Juan Alsina, Miguel Woodward, Rafael Maroto, André Jarlán, son sólo algunos nombres de sacerdotes católicos que entregaron su vida a la causa popular en el Chile de la dictadura pinochetista. Con la mirada fija en el Cristo pobre, y la pasión liberadora de su mensaje, abandonaron la comodidad de las catedrales y optaron por la barriada dura del pueblo. Este hecho –que convierte la ética cristiana en un ejercicio de generosidad insobornable- recorre toda América Latina. Sin embargo, como suele ocurrir en una sociedad de clases, también existe una iglesia de los de arriba y otra de los de abajo. Hasta Dios tiene su reverso en una sociedad signada por desigualdades estructurales, y la dominación de una minoría que se hace de sus privilegios a costa de la explotación de una mayoría. Proveniente de un Partido Conservador integrista, culturalmente dinosáurico, y cuya riqueza y poder se formó mediante la explotación latifundista, en 1934 nació 23 años después, la generación joven de El objetivo central del gobierno freísta fue “modernizar” el país, inspirado en el llamado Estado de Bienestar, el keynesianismo, la humanización del capitalismo salvaje y la contención del movimiento popular constelado en los grandes partidos de masas de la izquierda. Presa de los fortísimos vientos de cambios pro socialistas de la época, sectores de A estas alturas, es una evidencia irrebatible que UN DATO DE Durante la dictadura pinochetista la iglesia social funcionó como albergue de los familiares de las víctimas, y de las propias víctimas de las atrocidades que cometieron los agentes del Estado empeñados en destruir física y orgánicamente los destacamentos políticos del pueblo. Es innegable su aporte a la construcción de espacios de resistencia ante la brutal embestida represiva de Mientras tanto, la otra iglesia cooperó con el régimen castrense, guardando un silencio oscuro o haciendo apología pública de la dictadura. Un caso emblemático es el del cura Raúl Hasbún. Siempre en Chile, los sectores conservadores que han sostenido gran parte del quehacer y discurso eclesiástico han estado ligados, incluso sanguíneamente, a la clase en el poder. Esto ocurre desde el período colonial chileno. El Presidente de Monseñor Goic, acudiendo al sacerdote y santo jesuita Alberto Hurtado señaló que “la historia está llena de ejemplos de explotación del obrero, al cual se ha hecho trabajar largas jornadas, recibiendo en cambio salarios irrisorios.” Alberto Hurtado es conocido por la fundación del Hogar de Cristo, que acoge a mendigos e indigentes por menos de un dólar diario. Y también por su trabajo en la formación de sindicatos católicos antisocialistas. El jesuita Alberto Hurtado también se desempeñó como profesor en el Colegio San Ignacio, cuna de líderes de Por su parte, el religioso jesuita y director de la revista Mensaje, Antonio Delfau, recordó estos días a uno de los patriarcas de La convocatoria de Goic al empresariado, nace de la convicción de un eventual estallido social, del despliegue futuro del enfrentamiento de clases que hoy se manifiesta incidentalmente, pero que, de mantenerse el actual orden de cosas, amenaza de manera consistente la “paz social”, los intereses de la burguesía y los pilares del modelo. Naturalmente, la propuesta de Goic fue celebrada por la posible pre candidata presidencial demócrata cristiana, Soledad Alvear, quien planteó la necesidad de establecer un nuevo “pacto social” para enfrentar el tema. Sin embargo, la derecha respondió al llamado del prelado desde la materia medular de su radicalismo patronal, prepotencia clásica, y sin disfraces. La senadora de la fascista UDI, Evelyn Matthei –hija del ex miembro de Por su lado, el multimillonario político derechista con mejores posibilidades en las encuestas para las presidenciales de finales de 2009, Sebastián Piñera, se apuró en aventurar la idea de que “el Estado subvencione a los privados” para el aumento remuneracional aconsejado por Goic, planteando oportunistamente, un “ingreso mínimo ético”. Estos dichos resultan de un populismo contradictorio, toda vez que la salida capitalista para la práctica de una fórmula así, tendría que sostenerse sobre el aumento significativo de los impuestos, iniciativa que el propio Piñera ha rechazado majaderamente. No obstante, la reacción de Piñera es coherente con la tesis central de Estado Subsidiario que implementó la dictadura, y que, en la grave crisis económica de los 80, salvó al diario El Mercurio y al sistema bancario de la quiebra, y privatizó amplios sectores de la educación, la salud y la administración de las pensiones. Es decir, un Estado burgués financiado por el plusvalor generado por la explotación de los trabajadores y el impuesto a las personas, al servicio directo de un empresariado cuestionado por los de abajo y hasta por su mala conciencia. Sobre la marcha, una de las estrellas principales del empresariado chileno y miembro del reparto protagónico de UNA DEMANDA PUEDE GATILLAR UN PROYECTO PAÍS Las recomendaciones de monseñor Goic sobre el “sueldo ético”, motivadas por las desigualdades profundas del país y la toma de debidas precauciones ante la formación del caldo de cultivo de eventuales estallidos sociales, ha provocado una mezcla de pavor histérico y prepotencia de clase en la burguesía y sus expresiones político partidistas. Bastó un conflicto estrictamente economicista de un sector de trabajadores del cobre y el subcontratismo, para que los poderosos mostraran su artillería dental. No es difícil imaginar lo que ocurrirá cuando el movimiento popular aumente su tonelaje social, reconstruya sus fuerzas y afine su puntería política. La lucha necesaria para que el pueblo cuente con un salario que alcance para vivir, sin duda está a la orden del día. Es parte central de la actual coyuntura. La iglesia ha sido capaz de instalar la demanda por arriba, denunciando con puro sentido común una verdad “del porte de una catedral”. Y esta demanda, por sí sola, es capaz de reunir a amplios sectores populares, más allá de los propios trabajadores organizados. Pero, sin duda, el problema no se origina, ni se sintetiza en una reivindicación salarial de formulaciones técnicas o populistas. Un modelo político y económico que ha transformado los derechos y relaciones sociales en nada más que mercancía, y al pueblo en mero consumidor y cartera de deudores, no puede sino provocar crispación social y descontento generalizado. Naturalmente, en otro tipo de sociedad; una concentrada en el hombre más que en el capital; donde la educación, la salud, la vivienda, el trabajo y la previsión social, estuvieran garantizados por un orden político y económico profundamente democrático y donde las relaciones de producción del conjunto social promovieran la participación y la igualdad, no se estaría hoy discutiendo las cifras del sueldo mínimo. Sin embargo, cuando el factor salario es la única fuente de sobrevivencia en el complejo de la satisfacción de las necesidades humanas, este cobra una dimensión totalizante, unidireccional y dramática. No por accidente Chile cuenta con las tasas más elevadas de enfermedades mentales asociadas al trabajo y al temor de perderlo. No ha sido el azar lo que ha convertido a buena parte de los chilenos en personajes competitivos a cualquier precio, egotistas, víctimas del consumo irracional, divorciados de sus propias comunidades. Otra vez, una demanda particular constela en sus potencias significativas la crisis material y de horizonte existencial de una sociedad de clases tan paradigmática como la chilena. Y nuevamente, a partir de una demanda particular, es posible convertir la lucha social en parte sustantiva de los proyectos individuales y colectivos que doten de sentido a todo un pueblo. Sin miedo y para ser felices.
Andrés Figueroa Cornejo
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Concuerdo con todos los puntos que escribes, Andrés, pero debido a que es largo de enumerar, has olvidado la sinvergüenzura de las AFP, cuya usura está legalizada y permitida por todos aquellos que se vanaglorian de justos, probos... Como botón de muestra, cada cuatro meses mis fondos perciben alrededor de cinco millones, de los cuales uno se sumna a mi depósito, el resto se lo reparten los delincuentes de cuello y corbata, y que cuando tenga que jubilar, es seguro que ésta será de hambre. Es la moral la que está dañada en Chile, y esto hay que corregirlo con la información, los debates...
Un cordial saludo