Los procedimientos democráticos para establecer una Constitución parten del principio de que el poder constituyente se encuentra radicado en el pueblo, siendo éste el único que legítimamente puede darse una Carta Fundamental.
Guía de Educación Cívica, Biblioteca del Congreso Nacional.

La Constitución Política es la ley más importante. Debe orientar la búsqueda del bienestar y la felicidad de todos los habitantes de un país por el camino de la paz, la convivencia y el progreso. Una norma así, que identifique y represente auténticamente a los distintos sectores de la sociedad, debiera ser una meta política, comunitaria y jurídica para todos.

Y no sólo ha de ser democrática en su contenido; también en su gestación.

La Constitución vigente en Chile desde 1980 no es democrática. Junto con negar una parte considerable y fundamental de los derechos humanos y civiles, fue gestada, redactada y aprobada durante una dictadura y bajo estado de sitio. Peor aún, los políticos que asumieron posteriormente la conducción del país, tanto desde el gobierno como desde la oposición, le introdujeron sólo reformas puntuales, parciales e insuficientes y dieron unilateralmente por terminado el proceso de transición hacia una democracia plena, manteniendo la mayoría de las arbitrariedades establecidas constitucionalmente.

De este modo, si bien el resultado del plebiscito de 1988 negó a Pinochet la posibilidad de continuar en el poder durante ocho años más y bajo su propia “democracia protegida”, no condujo hacia la plena democracia como exigían los ganadores en las urnas sino a una transacción entre políticos de la Concertación y la derecha en torno a una Constitución “mixta”, con reformas democráticas, pero que no incluyeron los derechos sociales aún conculcados.

Producto de ello, los chilenos del siglo XXI vivimos en un país atrozmente desigual, injusto, temeroso del pasado, materialista y devoto de las cifras, sin alternativas políticas ni avance socioeconómico y con una estabilidad sólo aparente, fundada en la apatía de gran parte de la población privada de derechos esenciales.

Pero el único facultado para declarar cerrada o no una etapa de su historia es el propio pueblo, soberano y principal afectado por la deuda política. Diecisiete años son suficientes para madurar, reconociendo lo bueno y lo malo, y decidir por sí mismo el camino hacia el futuro. Y en esa ciudadanía mayoritaria ha surgido hoy una propuesta concreta de cambio.

El proceso podría ser graficado así:

Una Asamblea Constituyente, organismo colegiado y de integrantes elegidos por la propia ciudadanía, es el único procedimiento que garantiza una representación fidedigna de todo el pueblo chileno.

¿Cómo es posible hacer escuchar por fin nuestra voz? Mediante dos acciones sencillas y pacíficas, pero rotundas:

Marcar el voto en las próximas elecciones escribiendo en él una leyenda como ASAMBLEA CONSTITUYENTE o CONSTITUCION DEMOCRATICA AHORA (después de indicar un candidato para no invalidarlo).