Paul Craig Roberts

Temprano esta mañana China hizo saber a los idiotas en Washington, y en Wall Street, que los tiene agarrados por los cuernos. Dos importantes voceros del gobierno chino señalaron que sus considerables tenencias de dólares estadounidenses y bonos del Tesoro “hacen una gran contribución al mantenimiento de la posición del dólar como moneda de reserva.”

Si EE.UU. procediera a adoptar sanciones para provocar la apreciación de la moneda china, “el banco central chino se verá obligado a vender dólares, lo que podría llevar a una masiva depreciación del dólar.”

Si los mercados financieros occidentales son suficientemente inteligentes para comprender el mensaje, las tasas de interés de EE.UU. aumentarán sin tener en cuenta ninguna acción ulterior de China. En este momento, China no necesita vender un solo bono. En un instante, China ha dejado en claro que las tasas de interés de EE.UU. dependen de China, no de la Reserva Federal.

La precaria posición del dólar de EE.UU. como moneda de reserva ha sido completamente ignorada y negada. La ilusión de que EE.UU. “es la única superpotencia del mundo,” cuya divisa es deseable a pesar de su excesivo suministro, refleja el desmedido orgullo estadounidense, no la realidad. Ese orgullo es tan extremo que sólo hace 6 semanas McKinsey Global Institute publicó un estudio que concluyó que incluso una duplicación del actual déficit de la cuenta corriente de EE.UU. a 1,6 billones de dólares no causaría un problema.

Pensadores estratégicos, si alguno queda que no haya sido purgado por los neoconservadores, concluirán rápidamente que el poder de China sobre el valor del dólar y de las tasas de interés de EE.UU. también da a China poder sobre la política exterior de EE.UU. EE.UU. pudo atacar a Afganistán e Iraq sólo porque China posibilitó la mayor parte del financiamiento para las guerras de Bush.

Si China cesara de comprar Títulos de deuda emitidos por el Tesoro de EE.UU., sería el fin de las guerras de Bush. La tasa de ahorro de los consumidores estadounidenses es esencialmente cero, y varios millones están afligidos por hipotecas que no se pueden permitir. Con el presupuesto deficitario de Bush y sin sitio en el presupuesto del consumidor estadounidense para un aumento de impuestos, las guerras de Bush sólo pueden ser financiadas por extranjeros.

Ningún país del mundo, con la excepción de Israel, apoya el deseo del régimen de Bush de atacar a Irán. China tiene que decidir si llama al embajador de EE.UU. y le transmite el mensaje de que no habrá un ataque contra Irán u otra guerra a menos que EE.UU. esté dispuesto a recomprar 900.000 millones de dólares en bonos del Tesoro de EE.UU. y otros activos en dólares.

EE.UU., por supuesto, no tiene reservas extranjeras con las cuales realizar la compra. El impacto de una venta tan grande sobre las tasas de interés de EE.UU. arruinaría la economía de EE.UU. y terminaría efectivamente con la capacidad de librar guerras de Bush. Además, otros gobiernos probablemente seguirían la iniciativa china, ya que el principal apoyo para los dólares de EE.UU. ha sido la disposición de China de acumularlos. Si el mayor poseedor se deshiciera de dólares, otros países también lo harían.

El valor y el poder de compra del dólar de EE.UU. caerían. Si estadounidenses en dificultades fueran a Wal-Mart a hacer sus compras, los nuevos precios los llevarían a pensar que escogieron por equivocación una tienda de lujo. Los estadounidenses no podrían mantener su actual nivel de vida.

Al mismo tiempo, los estadounidenses serían afectados sea por aumentos de impuestos a fin de equilibrar un déficit presupuestario que los extranjeros no seguirían financiando o por grandes recortes en los programas de seguridad de ingresos. La única otra fuente de finanzas presupuestarias sería que el gobierno imprimiera dinero para pagar sus cuentas. En ese caso, los estadounidenses se verían ante más inflación fuera de los precios más elevados por la devaluación del dólar.

Es una perspectiva sombría. Nos colocamos en esta posición porque nuestros dirigentes son imbéciles ignorantes. Lo mismo vale para nuestros economistas, muchos de los cuales son cómplices a sueldo de algún grupo de intereses. Lo mismo son nuestros dirigentes corporativos cuya codicia dio a China el poder sobre EE.UU. al enviar a China la producción de bienes y servicios. Fueron los peces gordos corporativos los que convirtieron el Producto Interno Bruto de EE.UU. en importaciones chinas, y fueron los economistas “de libre comercio, libre mercado” los que los incitaron a hacerlo.

¿Cómo se llena de tanto orgullo desmedido gente tan estúpida como los estadounidenses?

Paul Craig Roberts fue Secretario Adjunto del Tesoro en el gobierno de Reagan. Fue Editor Asociado de la página editorial del Wall Street Journal y editor colaborador de National Review. Es coautor de “The Tyranny of Good Intentions.” [La tiranía de las buenas intenciones. Para contactos, escriba a: paulcraigroberts@yahoo.com


CHINA AMENAZA CON HACER COLAPSAR EL DÓLAR


La República.es


Lo llaman la "opción nuclear", y consiste en "vender las reservas de 900 mil millones de dólares en bonos del tesoro y colapsar la divisa estadounidense"

La paciencia es uno de los rasgos tradicionales del pueblo chino, pero parece que se está acabando. Cansados de las presiones de EE.UU. para que revalúen el yuan y frente a la posibilidad de que el Congreso estadounidense adopte una ley para sancionar a China comercialmente si no lo hace, dos miembros del Partido Comunista de Beijing amenazaron esta semana con recurrir a lo que llaman la "opción nuclear".

Esta opción no consiste en atacar el territorio norteamericano con armas de destrucción masiva, pero el efecto sería igualmente devastador. La idea sería vender parte de los 900.000 millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense que tiene el Banco Central Chino para hacer colapsar el dólar.

Bush calificó a la amenaza de "insensata", mientras que el secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, de visita en Beijing, reconoció que había tensiones entre los dos países. "Tenemos que manejar las tensiones por ambas partes (…), pero en general nuestros dos países están comprometidos en relaciones económicas constructivas", dijo.

En Beijing no todos comparten esa visión. El jefe del Centro para la Investigación del Desarrollo, Xia Bin, fue el que tiró la primera piedra diciendo que China tendría que usar sus reservas como una moneda de negociación con Estados Unidos. He Fan, uno de los miembros más prominentes de la Academia de Ciencias china, fue aún más lejos. "China ha acumulado una gran suma de dólares. Y dicha suma, de la cual una parte importante la forman bonos del Tesoro, contribuye a mantener la posición del dólar como una moneda de reserva. Rusia, Suiza y otros países ya han comenzado a reducir sus reservas de dólares. Probablemente, China no seguirá sus pasos si el tipo de cambio del yuan es estable en relación al dólar. Pero si el yuan se aprecia, el Banco Central chino se verá obligado a vender dólares, lo que podría conducir a una depreciación masiva del dólar."

Las declaraciones de He Fan fueron publicadas en el China Daily, lo que indica que el gobierno chino sabía que las iba a hacer y muy probablemente las alentó. "Este tipo de palabras son alarmantes, no dejan lugar para la ambigüedad. Contienen una amenaza política muy clara y pueden tener consecuencias serias en un momento en que los mercados de crédito ya tienen miedo del contagio de los problemas inmobiliarios", dijo Simon Derrick, un estratega del Banco de New York Mellon al diario londinense Daily Telegraph.

La situación es complicada porque en plena campaña electoral el conflicto comercial con China forma parte de la agenda de todos los candidatos a presidente. Al mantener el valor del yuan en un nivel bajo, el gobierno chino tiene una ventaja competitiva en el enorme mercado estadounidense. Esto explica por qué las tiendas estadounidenses están inundadas de productos "made in China" de todo tipo, mucho más baratos que los nacionales. De hecho, el déficit comercial bilateral alcanza actualmente los 232 mil millones de dólares a favor de China.

Pero eso no es todo. Un yuan devaluado favorece también la migración de empresas americanas hacia China, lo que provoca un aumento del desempleo. Las empresas se instalan en el territorio chino, donde la mano de obra es mucho más barata debido en parte al tipo de cambio. Esto ha contribuido sustancialmente al aumento de la desocupación en el territorio norteamericano, un tema al que los candidatos demócratas le están prestando mucha atención.