Por Juan Carlos Moraga
1. Comparemos mitologías.
“De las vacas se hace manteca y de los hombres dinero” (F. Kurnberg)
Max Weber, uno de los clásicos de esa ciencia inexacta que es al sociología, publica en 1905 el libro “La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo”, donde, tras un exhaustivo análisis de las practicas y costumbres comerciales y morales de las distintas divisiones del cristianismo en
Una nueva ética para nuevos tiempos.
Comienza su análisis con una introducción que busca las raíces y el desarrollo de lo que el llama el “espíritu del capitalismo”, que no significa la avidez y el lucro a toda costa, sino el compromiso disciplinado con el trabajo, este espíritu se basa en combinar la ganancia de dinero mediante la realización de actividades económicas, la idea de una obligación por parte del individuo frente al interés de aumentar su capital, con un uso moderado de estos ingresos y la maximización del ahorro y la acumulación.
Weber, también se da cuenta del carácter casi “natural”, aunque sabemos, la palabra exacta no es natural, que asume en la sociedad industrial esta visión sobre el mundo nacida y creada desde la figura del mercado y la empresa, esta nueva ética del trabajo y el ahorro, impregna la vida y las prácticas de cada hombre, mujer y niño: “ El orden económico capitalista actual es como un cosmos extraordinario en el que el individuo nace y al que, al menos en cuanto individuo, le es dado como un edificio prácticamente irreformable, en el que ha de vivir, y al que impone las normas de su comportamiento económico, en cuanto que se halla implicado en la trama de la economía.”
Bajo esta nueva ética, la producción y la ganancia pierde su sentido original como medio para la satisfacción de necesidades (materiales, sociales y espirituales) del hombre, sino que más bien, se transforma en un fin en si mismo, en el fin ultimo de su vida. La ganancia, la rentabilidad, toma aquí su acepción de representar, dentro del orden económico moderno, el resultado y la expresión de la virtud: vivir para maximizar la ganancia, maximizar ganancia como símbolo no solo de bienestar, sino de salvación.
Nueva ética para nuevos tiempos.
Un salario ético, dentro de la ética del mercado, es un salario mínimo, no un salario justo, o bien, un salario justo desde la mirada del que tiene mas y no quiere perder nada. No por maldad o falta de caridad, ya que muchos de los miembros de la clase empresarial son asiduos feligreses de distintas iglesias, y su filantrópica obra es por todos conocida, sino por una ceguera, una ceguera de lo social y del panorama general de Chile. Donde los que gana menos no son más flojos, y los que trabajan mucho son millonarios, imposible utopía donde reina la voluntad y el esfuerzo. Una confusión, quizás inocente, quizás no, así también se confundió un ex candidato en sus comunicados diciendo: "esta idea de que el ser emprendedor, el esforzarse, el trabajar, el lograr cosas en la vida es un pecado del cual hay que estar disculpándose permanentemente, es un tremendo error. ¿Qué pretende el Gobierno, que sólo los vagos pueden hacer servicio público?"
Insultante confusión, para los que no somos vagos pero tampoco somos millonarios, para quienes trabajan mucho y muchas veces ganan muy poco. Confusión con presta y clara respuesta de otro Weber, pero esa es otra historia...
Hablar de un salario ético es hacerse la pregunta por la ética que rige a la empresa, por los fines últimos, por la concepción de hombre que manejan el mercado, verdades a medio oír y a medio ver, intuidas, por todos; verdades que a todos nos suenan, pero nos asustan, verdades con aroma a socialismo del viejo, a inevitabilidad y a fin de la historia... y a la luz de estas preguntas muchos monstruos son revelados, por eso siempre hay quien eleve el grito en el cielo para desacreditar la opinión de quien confunde las éticas, quien propone caridad dónde hay ganancia, o peor aun: quien propone justicia donde hay desigualdad, en fin, donde habla el que no sabe de economía, pero sabe de pobres.
2. Aporías del socialismo
“El gobierno asegura que “la redistribución ya se hizo”, pero que lamentablemente “no alcanzo para los pobres”” (tapa de la revista “Barcelona” nº 114)
No estoy a favor de un sueldo ético, estoy a favor de una sociedad justa, donde el trabajador este protegido y pueda tener una vida digna con un sueldo justo, y la protección que entregue el Estado todos los ciudadanos. Una sociedad justa no se funda en la caridad y el altruismo, que son hasta un punto buenos y necesarios, sino en una concepción del hombre y la sociedad integradora e igualitaria, donde la dignidad y el bienestar no son quimeras sino que son realidades y prioridades de estado.
Producir y crecer son parte de un proyecto de país, y una parte no menor, lo que sorprende es que se ha postergado largamente el pilar que sostiene el proyecto de
Ahora bien, hay un síntoma, hay algo que se revela y que afirma que es necesario, urgente, una redistribución de la ganancia de forma más justa. El chorreo del crecimiento económico evidentemente no ha sido precisamente justo, y el sueldo mínimo sigue siendo una batalla campal cada año entre trabajadores, empresarios y gobierno. Donde distintos sectores sociales, que si bien no son nuevos, si mantuvieron por distintas razones un largo silencio, convergen y plantean el problema, y no solo esto, sino también posibles soluciones. ¿Que hicimos para llegar a esto?.
El proyecto socialista tras el retorno de la democracia, cedió generosa y casi hegemónicamente al proyecto salvaje del neoliberalismo que se impuso durante la dictadura, no solo negociando, cuando no pidiendo permiso prácticamente, a la derecha, una derecha por otra parte orgullosa y prepotente, sino asumiendo el discurso economicista y mercantil como propio. No solo retroceso del estado, sino un vació en el discurso, confusión de las lenguas.
Palabras fuertes que recuerdan el lenguaje marxista, pero no menos ciertas. Un proyecto económico y social que se profundiza en flexibilización y retroceso del Estado durante los gobiernos de la concertación. “Que los socialistas no sido tan socialistas como pretendían, no desconcertaría a nadie: los tiempos son duros y el margen de maniobra escaso. Pero lo que puede sorprender es que hayan podido contribuir tanto al menoscabo de la cosa política: en primer lugar mediante los hechos, mediante toda clase de medidas y políticas (...), pero también, y quizás sobre todo, en el discurso publico, mediante el elogio e la empresa privada (como si el espíritu empresarial no tuviera otro terreno que la empresa) y el estimulo del interés privado”.
Mas allá de la significativa derrota de la extrema pobreza, mas allá de políticas publicas bienintencionadas, siempre manoseadas por la derecha y vapuleadas por sus medios, el proyecto concertacionista en general, y socialista en particular no ha cuajado del todo como una opción realmente distinta y transformadora, donde prime el bienestar social por encima de las siempre engañosas cifras macroeconómicas y el esperado chorreo. Problemas y también temor. En los remesones de la coyuntura política actual, donde los gremialistas abrazan causas sociales con el fervor de verdaderos partisanos, y donde la derecha habla de desigualdad con una tranquilidad y con un lenguaje digno de Keynes surge la incertidumbre: ¿Qué hará el socialismo?
3. Contrafuegos.
"¡Cuántas veces ustedes me han preguntado sobre un tema y yo les he dicho 'no les puedo contestar, porque no sé de ese tema'!. Y lo que yo estoy señalando es que una cosa es plantear un diagnóstico, que obviamente él (Goic) tiene todo el derecho a hacer y me alegra que lo haga, y otra cosa es plantear la solución. Para plantear la solución, en general, es mejor saber del tema específico" (Evelyn Matthei)
La derecha y el empresariado padecen la misma ceguera parcial. Problema mayúsculo: ver las contradicciones del mundo social no como un todo, sino como la ilusión del drama personal, hecho aislado que puede ser solucionado por la caridad, como el padre que puede ser buscado por una iniciativa, pero que no puede ser pensado como un problema social o una política de Estado.
Por ejemplo, el señor Alfredo Ovalle, de
Realidad de la empresa, capacidad del trabajador, crecimiento y capacitación, formula alquímica, ““los empresarios abogamos por la igualdad de oportunidades”, la que se logra con educación y capacitación, ya que “esta vía, unida a un mayor crecimiento, es la única manera efectiva de mejorar la distribución del ingreso”[iv]
. Ovalle así como los otros dirigentes de las exportaciones y la industria, no pueden ver que el crecimiento se ha sostenido en Chile sin distribución, sino en base a un modelo de concentración, y que la educación, a la que apelan casi como una responsabilidad del trabajador (“la situación particular de cada empresa” y, además, no se consideran “las distintas realidades de cada trabajador, originadas por las diferencias educacionales y de formación, lo que constituye la base de la brecha en las remuneraciones”.)
Igualdad de oportunidades en una sociedad desigual, paradoja insuperable donde la voluntad individual y las propias capacidades se elevan por encima de las realidades sociales. Una ceguera que imposibilita ver a los innovadores y filantrópicos dirigentes de la empresa, comercio y exportaciones, el desigual proceso de acumulación de las riquezas. Lo ganado por “derecho propio” les pertenece y la redistribución suena mas a robo o a coacción que a modelo económico.
Igualdad de oportunidades en una sociedad desigual, naturalización de las diferencias, estrategia de reproducción un sistema y de una diferencia. Disponer y normar el ámbito de lo social, desde el sentido común. Hablar de educar sin hablar de educación, hablar de posibilidades de las pequeñas empresas desde las grandes empresas, el mismo juego donde los fuertes se regocijan de su propia fuerza, la ponen como ejemplo, como derecho y como norma. Truco lingüístico gatopardesco, donde se explica todo para que todo siga igual, las formas de lo social se encadenan a la ética del rendimiento y de la productividad de la empresa, única ética posible en el mercado, ética del salario atada a la capacitación y educación que no se tiene, a la docilidad y entrega a un trabajo que paga mal.
Como decía un gracioso pero terrible dictador de bigotito “El triunfo de la voluntad”: La redistribución se hará cuando se pueda y como se quiera, imperio del altruismo empresarial, imperio de la entrega del trabajador, en resumen imperio de la voluntad, mascara discursiva de la reproducción de un modelo social.
Poder de un discurso que lo envuelve y lo rige todo, nacido de la empresa y para la empresa, sistema de reproducción, basado en la violencia simbólica (tan distinta de la violencia anárquica de los estudiantes secundarios, o de la violencia mediatizada de los buses quemados en las huelgas). Violencia simbólica. Concepto del sociólogo Pierre Bourdieu, la dimensión casi invisible de los discursos, la capacidad de imponer sentidos( imposición que no es mero resultado de virtudes intrínsecas del discurso sino de las relaciones sociales dentro de las cuales se inserta). Apropiación del discurso, un extraño caso del síndrome de Estocolmo, en donde “El sentido del discurso y su valor simbólico, se crean en la medida en que los receptores, a partir de esquemas de percepción, se apropian del producto”.
La reproducción de las relaciones de fuerza entre las clases, reproducción de los símbolos culturales que legitiman y de este modo sostienen otras relaciones de dominación. Perpetuar así una identidad y una situación económica, perpetuar así un patrón de distribución y de acumulación. Manteniendo las separaciones, las diferencias, las jerarquías “contribuyen así en forma practica a la reproducción de todo el sistema de diferencias constitutivas del orden social”
Lucha por una distribución diferente, por un cambio en el patrón de acumulación y distribución, amenaza de un sistema dominante, lucha del socialismo, de la concertación, de los trabajadores y de toda nuestra sociedad. Lucha necesaria y esperada. Por que la justicia social es una de las llaves que faltan para que se abran, por fin, las grandes alamedas
M. Weber, “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.
El Mercurio OnLine, 1 agosto 2007.
P. Bourdieu, “Contrafuegos. Reflexiones para servir a la residencia contra la invasión neoliberal”
P. Bourdieu, “Estrategias de reproducción y formas de dominación.”



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