RAFAEL LUIS GUMUCIO RIVAS POR DOS
La mayoría de los matrimonios se realizan en primavera y se divorcian en invierno, es lo que constituye un contrato precario. Te envían una tarjeta donde aparecen los nombres de los padres - en este caso Pablo Longueira y Evelyn Matthei, por Joaquín Lavín, y Camilo Escalona y Soledad Alvear, por Michelle Bachelet – si la unión es eclesiástica, los sacerdotes serían Raúl Hasbún y el padre jesuita Berríos. Por cierto, la homilía de cada uno de estos clérigos sería muy distinta: el primero hablará de la continencia periódica y que sólo hay que acostarse para traer hijos al mundo, el segundo, hablará de los pobres y de la justicia social; incluso, podría agregarse la lúcida pastora Juanita Albornoz, para darle un carácter ecuménico. Todas estas esquelas llevan una invitación a la fiesta, en el palacio de
Los invitados por parte de Joaquín serán muchos sacerdotes pollerudos, Legionarios de Cristo y del Opus Dei, unas beatas con falda hasta la rodilla, algunos dirigentes de
En los matrimonios hay que pasar por el purgatorio de la ceremonia religiosa para llegar a los dulces manjares del paraíso, en la comilona de la fiesta. No sé por qué a los invitados se les excitan las glándulas gustativas a grado heroico, aun cuando saben, muy bien, que el menú consistirá en una magra ensalada, decorada con máximo gusto, y un postre con motivos acaramelados; todo muy estético, pero deja a nuestros heliogábalos muertos de hambre, tanto es así que se sienten en la necesidad de comer un chacarero, en el camino.
Claro que habrá tragos variados que emborracharán a más de algún comensal. Sergio Bitar estaba animado y se dedicó a echar puyas al masón radical José Antonio Gómez, quien estaba disconforme con el discurso de la novia, pues no mencionó el Estado docente, fuente principal de empleo de sus camaradas, y sí alabó los colegios de frailes, para darle contentillo a los invitados del novio. Pedro Montt se puso a lloriquear a moco tendido, no sé si por llevar el mismo nombre y apellido del presidente responsable de
En los matrimonios y en los funerales siempre encontramos personas que sólo vemos en esas ocasiones: todos dicen ser íntimos amigos del finado y de los tortolitos; en ambas ceremonias reina el pelambre: ¡Qué simpático era el fiambre, pero ya no podrá, nunca más, machetearnos; adoraba a la “María” cuando le pasaba dinero, pero le pegaba cada vez que se embriagaba; era un poco limitado, pero buena persona; ahora no podrá jamás aprovecharse de la “información privilegiada” y especular en
En otra mesa se encuentran, pelando de lo lindo, los pinochetistas sempiternos: Monseñor Medina no está muy contento., pues la novia se declara agnóstica y decreta la distribución gratuita de la “abortiva” píldora del día después. Gonzalo Vial y Hermógenes Pérez de Arce lo consuelan asegurándole que este matrimonio no va a durar mucho y será disuelto, sin mayor dificultad, por un tribunal eclesiástico, declarando que ambos se casaron en plena inmadurez y víctimas de las circunstancias.
En todo matrimonio siempre aparece un pesado izquierdista, que se coló en la lista de invitados de la novia y que repite, majaderamente, la frasecita de Radomiro Tomic de “quien se casa con la derecha es esta la que gana”. Era que no, si es la aporta los corruptores pesos. En una tercera mesa está el cura Berríos, (siempre he sentido curiosidad por qué a los curas les gusta tanto comer, no será que en el convento escasean, tanto las buenas viandas, como el goce de las atractivas doncellas), que ha traído a todos sus discípulos de las comunidades jesuíticas, aquellos colegios que educan a los poderosos; escucho que está hablando de una parábola, no muy adecuada para circunstancia, la del rico Epulón y el pobre Lázaro, es decir, un señor que se da un gran festín a la vista del pobre y hambriento Lázaro. Pablo Longueira escuchaba, obnubilado, estas palabras y afirmaba, con énfasis, que si Joaquín fuera presidente, todos los Lázaros serían saciados. Hasta un pío empresario, emocionado ante el discurso del pastor ofreció, nada menos, que ceder sus rentables acciones a los trabajadores de su empresa; como se puede comprobar, Cristo se equivocó: hay muchos buenos ricos en Chiles, capaces de dejar todo y seguirlo.
Los matrimonios han dado lugar, incluso, a boleros, como aquel de “blanca y radiante va la novia, le sigue atrás un novio amante...”, del famoso Antonio Prieto. En un rincón encontré, amurrado, a Adolfo Zaldívar, cantando un famoso bolero: “...yo que tanto te quise, Michelle, y hoy me has abandonado; devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás...”
Esta es una tonta historia, cuyos personajes, conceptos y diálogos son ficticios; es que me dio por recordar las crónicas de mi tío Mario “Cayo” Rivas, en Las Noticias Gráficas, cuya columna se llamaba “donde va Vicente...”, y escandalizaba a las damas de la sociedad; tanto es así que, llegado a su vejez, tenía que andar con un bastón camuflando una espada para defenderse de las diarias palizas que recibía, por parte de los ofendidos. También se hizo famoso por geniales bromas telefónicas, entre ellas, cuando llamó a todos los párrocos de la capital comunicándoles la muerte del arzobispo, pidiendo que tañeran las campanas al unísono; otra vez se le ocurrió, nada menos, que hacerse pasar por el secretario del arzobispo, ordenado que todas parroquias deberían entregar su dinero y demás pertenencias a los pobres. Mi tío se paseaba desnudo en su departamento y, como estas daban a la calle una señora, horrorizada, lo reconvino y él le respondió: “usted es una mirona, señora!, quién la manda a dirigir su vista a mis ventanas...” La profesión de Ariosto no es muy exitosa en Chile, con una clase alta, adocenada, hipócrita, avara y sin imaginación, razón por la cual a mi tío Mario le fue muy mal durante su vida, salvo contar con la amistad de grandes poetas , entre ellos Pablo Neruda.


