Raúl Gutiérrez V., editor del GRANVALPARAISO.CL

Tetas, culos y confidencias de putillas inundan pantallas de la tele y portadas de diarios, pero sexo en vivo se hace más escaso, al decir de afligidas treinteañeras

LAS CHILENAS TREINTEAÑERAS y con mayor razón las de categorías superiores están sufriendo penurias sexuales, escasez de sexo, insuficiencia de pene, para ser más exactos. La denuncia la realizó corajudamente el semanario “Ya”, que publica los martes El Mercurio y que pareciera infiltrado por los enemigos de las feministas que gobiernan el país, esas cuyo discurso destaca las supuestas virtudes naturales de las mujeres y destila indisimulado desprecio por los varones.

Los efectos de la machacona difusión de aquel mensaje, en particular desde el reestablecimiento de la democracia, se están haciendo sentir: un número creciente de varones, no ya de sesentones ni septuagenarios, sino de tipos jóvenes en la flor de la vida, treinteañeros si se nos exige mayor precisión, están eludiendo a las mujeres, según consigna el reportaje “Poco sexo a los treinta”. Se advierte que la apatía sexual en las parejas jóvenes después de que se han instalado a vivir juntas constituye un fenómeno cada vez más frecuente: él y ella comparten múltiples intereses, pero mantienen escasa vida sexual.

No es un fenómeno exclusivo de Chile, sino que también se está dando en otros países del mundo occidental en el que las feministas han ganado posiciones con un discurso agresivo contra el varón, desatando una guerra de los sexos bastante curiosa porque en ella es uno sólo es el bando que lucha, en tanto que el otro se limita a recibir golpes y descalificaciones. Según un sondeo del diario francés “Le Figaro”, el 25% de las mujeres y el 15% de los franceses entre 25 y 35 años declara vivir en situación de “penuria sexual”. Un concepto acuñado ya en publicaciones internacionales especializadas y que sugiere que se trata de un fenómeno social de envergadura y con creciente incidencia. Nótese que quienes se declaran víctimas de la penuria sexual en Francia son muchas más mujeres que varones.

Advierte el reportaje de la revista Ya que aunque en Chile no hay estudios acerca de la cuantía de la disminución de encuentros íntimos entre las parejas jóvenes, la experiencia en consultas de algunos expertos deja entrever cambios importantes en la sexualidad de estas parejas y en las necesidades, ojo, de la mujer. Si antes era tradicional que ellas alegaran dolores de cabeza o premenstruales o el período de la regla para eludir el cumplimiento de las llamadas “obligaciones conyugales”, ahora son los hombres los que parecen refractarios y el efecto sobre las mujeres resulta devastador a juzgar por los testimonios que se consignan.

NOSTALGIA POR LOS MACHOS DE OTRA EPOCA

“No sé qué pasó, llegué a preguntarme si era homosexual o tenía otra mujer, pero simplemente dejó de haber sexo entre nosotros. Varias veces terminé llorando y preguntándome qué pasaba. Cuando le preguntaba me decía “sí, te quiero, pero estoy cansado” y así pasaron dos años de matrimonio”. Quien formula esta confidencia se hace llamar Fabiola, pero podría tener muchos otros nombres. La mujer intentó todo para salvar la relación, desde hablar con su pareja hasta ir a terapias y psicólogos, pero no hubo caso. Y se pregunta entonces la cronista: ¿qué pasa entre las parejas jóvenes en el último tiempo que han visto disminuir y hasta desaparecer su interés sexual?

A juicio de un supuesto especialista mencionado en la crónica, la causa de fondo la constituye la constante búsqueda de paridad entre hombres y mujeres. “Está bien procurar esta paridad en el plano de lo social o laboral, pero no debiera existir paridad en lo sexual pues los roles comienzan a desdibujarse”. Agrega el supuesto especialista que la sexualidad requiere desigualdad, dos cosas distintas que buscan acoplamiento, tiene que haber tensión, conducta y roles diferentes. A esta pachotada del patán con patente de psicólogo podríamos replicar de que por siglos causó enorme daño adscribir a hombres y mujeres roles rígidos, supuestamente determinados por la naturaleza. Es completamente imprescindible que en una pareja haya flexibilidad en los supuestos roles, que alguna veces la mujer se comporte agresiva o tomando la iniciativa y que en otras ese papel lo asuma el varón. A la luz de las reflexiones que efectúa el supuesto especialista, el remedio que él promueve sería más pernicioso que la enfermedad.

Agrega en todo caso el supuesto especialista un elemento de diagnóstico que es bastante representativo de lo que uno escucha decir a numerosas mujeres en este país dominado por las hembristas y es que, “curiosamente”, cada vez hay menos hombres que se comporten “como tales”. El nostálgico comentario alude a varones que satisfagan los estándares a que por siglos estuvieron acostumbradas las féminas, es decir hombres fuertes, que toman la iniciativa, que traten como dama a la mujer, muy corteses y caballerosos, pero que dejan claro quién lleva el pandero en la relación y que asumen también, por cierto, el papel de proveedores... o sea, hombres al estilo tradicional.

LA SILENCIOSA REBELIÓN DE LOS PENES

Cuando se habla por todos lados de la igualdad de derechos, pero se conceden ventajas indebidas a las mujeres en tan diversos aspectos; cuando los hombres son considerados culpables a priori en todo problema que se suscite al interior de la familia; cuando hay un discurso oficial que sugiere que los machos son más torpes, abrutados, irresponsables, atarantados, ineptos, que sólo piensan “en eso”; en fin, cuando toda esa maquinaria ideológica recae sobre un determinado género, las consecuencias terminan siendo que el pene de los varones se intimida y retrocede asustado. El órgano sexual masculino se declara en huelga en protesta por el trato vejatorio a que se viene sometiendo en forma impune al sexo masculino y a sus características tradicionales.

Las mujeres están pagando las consecuencias y dándose cuenta de que si en otra época, como se relata en Lisístrata, la célebre comedia griega de hace 2.500 años, la huelga sexual femenina provocó el desasosiego de los varones hasta el punto de hacerlos resistir en sus locuras bélicas, ahora esta huelga silenciosa puede tener efectos devastadores en la psiquis de las chilenas porque una enamorada de su pareja parece ser incapaz de comprender que su amado manifieste desinterés sexual. Si para el hombre era en otra época perturbador, o mejor bien dicho, masturbador el hecho de que su compañera de cama alegara dolor de cabeza o molestias premenstruales para darse vuelta tras acostarse y apagar la luz, el caso de la mujer el desinterés del varón gatilla un sentimiento de inseguridad psicológica.

Los varones y la sabiduría popular sentencian que un mujer que luce irritable, desaliñada, tensa, está falta de pene y así se lo dicen sin ambages los hijos a sus madres separadas y los alumnos a sus profesoras. Los varones y esa sabiduría popular tienen conciencia, de otra parte, que cuando una mujer está satisfecha sexualmente parece caminar sobre nubes, su rostro se muestra distendido y se le nota satisfecha, contenta.

¿Qué sucederá en un país en el que un porcentaje creciente de la mayoría nacional, es decir, de las mujeres, las cuales representan el 52% de la población, empiezan a sufrir los efecto de la penuria sexual? ¿Qué sucederá con las decisiones que adopten el número creciente de ministras, seremis, subsecretarias, intendentas, directoras, ejecutivas? ¿Qué saca el país con acumular un cuantioso superávit estructural en sus cuentas macroeconómicas si sus mujeres se ven afectadas por porcentajes crecientes de penuria sexual? Si la revista femenina de un diario conservador como es El Mercurio se atreve a plantear el problema es porque éste ha adquirido ya dimensiones que amenazan con convertirse en una silenciosa pero no menos dañina catástrofe nacional.