ANÍBAL VENEGAS
No se necesita recurrir a un análisis sociológico exhaustivo –es decir contratar a una empresa que se encargue de esas menesteres- para sacar en limpio lo más básico de nuestro espíritu nacional: la flojera. Por ningún motivo hablo acá de la pereza física, ante todo sabiendo que la mayoría de la población es explotada cual mula de carga por un mínimo salario (que en efecto, apenas alcanza para el kilo de sal). Más bien me refiero a otro tipo de holgazanería: la espiritual e intelectual.
Vaya si es cierto que Chile es una nación de ignorantes. Convierto en papel higiénico el alegato inútil y condescendiente de los ya clásicos “defensores” de la bondad del pueblo, toda vez que me quejo de la estulticia intelectual de la nación. Se me explica que “la gente no tiene la culpa de nada: es el sistema”; “no seas elitista”; “eso es una opinión muy generalizada, existen situaciones atenuantes”; ó “no toda la gente es ignorante, el termino masa de Marx ya no se utiliza, apenas existe” (eso por lo menos, está escrito en los mails que me envían algunos lectores).
Esa argumentación de pacotilla, digna de débiles y mediocres, moralistas de W.C., voceros de la chabacanería, me tiene sin cuidado. En la universidad –o bien la imbecilidad- mis compañeros de facultad siempre se quejaban del grosor de los libros asignados en los diferentes ramos, de lo “complicadas que son esas tonteras”, de lo difícil que es el “inglés” –tanto to be or not to be les sacaba de quicio- de la pérdida de tiempo que implicaba leer tanto drama brechtiano, shakespeareano, nietzscheano y husserliano. Sin embargo, imagino que la terminación de todas estas palabras, “ano”, les encantaba, ya que siempre el menú universitario del estudiante común consistía en puros manjares escatológicos…
Los grandes consumidores de estupidez por tradición y costumbre, han sido los del bajo pueblo, es decir, los gentiles y mocitas que por mala fortuna o idiotez inducida, no pudieron tener un contacto mayor con la cultura y el pensamiento. Los universitarios en cambio, “los futuros dirigentes de la nación”, supuestamente representan la elite docta e instruida, los encargados de enseñar al vulgo el camino correcto por donde conducir sus miserables vidas atormentadas por tanta majadería emanada de la televisión y el gobierno.
Claro, eso sería en otros tiempos. La increíble similitud actual de la juventud chilena con la fauna internacional, es realmente asombrosa. Cada vez más peludos y feos, ridículos y socarrones e incluso hasta tiernos. Durante cinco años no tuve necesidad de ir al zoológico o al circo: junto a mí tenía a juglares, mujeres barbudas, trapecistas, hipopótamos, hienas, elefantes, jirafas, huemules, cuervos y buitres (la confusión me llevó un día a llevarle de regalo un poquito de alpiste a mis compañeros).
¿De dónde surge la insensatez?
La caja inteligente,
Dentro de la mezcolanza de torpeza intelectual, dos o tres veces al año los jóvenes universitarios –hommo no sapiens por ningun motivurus- “protestan”. ¿Qué exigen? Agüita fresca del guanaco, lo suficientemente helada y abundante para bañarse sin tener que pagar el gas y gastar en jabón y sobrecitos de champú. El resto, lo que adorna las reyertas –presos políticos de aquí y más allá, ninguneo gubernamental respecto a las querellas de pigmeos, gnomos y elfos- es pura nadería, monsergas vomitivas cuya importancia, teoría e historia aparecen bien explicadas, sintetizadas y concluidas en Harry Potter y la serie “Dragon Ball Z”.
La estupidez es inherente a esta gente, vienen con fallas desde la fábrica. Pero como al gobierno le conviene tener a tanto idiota pagando por una carrera universitaria, hay que darle no más adiestramiento al que sea, incluso a esos cretinos que se descrestan estudiando la pedagogía en Turismo o el Doctorado© en Sopaipillas en aquellas solventes empresas llamadas “Universidades Privadas” o como les digo yo “El salón VIP de la hoguera diabólica” –hay “licenciados” con excelencia académica que se van a masterizar o doctorar a
Y volvemos al problema central, al por qué nuestra población es tan iletrada, tan de horóscopo. Como dije al comienzo, la flojera es la divisa, el lema central. El fortalecimiento del intelecto se relega a unos pocos hombres y mujeres superiores. El resto, el sobrante de las universidades -90%- y la aniquilada población nacional, confían la administración a los insignificantes, es decir el estado, y la pasión, espíritu e intelecto a las dos formas principales de evasión: televisión y prensa oligárquica. Esas camadas de brutos recién salidos del horno por supuesto que han de liderar: serán los futuros cabecillas de la insensatez, de la bestialidad.
Educación de calidad para quien se la merece. Ese es mi lema. El resto que se pelee la cerveza y el fango de la porqueriza donde mejor les plazca, ojala muy lejos, lo más próximo al acantilado más alto, pero que dejen de esparcir su porquería, estupidez y en síntesis, la antifilosofía a nosotros los que buscamos. A ver si nos fundamos una nación nueva al margen de la mala hierva que está arruinando todo nuestro exiguo y casi extinto paraíso.



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