Rafael Luis Gumucio Rivas
El 21 de diciembre de 2007 se conmemorará el centenario de
En la carnicería de ese 21 de diciembre, los verdugos militares no distinguieron entre obreros, mujeres y niños: arremetieron cruelmente contra todo ser vivo que se les puso al frente; algo asimila esta matanza con los detenidos y luego desaparecidos de la tiranía de Augusto Pinochet, militares para quienes la vida nada vale. Me parece muy poco cristiana la actitud del ex presidente Patricio Aylwin al afirmar que el caso de los detenidos desaparecidos puede estar cerrado, pues es muy difícil encontrar nuevos cadáveres. En Grecia, el derecho rendir homenaje y luego cremar los restos de sus difuntos constituía un
derecho fundamental y lo peor que le podría ocurrir a un ser humano era que sus despojos mortales fueran devorados por los perros, así, Antígona se convirtió en la heroína de la libertad y de la piedad, al desobedecer al tirano Creonte y realizar los funerales de su hermano. En Chile, mientras haya detenidos desaparecidos no podemos hablar ni de ética, ni de democracia.
El sábado 27 de diciembre de 1907 se hermana con el martes 11 de septiembre de 1973; en Iquique, los ingleses bebían champagne celebrando la masacre de los obreros; lo mismo la burguesía el 11 de septiembre de 1973; los muertos hablan por sí solos, nos penan como decían los iquiqueños: sus huesos, calcinados por el sol de la pampa siguen clamando, después de un siglo, y señalando a sus asesinos.
Una utopía salitrera:
Lo que caracteriza a los movimientos obreros y campesinos es tener una esperanza que supera toda desesperanza. En 1903 se publicó en Iquique una novela llamada Tarapacá, donde el personaje principal se llamaba Juanito Zola en homenaje al autor de Yo acuso. Los autores de esta obra fueron Osvaldo López y Nicanor Polo; el primero, gran periodista y obrero de la zona.
Los testigos de
Algunos sobrevivientes como Sixto Rojas y José Santos Morales, en ese entonces miembros del comité central de los pampinos, nos han legado un testimonio fideligno de lo que realmente ocurrió en Iquique. Nicolás Palacios, autor del libro La raza chilena y El roto, tuvo la valentía de relatar, para el diario católico El chileno, la cotidianidad de la huelga de los pampinos en Iquique, lo mismo hicieron Luis Emilio Recabarren, Alejandro Venegas, los diputados Malaquías Concha, Bonifacio Veas y Arturo Alessandri, por medio de artículos e intervenciones en
No todos estos testigos eran anarquistas o socialistas, Arturo Alessandri, por ejemplo,había apoyado, incluso, al candidato de la coalición conservadora, Federico Errázuriz Echaurren. Nicolás Palacios, si bien amaba a los pampinos, sostenía tesis racistas y era contrario al socialismo y al anarquismo. Alejandro Venegas había votado siempre por
Cándidamente, los obreros creían que el gobierno mediaría a favor de ellos –había antecedentes de algunos arbitrajes exitosos; incluso, el movimiento de los ferrocarrileros de Iquique terminó bien gracias al reconocimiento de un salario de 16 peniques por peso -. Cuando llegó el Intendente titular, Carlos Eastman, y el general Silva Renard, acompañados de las tropas de ejército y de la marinería fueron aplaudidos por los huelguistas.
Los dueños británicos de las salitreras no estaban dispuestos a ceder ante las justas peticiones obreras: sostenían que sólo pactarían si los pampinos retomaban el trabajo en las minas; si accedían a conversar perderían, según ellos, la superioridad “moral” sobre sus subordinados, pues estos tenían la ventaja numérica. Incluso, el presidente Montt estuvo dispuesto a conceder un aporte del gobierno para financiar, en parte, las peticiones. Los ingleses rechazaron, de plano, esta iniciativa, sosteniendo la misma martingala de la superioridad moral de los patrones.
El viernes 20 de diciembre, los obreros habían perdido toda esperanza: el Intendente se había entregado a los ingleses y tenía órdenes telegráficas perentorias de proteger la propiedad privada y enviar a todos los obreros a la pampa, terminando con la huelga. En
Los vencedores no tuvieron ninguna compasión con los pocos sobrevivientes, salvo el caso de los médicos del hospital de Iquique, que al menos pudieron salvar a algunos moribundos. El gobierno fue tan mezquino que sólo dio pasaje para las viudas, negando el acceso de los heridos a los barcos; los pampinos terminaron por odiar a aquel país, cuyo gobierno dio la orden de asesinar a sus hermanos, incluso, muchos de ellos se nacionalizaron argentinos, peruanos o bolivianos. Tal repulsa llegó al extremo de que en las siguientes conscripciones, los jóvenes obreros se negaban a servir a un ejército que los había utilizado en
Cuando la inflación condena al hambre a los pampinos
El capitalismo vive de crisis en crisis, de burbuja en burbuja: en 1907 sufría una de las tantas depresiones que, por cierto, afectaban el precio del salitre. Los ingleses, como buenos monopolistas, hacían combinaciones salitreras de tal manera que lograran reducir la producción del salitre y así mantener el precio; por cierto que salía perjudicado el gobierno, que dejaba de percibir los impuestos y, sobre todo, los pampinos porque caían en la cesantía.
El salitre era vendido en oro y en libras esterlinas; estos metales y monedas jamás se devaluaban; el peso chileno, desde antes de
¿Qué demandaban los obreros, en 1907?
La eliminación del sistema de fichas y que mientras se llevaba a cabo, fueran aceptadas por su valor nominal. Las fichas eran una emisión ilegal, pues sólo al Estado le ha correspondido siempre la acuñación de monedas; los obreros permanentemente perdían con as fichas, pues se las cambiaban al 30% menos y sólo servían para comprar en las pulperías de
El pago de jornales al tipo fijo de 18 peniques por peso.
Comercio libre en las salitreras: los vendedores independientes eran considerados contrabandistas y sus compradores se convertían en sus cómplices, siendo castigados con el cepo.
Instalación de una balanza y varas para cotejar los precios y medidas en las pulperías. Se sabe que los pulperos tenían una libra chica, que apenas pesaba la mitad del peso normal.
Demandaban el cierre de los cachuchos y achulladores con rejas de hierro.
La familia de las víctimas de accidente en los cachuchos serán indemnizados entre cinco y diez mil pesos.
Al parar una Oficina, el trabajador tendrá a un desahucio de
Habilitación de locales para escuelas nocturnas de obreros.
No podrá sustituirse o remover a los organizadores del movimiento; si esto ocurriera, deberán ser recompensados con
Los administradores no podrán arrojar a la rampla y aprovechar el caliche de sus operarios sin pagar, previamente, el valor de las carretelas.
Todas estas reivindicaciones eran fundamentalmente económicas, sanitarias, sindicales y educacionales; no hay una sílaba de política, ni menos de revolución.
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