Jacobo Schatan
¿ De qué hablamos cuando hablamos de globalización? Pues nada menos que de ese difuso y confuso proceso que ha logrado introducirse por casi todas las rendijas de la casa mundial y que abarca a prácticamente todas las esferas de la actividad humana. En su base se encuentra la noción ? engañosamente promovida por los beneficiarios principales de dicho proceso- que postula que, gracias a la facilidad para diseminar con la velocidad de la luz noticias, ideas, propaganda comercial, política o cultura, los países pobres del mundo, los llamados ?subdesarrollados del Sur?, podrán participar del banquete en que desde hace ya un buen rato están instalados los comensales del ?Norte desarrollado?. Pero estos comensales del Norte, más algunos privilegiados del Sur, necesitan que adhieran constantemente nuevos participantes en el banquete, aunque con platillos menos abundantes o sofisticados. Para ello, están promoviendo vigorosamente la implantación en todas partes del libre mercado, del libre comercio, del libre movimiento de capitales, y algunos otros ?libres? más, que encapsulan en el concepto de ?mundo libre y democrático?. Todo ello, según afirman, en nombre del bienestar universal y, por consiguiente, es necesario que todos se unan al Mercado Global.
Mas, estas promesas son falsas. Lo que principalmente buscan los promotores de este nuevo modelo es continuar aumentando su parte en la ya muy desigual distribución de los frutos generados por la actividad humana en el planeta. Ello está en la base de la finalidad misma, de la supervivencia de las cada vez más grandes empresas transnacionales que controlan buena parte de la actividad económica mundial. El avance tecnológico, herramienta indispensable de esas empresas, torna estrechos los mercados nacionales e inclusive los regionales. Por ello les resulta indispensable conquistar nuevos mercados, a la vez que mayores cuotas dentro del mercado global en constante expansión. Para lograrlo, procuran disminuir sus costos para así competir mejor. La práctica de las fusiones de empresas tiene ese objetivo: llevarse un pedazo cada vez mayor de la creciente torta económica mundial y, por lo tanto, de las ganancias por ella generados. ¿ En qué se beneficio el resto, entonces? Pues en muy poco, como luego veremos .
En una mirada a vuelo de pájaro, podríamos señalar sintéticamente que la economía hoy día funciona de la siguiente manera: 1) una gran parte de las relaciones de intercambio se dan en un plano de total desigualdad entre las partes, ya que una de ellas siempre gana, porque tiene el poder para imponer sus propias condiciones, y, para el que pierde ello significa, en palabras de Franz Hinkelammert, un distinguido cientista social europeo, una condena a muerte. Dice Hinkelammert en un reciente artículo: ? no se puede tener la competitividad como criterio central del desarrollo económico. La competitividad hace que siempre haya alguien que gane y alguien que pierda. Para quien pierde eso equivale a una condena a muerte. El mercado decide por la pena capital. La competencia es una especie de guerra, con todas las consecuencias de una guerra caliente. Un desarrollo gneralizado sólo es posible interviniendo en los mercados, de manera que quien pierde la competencia no sea condenado a muerte?. (1)
2) Esta desigualdad se registra tanto entre naciones como al interior de cada nación, aunque la madeja ?inter-intra? es a veces difícil de desenredar, puesto que los intereses dominantes al interior de las naciones se encuentran íntimamente entrelazados con los de las grandes empresas transnacionales.
3) Las fronteras y la soberanía de cada país están siendo sobrepasadas largamente por obra de la apertura comercial y financiera, caballo de batalla del credo neoliberal; inclusive muchos Estados nacionales están perdiendo su capacidad de controlar el poder desmedido y creciente de las empresas transnacionales.
4) Los avances tecnológicos, especialmente en informática y biotecnología, han facilitado este proceso de disolución de las culturas y autonomías nacionales, lo que se percibe a través de la penetración de modos de consumo y producción, cuyo fin último radica en la obtención de la máxima ganancia monetaria por parte del proveedor de los bienes y servicios que habrán de utilizar seres humanos de todo el planeta. Es decir, la energía que mueve la locomotora que arrastra la actividad económica es una mezcla de máximo lucro por transacción realizada, y de máxima rapidez para cada transacción.
5) ¿Cuáles son los resultados? ¡Pues nefastos para la mayor parte de la población del planeta! Nefastos, sin ambages. En primer lugar, la desigualdad transaccional proviene de un reparto extraordinariamente inequitativo de los beneficios resultantes de la actividad humana que participó en la generación de los bienes y servicios transados. La mayor parte de tales beneficios ? expresados en términos monetarios- son apropiados por relativamente pocas de las partes intervinientes, por un grupo de ricos y super-ricos de distintas nacionalidades. En el extremo opuesto encontramos que los participantes más débiles soportan diversos grados de pobreza. En el caso de Chile esta situación abarca a casi dos tercios de la población total. En segundo lugar, encontramos la destrucción progresiva de los recursos naturales y la contaminación agresiva del aire de las ciudades, de las aguas, del suelo. Buena parte de lo que se considera ?avance? o ?progreso?, y que se mide por el método de las cuentas nacionales, no es sino una ficción, ya que estamos midiendo con signo positivo lo que debería restarse del Producto, puesto que es destrucción de patrimonio. Pero veamos todo esto con mayor detalle.
Las explotaciones
Si desnudamos el discurso neoliberal mundializante de su retórica ?marquetera?,
que tanto entusiasmo ha despertado en variados círculos, veremos que los supuestos beneficios de la globalización y de la ?libertad de emprender? se afincan en un incremento notable de la explotación, tanto de seres humanos como de la naturaleza. Para los objetivos de este ensayo examinaremos brevemente cuatro categorías de explotación, que están íntimamente interrelacionadas. Las tres primeras corresponden a la explotación de unos seres humanos por otros humanos y la cuarta a la explotación que el conjunto de la humanidad ejerce con respecto a los recursos naturales. Tomaré el caso de Chile como ejemplo.
a) Explotación laboral y distribución del ingreso.
En primer lugar tenemos la clásica explotación de los trabajadores en sus diferentes modalidades: formal asalariado, informal, temporal, a trato, entre otras. Ella se refleja en los muy bajos salarios que se pagan a las grandes masas de trabajadores, en contraste con los elevados ingresos de los dueños y de los operadores del capital . En Chile, por ejemplo, la distribución entre ganancias de las empresas y salarios brutos de los trabajadores se ha tornado muy desfavorable para estos últimos en el curso del último cuarto de siglo. Los beneficios de la modernización, del crecimiento económico y de la globalización ( apertura de mercados y desarrollo de nuevas actividades) han ido a parar de manera desproporcionada a los bolsillos de esa minoría privilegiada. De acuerdo con cálculos de las Cuentas Nacionales del Banco Central de Chile, la relación entre la masa total de remuneraciones de asalariados y la masa total de los excedentes de explotación alcanzaba en el año
Debemos tener presente que Chile es uno de los países con mayor desigualdad económica y social en América Latina. De acuerdo con cálculos propios basados en cifras de
b) La explotación de los consumidores
Pero los seres humanos no sólo son explotados a través de los bajos salarios y las extensas jornadas laborales. Cuando se transforman de trabajadores en consumidores son explotados nuevamente, por la vía de los elevados márgenes de ganancia de las empresas distribuidoras mayoristas y de las vendedoras al detalle y por la de los intereses cobrados por las ventas a crédito, tarea en la que son acompañadas por el sistema bancario. Debemos destacar que más del 60% de los chilenos está endeudado. El 20% más pobre debía en 1997 el equivalente a tres cuartas partes de su ingreso (3) [ datos del INE, Encuesta de ingreso y gasto de los hogares 1997-98]. A la explotación por sobreprecio hay que sumar la gran cantidad de cosas inútiles que la propaganda comercial masiva incita a consumir. Con la globalización y la liberalización de los mercados han llegado a nuestras remotas tierras cantidades enormes de productos exóticos y superfluos en alta proporción, además de otros necesarios o menos inútiles. Han llegado, también, hábitos indeseables de consumo, por ejemplo las comidas chatarras , ricas en grasas y azúcares, que provocan diversas enfermedades, como la obesidad. Chile se está transformando en un país de obesos. Buenas tierras cultivables, que podrían alimentar a los hambrientos de Chile y del mundo, se usan para criar y engordar animales, que luego engordan a las personas, las que terminan en hospitales y clínicas privadas. ¡ Ejemplo claro de despilfarro de recursos en diversos frentes!
Como sabemos, el modelo económico neoliberal vigente persigue la máxima libertad para comerciar, para mover capitales de un lado a otro del planeta, y para persuadir a los habitantes de remotos confines a que consuman los bienes y servicios producidos y comercializados por grandes empresas transnacionales, a veces con el apoyo de sus socios nacionales. Descansando en una propaganda comercial científicamente estudiada, se van imponiendo ciertos patrones de consumo que inducen a la población a comprar determinados artículos, marcas, o a fomentar ciertos gustos por la comida, la ropa, el modo de vida en general que pertenecen a las culturas de las naciones ricas, especialmente la estadounidense, y que son funcionales al objetivo de aumentar las ventas y las ganancias de esas empresas. Por imitación programada, los deseos se transforman en necesidades.
Es decir, para tales empresas y para las que les elaboran la propaganda, o para las que les venden los insumos técnicos, los seres humanos en general son considerados principalmente como destinatarios finales de esos bienes y servicios, o sea como consumidores. Pero, obviamente, en la práctica sólo cuentan aquellos consumidores que tienen los recursos económicos suficientes como para adquirir lo que aquellas tienen para ofrecerles. Los demás importan poco; comienzan a ser considerados como componentes desechables de la sociedad humana, quienes, para evitarlo, deben endeudarse masivamente, como ya se dijo. Este ejemplo, que podríamos extender a otros bienes y servicios, nos permite comenzar a visualizar el complejo entramado de las relaciones de producción y consumo, que normalmente no se discuten, no se enseñan, no se hacen públicas.
c) La tercera explotación: Goliat derrota a David.
En tercer lugar, encontramos la explotación que grandes empresas de producción o servicios ejercen sobre sus proveedores de menor tamaño y poder, al pagarles precios muy bajos por sus artículos y servicios y en condiciones financieras también leoninas. Aquí encontramos una situación de cuasi-monopsonio, en la cual el comprador puede imponer las condiciones de la transacción a su amaño. Este es un punto igualmente importante, ya que se trata de un tipo de explotación que es desconocida para la mayoría de la gente. Entramos al interior del mundo de los negocios, en el que los más poderosos estrujan a los más débiles, a los múltiples proveedores de los diversos bienes que esas empresas entregan al consumidor final. Este es un caso muy frecuente en las cadenas de supermercados o de farmacias, por ejemplo. Pero no todos los proveedores son iguales en tamaño y poder de negociación. Entre ellos encontramos empresas muy grandes, enormes, como por ejemplo
En otras palabras, encontramos en las distintas fases del proceso económico un enfrentamiento entre David y Goliat, pero que, a diferencia de los personajes bíblicos, el triunfo en nuestras sociedades actuales tiende a llevárselo Goliat. Por ello podríamos decir que la globalización es, en realidad, la ?Goliatización?. La lucha por la conquista de una mayor tajada en los mercados mundiales obliga a las empresas a disminuir costos, u ofrecer nuevos productos, para lo cual se funden con otras empresas, o las compran, creando nuevas entidades de mayor tamaño. Es un proceso que se va acelerando. Cada día leemos en los periódicos acerca de nuevas fusiones, en EE.UU., en Europa, en Asia, en América Latina, entre regiones, entre países. Dentro de pocos años serán unas pocas empresas las que dominarán los mercados de diferentes ramas. Y con cada fusión se despide a una cierta cantidad de trabajadores, de distintas edades, antigüedades laborales y especialidades. Al parecer, hoy día ya no importa tanto la calificación del trabajador ?aunque sigue siendo un factor relevante ? puesto que comenzamos a ver cómo emerge una cesantía ilustrada. Peor todavía es la situación de los trabajadores de menor rango, cuyas posibilidades de ?reciclarse? son mucho menores. Los promotores de la globalización son acérrimos partidarios de la reconversión laboral, así como de la microempresarización de los trabajadores cesantes. Es el ?do it yourself?, que muestran como camino de liberación del yugo del trabajo asalariado. Es la forma de ?dorar la píldora?, para que el trago no resulte tan amargo. Porque, como la experiencia lo demuestra, no son muchos los microempresarios, urbanos o rurales, que logran alcanzar una posición de adecuada solvencia económica. Para la gran mayoría la situación de miseria no varía demasiado, y a veces incluso empeora cuando pierden sus fuentes seguras de ingreso.
Viviane Forrester, en su libro de hace pocos años EL HORROR ECONÓMICO, (4) ,que tuvo mucho éxito en Europa, describe con maestría el drama humano que se está viviendo en Francia y en otros países europeos, con motivo del altísimo nivel de desempleo registrado en los años recientes, y no puedo resistir la tentación de citar algunos párrafos del mismo: ?...ha comenzado la era del liberalismo... su dominio impone un sistema imperioso, totalitario, pero por el momento incluido en la democracia y por lo tanto atemperado, limitado, acallado, disimulado, sin ostentaciones ni proclamas. En verdad, vivimos la violencia de la calma. Los efectos de este sistema... suelen ser criminales y hasta mortíferos...Se deja decaer y morir a la gente; se atribuye la responsabilidad a los que caen, a las multitudes discretas de desempleados que supuestamente deberían tener trabajo o esforzarse para conseguirlo, a los que se ordena buscarlo aun cuando es de conocimiento público que la fuente se ha agotado...Las angustias del trabajo perdido se viven en todos los niveles de la escala social...Todo se vuelve frágil, incluso la vivienda. La calle se aproxima...¿ qué correlación razonable puede haber, por ejemplo, entre perder el trabajo y hacerse echar a la calle? Ser arrojado a la calle por no poder seguir pagando un alquiler debido a que no se tiene más trabajo, es un castigo propio de la locura, de la perversidad deliberada...? Esto, en Europa, que tiene una red de protección social más o menos razonable. ¿ Qué diría Viviane Forrester en Chile, o en Brasil, u hoy en
Es contra este proceso que se debe luchar, porque atenta contra la ética más elemental que debería regir las relaciones humanas. Pero hay más. Tenemos que enfrentar la cuarta forma de explotación, que es aquella que atenta contra la naturaleza, base de sustentación de la vida en el planeta.
d) La cuarta explotación: la que contamina y destruye los recursos naturales.
Tanto a nivel nacional como regional y mundial, el crecimiento económico registrado se ha basado en una gran medida en la explotación irrestricta de recursos naturales ? minerales, pesqueros, forestales, agrícolas ? que se han transferido desde el Sur a los países del Norte. En los catorce años anteriores a 1999 el Producto Bruto Interno de Chile creció a tasas extraordinariamente elevadas, empujado por los sectores exportadores, sobre todo de materias primas de origen natural con un bajo grado de procesamiento. Se decía que el empuje exportador era indispensable para que nuestra economía y la calidad de vida en nuestra sociedad pudieran mejorar sustantivamente. Pero, como vimos, no sólo no mejoró la calidad de vida de buena parte de la población chilena, dado que los beneficios fueron a dar a una minoría privilegiada, nacional y extranjera, sino que en el curso de este proceso nos fuimos comiendo buena parte del patrimonio natural, irrecuperable en un alto porcentaje, por tratarse de recursos no renovables, como son los de la minería. ¡Y eso lo hemos contabilizado como un incremento de nuestros ingresos! Esta aberración constituye uno de los peores abusos y engaños del modelo neoliberal que se nos ha impuesto. Un ejemplo: estamos enfrentando una severa crisis en el sector pesquero por la disminución de la biomasa marina, debido a la sobreexplotación. Otro ejemplo: buena parte del territorio agrícola ? alrededor de dos tercios - se encuentra en franco proceso de erosión y desertificación . En una oportunidad escribí un artículo para el difunto diario
Al mismo tiempo, hemos presenciado la continuada destrucción del bosque nativo, por sobreexplotación de maderas finas para muebles, por la fabricación de astillas como materia prima para la fabricación en Japón de papeles especiales o por extracción desmedida de leña por parte de campesinos que no disponen de otros elementos para cocinar o calefaccionar sus viviendas, o simplemente por falta de una política racional de conservación de ese valioso recurso natural. Y, junto con el bosque nativo, se va la muy rica diversidad de especies animales y vegetales que allí cohabita con los árboles. Para que hablar de la minería, que sufre la pérdida de millones de toneladas anuales de recursos que nunca se repondrán, y cuyas reservas, por lo que se sabe, son limitadas. En el caso del cobre, nuestro principal recurso minero, se estima que las reservas alcanzan para unos 40 o 45 años más, al actual ritmo de producción.
El mito de la democracia neoliberal
Podríamos seguir con numerosos otros ejemplos de la irracionalidad de nuestro modelo de desarrollo, impulsado por la codicia, por el afán de lucro desmedido de unos cuantos, todo ello en nombre de una pretendida modernidad, de una aún más pretendida libertad de emprendimiento, que va unida a la ?libertad para escoger? del gurú del neoliberalismo, Milton Friedmann, y todo ello disfrazado de ?democracia?. ¿ Cómo puede sostenerse que tenemos una democracia económica, cuando más de la mitad de la población trabaja para apenas mal sobrevivir y en beneficio del 10 o 15 por ciento más rico? Y ello sin hablar de otros aspectos de naturaleza política: la participación, la representación, los derechos humanos, etc.
Frente a diagnósticos como el que se ha presentado en páginas anteriores suele argumentarse que no podemos quedarnos en esa fase de denuncia y análisis y que es necesario avanzar en la búsqueda de soluciones concretas. Pero, estando de acuerdo con ello, creo necesario aclarar dos cosas: primero, que una sola persona o aún un grupo - investigadores universitarios, funcionarios públicos, etc. ? pueden, solos, arrogarse una responsabilidad tan grande. Esta es una tarea que compete a todos los estratos de la sociedad, incluyendo tanto a los débiles como a los poderosos, a los de baja calificación técnica o intelectual como a los pensadores más ilustres. Es necesario encontrar las vías para una participación efectiva de los muy numerosos y muy diversos grupos sociales, y para ello es indispensable tener como brújulas al menos dos elementos: el de la humildad y el de la ética. La segunda aclaración es que el diagnóstico, si bien es insuficiente, constituye la primera parte ? y una parte harto importante ? del proceso de cambio de rumbo hacia un desarrollo equitativo y sostenible. En este punto quisiera insistir en que necesitamos tener diagnósticos fidedignos de la realidad social. No podemos seguir engañándonos con imágenes idílicas de nación, basados en datos promedios que engloban situaciones muy disímiles y que tienden a ocultar las injusticias prevalecientes. No podemos continuar aceptando la falsa noción de que ?democracia? y ?neoliberalismo? son compatibles. No lo pueden ser, por la esencia misma del capitalismo neoliberal, que es antidemocrática.
Sin embargo, es necesario, junto con afinar el diagnóstico, que las sociedades pasen a la acción, a fin de lograr la triple meta de alcanzar una mayor equidad, una mejor calidad de vida para todos y la sustentabilidad ambiental. Ello implica, por un lado, que los principales beneficiarios actuales tengan que ceder una fracción de sus respectivas participaciones en el reparto del fruto económico y de sus privilegios a fin de poder mejorar la situación de los demás. Y ello es perfectamente factible dado que la proporción actual del ingreso que se llevan en Chile los más ricos es tan grande,( el 20% más rico de apropia del 60-62% del ingreso nacional) bastaría la cesión de fracciones relativamente pequeños de su ingreso para satisfacer los déficits del 50% más pobre de la población. De otro lado, ese mejoramiento del conjunto, con una nueva distribución de los beneficios no debe acarrear un resultado ambientalmente desastroso, que traspase los límites impuestos por la naturaleza. En otras palabras, se trata de llegar a un equilibrio multidimensional, con esos tres lados acercándose lo más posible a un triángulo equilátero.
¿Cómo repartir mejor? Simplificando, diré que podemos distinguir las siguientes vías: al interior del sector privado, 1) mediante el crecimiento de los salarios con mayor rapidez que las ganancias del capital y que los sueldos de los altos ejecutivos; 2) mediante el mejoramiento de lo que podríamos llamar los términos del intercambio entre consumidores y productores/distribuidores, a la vez que entre productores grandes y proveedores pequeños. En segundo lugar, una parte importante debe pasar necesariamente por el Estado, y ello por la vía tributaria, principalmente, para que el Estado pueda mejorar las remuneraciones de sus propios funcionarios y para que pueda realizar las inversiones en obras públicas, en educación, en salud, en el gasto social, etc.
¿Cómo utilizar mejor los recursos naturales? Simplificando nuevamente, quisiera señalar que: (i) ya se aplican en muchos países técnicas que permiten producir más con la misma cantidad de materia prima, o usar menos para producir la misma cantidad de bienes. En países europeos se está trabajando seriamente para reducir hasta en un 90% el uso de materias primas naturales (por ejemplo el Instituto Wuppertal de Alemania y otros ). (ii) es factible disminuir el consumo excesivo de una gran cantidad de bienes innecesarios por parte de quienes reciben ingresos más altos, a través de una educación destinada a abrir los ojos de los individuos en esta materia desde su más temprana edad. En este sentido las numerosos asociaciones de consumidores que existen en muchos países, junto con proseguir en su loable tarea de defender a los consumidores contra prácticas engañosas de venta, debieran participar activamente en el esfuerzo de educar a las personas a consumir solamente lo necesario, y a distinguir entre productos y servicios según sea el grado de daño ambiental que su elaboración ocasione. Esto requeriría, naturalmente, una información apropiada acerca de los orígenes de los diferentes productos que se crean y comercian y su efecto sobre la naturaleza (iii) en esta misma línea, debiera disminuir la dependencia de las naciones del Sur de capitales transnacionales, así como liberarse de la necesidad imperiosa de exportar recursos naturales para poder pagar importaciones no indispensables. Al disminuir la presión consumista disminuirá también la presión productivista.
Es legítimo preguntarse, y son muchos ya que lo están haciendo, respecto a que pasará con el empleo en un escenario semejante. Obviamente, la respuesta no es sencilla y habrá que pensar en una malla de soluciones. De una parte, habrá que disminuir la carga laboral, con menos horas por semana pero ganando el mismo salario, para que puedan trabajar más personas; ello ya se está practicando en algunos países europeos. Ello implicaría necesariamente transferir a salarios una parte de las utilidades excesivas de las grandes empresas, pero eso es justamente el meollo de las cesiones de cuota de beneficios a que nos referimos en el apartado anterior.
De otra parte, habría que privilegiar el desarrollo de actividades que proporcionen más empleo por unidad de producto o servicio. Reiteramos lo dicho en cuanto a que la explotación y exportación masiva de recursos naturales, con poco procesamiento, da origen a poco empleo en los lugares de origen. Por tal motivo, las políticas de fomento productivo habrán de dirigirse hacia esta finalidad, lo cual significa que el Estado debe imperiosamente recuperar su rol protagónico en estas materias. En un cuadro de este tipo, con un Estado que recibe mayores recursos financieros y que se preocupe seriamente por la situación social de las grandes mayorías, se habrán de crear necesariamente actividades destinadas a atender las demandas de los niños, los ancianos y otros grupos vulnerables. El sector social requerirá la creación de muchos puestos de trabajo, y no solamente, o exclusivamente, dentro del ámbito del sector público sino que también dentro del sector privado, o del tercer sector de las ONG. Asímismo, habrán de crearse puestos de trabajo en las áreas de la cultura, la investigación científico-técnica, el deporte, etc.
El tema del empleo en el futuro , en el contexto de las tendencias actuales de la globalización , debe ir acompañado necesariamente de estudios y acciones más a fondo en el área demográfica. El crecimiento de la población, conjuntamente con el gradual envejecimiento de la misma, la situación de la seguridad social y la edad para jubilar, la concentración territorial, especialmente en las grandes ciudades, entre otras materias conexas, plantea serios desafíos al buscado mejoramiento en la calidad de vida para todos. Este es un tema que la comunidad internacional deberá encarar con seriedad de una vez por todas.
En fin, podríamos seguir por largo tiempo en este camino de análisis, pero creo que basta con la botonería de muestra para que comencemos a comprender porqué debemos tomar este problema con un carácter sistémico. Tengo claro que no debemos agotar nuestras energías en una batalla de enormes proporciones contra las tendencias globalizantes de la actualidad, sino que debemos aprovechar los cambios que se están produciendo para tratar de combatir las cuatro (y demás) explotaciónes a que me referí en un comienzo, así como para preservar el equilibrio planetario.
Por último : si en un plazo razonable (10 años o menos) lográsemos ponernos de acuerdo ? local e internacionalmente ? sobre los aspectos principales del diagnóstico- del que aquí he presentado sólo algunas pinceladas- y si logramos con antelación iniciar esa gigantesca tarea de diseminar la verdad, de eliminar el engaño a que hemos sido sometidos acerca de las supuestas bondades del modelo económico vigente, y de comenzar a educar a la población en este sentido, podremos decir, con satisfacción, que hemos ingresado a la senda correcta para alcanzar la meta de ATTAC: UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE



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