiciones para la combinación y unidad que les permitirá tomar para sí los frutos de la cooperación.
Michael Lebowitz comienza señalando que para el joven Marx, el capitalismo estaba claramente caracterizado por dos aspectos contradictorios y sus relaciones dinámicas: el capital y el trabajo asalariado, y es la lucha de clases la que conduce inexorablemente a la resolución de esta contradicción. Marx criticaba a la economía política existente en su época porque veía al trabajador sólo desde la perspectiva del capital.
Pero ¿acaso no es ésta la posición que adopta en El capital? Cómo hemos visto, Marx considera allí al trabajador meramente como el mediador que permite el crecimiento del capital. No es considerado como el sujeto. Por ello Michael Lebowitz sostiene que Marx no desarrolló el lado del trabajador asalariado en la relación con el capital.
Precisa, que esa omisión no debería conducirnos, sin embargo, a concluir que Marx cambió de idea y abandonó su concepción del capitalismo como un todo. Ofrece dos argumentos que apoyan esta afirmación: uno lógico y el otro que se sustenta en los propios escritos de Marx. En primer lugar, la parte del trabajo asalariado está presente en El capital en forma latente. Al desarrollar el concepto del capitalismo como un todo se sugiere una continuidad esencial entre el pensamiento del joven Marx y el Marx maduro. Ese concepto del capitalismo como totalidad está siempre presente, pero su presencia ha sido velada por un silencio: la consumación exclusivamente de la parte del capital.
Pero esto no implica que no haya habido desarrollos significativos, ni rupturas epistemológicas entre la posición del joven Marx y la del maduro. Michael Lebowitz sostiene que sí los hubo y que la principal ruptura se manifiesta en los Grundrisse coincidiendo con su relectura de
Con este “corte” –una ruptura que no ha sido reconocida adecuadamente— Marx anunció como un primer principio la necesidad de aprehender completamente la naturaleza interna del capital: capital versus trabajo asalariado es valor para sí versus valor de uso para sí; dinero versus fuerza de trabajo; dinero versus mercancía; valor versus valor de uso.
Entonces, ¿por qué no vemos esta nueva concepción del capitalismo como un todo en El capital? Michael Lebowitz sostiene que Marx pospuso su investigación acerca del trabajo asalariado para concentrarse en el aspecto del capital en general y detuvo mucho en este aspecto tratando de apoyar sus conclusiones teóricas con hechos, hasta el punto de que ni siquiera pudo terminar su libro sobre el capital.
No cabe duda que hay una lógica en la elección de Marx. Sin embargo, al no haber puesto relevancia suficiente en la parte del trabajo asalariado, Michael Lebowitz sostiene que todo su proyecto está teñido de cierta unilateralidad. El trabajo asalariado para sí y el capitalismo como un todo están presentes, pero sólo lo están “embrionariamente”.
Por otra parte, sus escritos de la época en que escribía El Capital revelan que él no estaba pensando en que los trabajadores sólo existían para el capital. Recordemos su “Discurso Inaugural” en la reunión de
Pero ¿cuál es esta economía política de los trabajadores que desafía la economía política del capital? Y, ¿qué significan dichas victorias?
Michael Lebowitz se propone responder a la primera pregunta tratando de reflexionar acerca de esa política económica alternativa. Su punto de partida es la descripción que hace Marx de la ciega imposición de las leyes de la oferta y la demanda como parte de la política económica del capital.
La competencia entre capitales es esencial al capitalismo, es la manifestación en la superficie de las leyes internas del capital, de su lógica de funcionamiento. Los trabajadores, por el contrario, sólo negando la competencia entre ellos y participando en la cooperación en gran escala pueden presionar en el sentido contrario al capital y producir soluciones óptimas para los trabajadores.
Pero ¿por qué los trabajadores deben negar la competencia? ¿Qué hay en la esencia del trabajo asalariado que sólo mediante la cooperación y la combinación es que actúa en su propio interés? Hay dos principios específicos, implícitos en El Capital que son relevantes para la investigación del autor. El primer principio es que toda cooperación y combinación del trabajo en la producción genera una productividad combinada y social del trabajo que excede la suma de las productividades individuales y aisladas. La cooperación da como resultado “la creación de una nueva fuerza productiva, que es intrínsicamente colectiva.” (Marx, 1983a: 400). La simple combinación del trabajo como tal no sólo acrecienta la productividad social, sino que produce también un mejoramiento de la productividad individual producto del trabajo codo a codo de los obreros.
El segundo principio en cuestión tiene que ver con la distribución de los beneficios de la fuerza socialmente productiva del trabajo. Michael Lebowitz sostiene que quienes median entre los productores están en la posibilidad de capturar los frutos de esa cooperación. Así ocurre tanto en la producción pre capitalista como en la capitalista. ¿Por qué no pueden los productores mismos apoderarse de los frutos de la cooperación en la producción? Aunque el aspecto positivo del capitalismo es que socializa la producción y crea una interdependencia entre los trabajadores, es decir, un trabajador colectivo, su aspecto negativo es que el capital exige la separación y la división entre los asalariados. Y es sólo mediante la lucha por reducir el grado de separación entre ellos, que los trabajadores pueden lograr sus objetivos.
De este modo, Marx no se limitó a desarrollar una crítica de la economía política del capital, también reveló su antítesis: la economía política de la clase obrera, que resalta la combinación del trabajo como la fuente de productividad social y la separación de los trabajadores como la condición de su explotación.
Pero Marx también señaló los límites de las fábricas cooperativas de aquella época. Ellas necesariamente reproducían los defectos del sistema existente. Para convertir la producción social en un sistema grande y armonioso de trabajo libre y cooperativo, se necesitaba realizar cambios sociales generales y éstos sólo pueden ser materializados mediante la transferencia del poder estatal de los terratenientes y capitalistas a los productores (Marx, 1866: 346).
Pero a pesar de sus límites, estas fábricas cooperativas eran consideradas por Marx como una gran “victoria” porque eran una demostración práctica de que el capital no era necesario como mediador en la producción social.
Por otra parte, en relación a los sindicatos obreros, su papel es precisamente contrarrestar la tendencia del capital explotar al máximo a la fuerza de trabajo. Y aunque al principio los trabajadores son inicialmente reunidos por el capital para los objetivos explotadores de éste, el hecho de estar concentrados en un mismo lugar de trabajo los lleva a reconocer su unidad como productores y a comprender su poder contra el capital. Disminuye su grado de separación y crece su resistencia.
Sabemos que la insubordinación de los obreros era constante en las manufacturas y que el capital superó esta barrera creando la industria moderna y el sistema fabril, que trajeron nuevas formas de competencia entre los trabajadores. La máquina no sólo sustituyó el trabajo de muchos obreros, sino que también se convirtió en “el arma más poderosa para reprimir las periódicas revueltas obreras, las huelgas, etcétera, dirigidas contra la autocracia del capital.” (Marx, 1983a: 530).
Michael Lebowitz sostiene que Marx sobreestimó la victoria del capital en su época al introducir la maquinaria y subestimó la capacidad de los obreros a poner límites “a la tiránica usurpación del capital” presionando en sentido contrario. Considera que el desarrollo de la industria de maquinarias hace al capital más vulnerable al arma de las huelgas. Por eso el capital busca introducir otros medios para dividir a los trabajadores como el trabajo a destajo y distintas formas de segmentación del trabajo.
Marx señaló el papel de los sindicatos para contrarrestar todo esto. Pero el problema es que los sindicatos actúan en oposición a capitales específicos y particulares y el poder que deben confrontar es el del capital como una totalidad. Si no enfrentan al capital global, las luchas se limitan a paliar los efectos del capitalismo en el interior del mercado laboral y en el lugar de trabajo, y no logran dirigirse contra las causas profundas de dichos efectos. Por eso Marx advertía que los sindicatos se limitaban a hacer una guerra de guerrillas contra el capital y que deberían ir más allá de las luchas puramente económicas.
En su análisis acerca de la importancia de la lucha por
En la raíces del poder del capital en general está su poder como propietario de los productos del trabajo, algo que los trabajadores sólo pueden desafiar actuando políticamente como clase para imponer una ley que limite la jornada laboral o para hacer que el estado sirva a los intereses de los asalariados, por ejemplo, legalizando y apoyando la existencia de sindicatos o llevando adelante políticas que reduzcan el nivel de desempleo. Conquistar el poder político tiene que convertirse, por lo tanto, en “el gran deber de la clase obrera.” (Marx, 1864: 384).
La totalidad de las dimensiones de la economía política de los asalariados sólo se aclara si se considera al capital como un todo. Cuando analizamos el circuito del capital, nos percatamos sólo del papel del capital como mediador.
Una vez que comprendemos la concepción de Marx de la economía política de la clase obrera, nos damos cuenta que va mucho más allá de las cuestiones sindicales. Sin embargo, debemos reconocer que no hemos llegado todavía al punto donde podamos decir que ya poseemos una visión completa de la economía política de la clase obrera y la lucha política que esta incluye. Esta es una de las razones por la que este capítulo en lugar de llamarse “economía política de la clase obrera” se llama “economía política del trabajo asalariado.” Necesitamos comprender, por ejemplo, los límites del estado capitalista para ir más allá del capital. Por cierto, tenemos todavía que investigar a fondo cómo los trabajadores pueden ir más allá del capital, en lugar de limitarse a perseguir sus intereses sólo dentro del capitalismo.
6.-
El sexto capítulo aborda el tema de los salarios y de la lucha de clases con ellos relacionada. Sostiene que la forma en que El capital analiza el tema, dando por sentada la cantidad de medios de subsistencia que el trabajador necesita para reproducir su fuerza de trabajo, no da cabida a la investigación de los efectos de la lucha de clases sobre los salarios. Michael Lebowitz explora en este capítulo qué ocurre cuando se abandona dicha hipótesis y sostiene que sólo entonces se ve clara esta relación. Al no considerar esa posibilidad Marx no pudo centrarse en los trabajadores como seres humanos y fue conducido hacia explicaciones naturalistas y funcionalistas. Y esto produjo un marxismo unilateral.
En lugar de investigar los efectos de la lucha de clases sobre los salarios, se dejó de lado en El capital lo que tenía que ver con los salarios reales o el nivel de necesidades que los trabajadores pueden satisfacer.
En consecuencia, con respecto a los salarios, Marx sólo analizó explícitamente en El Capital el efecto del aumento de la productividad sobre el valor de la fuerza de trabajo. Sin embargo, no ignoraba que había otras explicaciones de los cambios que podían sufrir los salarios, como, por ejemplo, la competencia de los trabajadores desempleados dispuestos a reemplazar de inmediato a los trabajadores que pudiesen ser despedidos.
Dado que Marx no terminó este análisis, es decir, no trató el patrón de necesidades como variable, Michael Lebowitz se propuso en este capítulo continuar el proyecto de Marx considerando las combinaciones que éste no exploró.
La más importante de ellas es la hipótesis que parte de la base de que tanto la productividad como el patrón de necesidades son magnitudes variables. En sus manuscritos económicos Marx planteó tres posibilidades para el caso de aumento de la productividad. En el primer caso, el trabajador recibe la misma cantidad de valores de uso que antes y, por lo tanto cae el valor de su fuerza de trabajo. En el segundo caso, aumenta la cantidad de los medios de subsistencia, y en consecuencia el salario medio, aunque no en la misma proporción que la productividad del trabajador. En este caso caen el trabajo necesario y el valor de la fuerza de trabajo. Finalmente, el tercer caso, ocurre cuando la productividad y el patrón de necesidades suben al mismo ritmo. En este caso no habría cambio en el plusvalor, aunque éste como los salarios representaría una mayor cantidad de valores de uso que antes.
Entonces, si abandonamos la hipótesis de la invariabilidad del patrón de necesidades, surge la posibilidad de una historia totalmente diferente; de un incremento en la productividad sin cambios en el plusvalor.
Este tema es fundamental: si el equilibrio de las fuerzas de las clases es tal que mantiene la tasa de explotación constante, el efecto del aumento de la productividad será un incremento en los salarios reales y no un crecimiento del plusvalor relativo. Para que prevalezca cualquier otro resultado en este caso, se necesita un cambio en el mercado laboral. Sólo un grado cada vez mayor de separación entre los obreros iniciado por la introducción de la maquinaria asegura que la productividad crecerá en relación al salario real.
En resumidas cuentas, es posible que los salarios reales crezcan mientras la tasa de explotación también crece. Es posible que los trabajadores puedan lograr una mayor participación cuantitativa en el reparto de la riqueza”, aunque siga ensanchándose el abismo entre la lo que recibe el trabajador y lo que recibe el capitalista.
La coexistencia de salarios reales crecientes y una tasa de explotación creciente, no es sólo una posibilidad teórica, Marx observó que los salarios reales eran más altos en los países donde el capitalismo estaba más desarrollado, pero también lo era la tasa de explotación. Presumiblemente la combinación de salarios reales más altos y explotación más alta surge allí donde el capitalismo está más avanzado. En esos países, no sólo la productividad tiende a ser mayor, sino que también las formas de cooperación desarrolladas entre los trabajadores asalariados.
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