José Venturelli

http://www.nytimes.com/2007/11/18/magazine/18bachelet-t.html

19 de noviembre del 2007

Este (largo) artículo de David Rieff en el New York Times de ayer está bastante lleno de ideas que tratan de justificar el statu quo “a la chilena” y que deja, permítanme, un desagradable olor a podrido… Especialmente por decirse muchas cosas, gratuitamente, al margen de lo que el pueblo sufra, sienta o piense. Chile es, -sigue siendo en realidad-, de ese 5% de ricos y de los servidores de estos: es un país de quienes lo manosean y gozan. El New York no es como para esperar mucho. De David Rieff por algunos antecedentes –aunque no todos- se podía desear algo mejor. Suena a oráculo y no busca información de calidad. Veamos. (La dirección Internet anexa permite leerlo)

A diferencia de lo que le dice un Sr. Grossman, la generosidad y la decencia en política no son algo estético, como lo trata de pintar ese "crítico” entrevistado por David Rieff. Tampoco las justificaciones golpistas eternas y cobardes de militares sinvergüenzas como Cheyre que pretenden “haber hecho lo que correspondía” y “lo que el país les pedía”... Lo que Rieff no buscó es de que Cheyre es quien se opuso a que se supiera sobre los responsables de los “retiros de los televisores”, eufemismo con el que se llamó al desentierro de los asesinados por la dictadura para lanzarlos al mar y así poder tener sus reuniones de la Mesa del Diálogo. Quienes la recuerden saben que ni los familiares de los detenidos desaparecidos participaron aunque Gobierno (era Lagos el presidente), militares y “oposición” las hicieron para intentar cerrar el cápitulo de los crímenes contra la Humanidad… Eso huele mal aunque nos digan de que no es eso sino el perfume de la vía chilena. Curioso… porque el origen de las fortunas que hoy se pasean ante los chilenos no las quieren ni discutir. La del Sr. Piñera, candidato a presidente entrevistado por David Rieff, entre otras, es turbia y salió de debajo de la protección del dictador. El pueblo chileno, durante los años de la dictadura, tenía un chiste muy decidor: “ser más tonto que militar (oficial, debería decirse) sin Mercedes Benz”.

Y la Concertación no ha hecho nada distinto en lo que a la rectificación real de la situación de inequidad en el país. El autor parece justificar esta vergüenza cuando comenta el hecho de que los países en grande tampoco lo logran hacer ya por varias décadas... Es decir, ¿no es posible conseguirlo? Suena parecido a las afirmaciones de Milton Friedman: “la democracia sólo puede justificarse en el respeto absoluto al principio inviolable de las ganancias”. Sería bueno que Rieff leyera el libro de la periodista canadiense, Noami Klein, ‘The Shock Doctrine’ [1]

Sus largas citas de Jorge Edwards, -escritor cuyo mayor hecho notable de los últimos 10 años fue, junto con Vargas Llosa, defender a Pinochet contra la extradición a España desde Inglaterra en 1998-, no dejan de ser inapropiadas y auto-justificadas para posiciones oportunistas como las suyas. No hay comentarios de estudiantes reprimidos por querer terminar la ley de Pinochet de que la educación sea un derecho... comercial!. No hay palabras de trabajadores o de pobladores. Tampoco se entrevista a Mapuche alguno o a esos más de dos millones de jóvenes que no se inscriben en el registro electoral por no sentirse representados para nada por “el éxito a la chilena”. ¿Conversó David Rieff con tan solo uno de los miles de estudiantes chilenos que no pueden entrar a estudios superiores porque la educación es, tanto pública como privada, inalcanzable para el pueblo, y que la enseñanza “entregada” por el sector “público” es tan deplorable que más del 80% de los estudiantes la Prueba de Selección Universitaria no logra aprobarla? Obviamente, no anduvo, como Atahualpa Yupanqui, por esos lados donde se veía tanta miseria como para decir: “Dios por aquí... Y no pasó”. Ni estuvo cercano a ese “Chile (que aún) limita al centro de la injusticia” de que Violeta Parra canta cada día más libertaria.

Tampoco es justificable que Rieff muestre como éxito “el haber enjuiciado a más criminales de la dictadura que en otros lugares” como se lo atribuye a la Presidenta Bachelet. Magra recompensa cuando el tirano, familia y muchos otros, siguen gozando de buena salud: como para morirse en su casa, o para estar en el centro de un bienestar económico de un país ausente de toda equidad. (Chile presenta una creciente falta de equidad y se ubica entre las 6 peores del mundo... De eso no se dice palabra alguna). Tampoco hace mención de la represión persistente, con las leyes anti-terroristas de Pinochet, contra el pueblo Mapuche y que le valen al gobierno chileno por 17 años de “democracia sostenida” la condena de la Comisión de Derechos Humanos de las NU. El artículo tiene un sesgo enorme: como que trata de decir “lo que pasó, pasó ¿y qué?”. Es decir, ¿ya llegamos a poder decir “Borrón y cuenta nueva”? Y eso es inmoral. ¿Fue a ver a los dirigentes Mapuche en huelga de hambre?

La saga de Chile, en sus orígenes internacionales, proviene de la persistencia en evitarle al imperio los malos ratos de la mala reputación y permitirle que siga tranquilamente sacando riquezas del país. Es la complicidad y la fuente de beneficios de los gobernantes. Sin embargo, este es el Chile con un “futuro nuevo, globalizado, neo-liberalizado”, hecho con la punta de las bayonetas de Pinochet, apoyado en cada paso por los EEUU, y apuntándolas contra el pueblo chileno. Y que la derecha internacional propulsada por Reagan, Tatcher, apoyados por los Milton Friedman del mundo, igual que por el Consenso de Washington o la Organización (de marras) Mundial del Comerciose aseguraron en imponerlas también al resto del mundo. Demasiados de los hombres “nuevos” de los gobiernos chilenos post Pinochet se creen de una nueva cepa: sin embargo, huelen igualito. Este artículo del New York Times, -a pesar de la reputación de ser el hijo de Susan Sontag-, tiene el problema de que ni siquiera pasa el test del mal olor (the “smell test”), como sucede con todo lo que sea justificar crímenes y corrupción. Quisiera creer que el autor no intenta lo que su artículo consigue: hacer un eufemismo con la realidad chilena. Vestirla de triunfo y de éxito (esa economía que está “booming”) revela superficialidad de su parte. Y allí se pierde. Comete el error de no preguntarse para quien es ese éxito. Chile es y ha sido desde que la Concertación tomó el gobierno, un gobierno para un sector enriquecido del país. Un sector que es parte del nuevo Chile, de unos pocos. Por eso pienso que termina poniéndose al lado de los que profitaron y profitan. Una lástima porque no entiende de que ese país es mucho más que los que lo controlan y pretenden dominarlo dicen. Las observaciones de los pretendidos dueños han sido tomadas por Rieff como si fueran verdades. Y no lo son. Son el espejismo que la sociedad chilena pretende ser. Y esto concuerda con el hecho de que David Rieff sólo piensa en que el Imperio USA es lo único que existe y no hay más alternativas. Lo acepta y, vemos, lo justifica. Al gobierno le puede ayudar. A Chile no. En Chile no es la “estética” la que no corresponde, como se dice en el artículo, sino que es la estítica mentalidad de una clase oportunista que cabalga sobre la falsedad de la historia oficial chilena y que, peor aún, la justifica (y goza)! La democracia participativa, la que debe venir dejando de lado el engaño que se vive allí y en otros lados, aún no ha llegado. Indigna que entre gobierno y “oposición” nos presenten ese extraño animalejo, malformado y no viable de los acuerdos Concertación-Alianza. ¿Para servirle a quién?

Porque no es a los estudiantes ni al derecho a la educación que David Rieff ni siquiera se preocupa en conocer. ¿Escuchó Rieff que en Chile se habla también de alternativas como la Asamblea Constituyente? Su viaje fue para el lado de la gente linda, los que creen saberlo todo: nada de pueblo ni de oposición. Vemos sólo un alto grado de actitudes triunfalistas oportunistas que no pueden durar por siempre. Las contradicciones entre el pueblo y los dos grupos que se disputan el poder, de donde salen los “informadores” del autor, siguen siendo muy grandes. La sociedad chilena sigue atrapada en una red neoliberal que permite grandes ganancias para especuladores, empresas mineras e inversionistas extranjeros. El tiempo de la justicia, de la equidad y de una verdadero despegue para el pueblo chileno está aún por venir. Y pienso que viene. Pero vendrá con participación popular real en una nueva versión democrática: no con la Constitución “re-peinada” del gobierno o la democracia representativa que es un fiasco en todo el mundo.

José Venturelli

Pediatra

45 North Oval,

Hamilton, Ontario (L8S 3Y7)

venturellijc@hotmail.com

RUT 4.309.228-6




[1][1] ver http://www.jornada.unam.mx/2007/09/30/index.php?section=opinion&article=030a1mun