Andrés Bianque
Lo que antes fue caballo alado transparente, ahora es lobo leproso que muerde las gargantas pequeñas, que tienen manitos pequeñas y no pueden defenderse.
Vestido de suciedad y sociedad moderna ajena, paga caro no ser canjeable por dinero, paga horrendas cargas sobre su esqueleto de brisa por ser público, colectivo, libre y popular.
A ratos estruja un racimo de nubes colgadas, buscando lavarse el rostro lleno de cardenales extranjeros sobre el núcleo central de si mismo.
Y en esos claustros blanquecinos, amarillos, desvencijados, las madres besan a sus hijos y esos besos van envueltos en suspiros buscando llevarles el oxigeno que tanto les falta, y éstas se arrancan fragmentos de aire de sus propias entrañas y alimentan a sorbitos a esos pajaritos que se les mueren entre los brazos.
Y los niños comienzan a probar desde niños, el filo de la navaja del explotador sobre sus gargantas.
Comienza a bajar la bandera de sus ojos a media hasta y ella no quiero duelos, ni fallecimientos y espanta a la muerte con un abanico de sonrisas tiernas, y le canta y le cuenta historias y le habla y le dice que todo va a estar bien.
En cuclillas, casi arrodillada, la respiración terrestre observa todo escondida detrás de una ventana, y se seca las mejillas teñidas de higo envenenado amargo y marchito con un par de nimbos prestados, mientras el dique de sus ojos se rompe despacito en interminables grietas, fisuras y hendiduras que nadie ve.
Los horarios de negreros, las peripecias de siempre, la improvisación, las mentiras blancas, la siembra de úlceras por doquier, la falta de recursos e insumos, las peleas evitables e inevitables, los reclamos justos e injustos, los sueldos miserables, el deterioro de los instrumentos, las paredes húmedas, las ventanas y puertas oxidadas, la pintura descascarándose por todas partes..
Niños pobres que no valen ni la mitad de lo que valen los otros. Que aprendan desde críos la palabra espera, como espera han tenido sus padres, como espera han tenido sus abuelos y todas las generaciones que aguardan una vida mejor.
El aire limpio se paga, sino quédate en esa cámara de gas que se ha convertido la ciudad, donde largas hileras de seres humanos franquean una cortina de humo que corta y surca la respiración.
Que se te llene y rellene el cuerpo de piedras invisibles que enrojecen la loza de tus ojos, que el hollín invisible se anide como piojo negro regalado y esparcido por máquinas, automóviles y fábricas que vomitan el humus inherente de la modernidad de plomo sobre tu pelo.
La lengua del viento es papel lija que raspa los cuerpos despojados de armaduras.
Imagino una ciudad sin automóviles, ninguno, ninguno de ellos. ¿Cuánto espacio ganaríamos?
Hacinados, amontonados como bestias pobres que viven en establos llamados casas se transmiten unos a otros mil gérmenes y gripes y virus que bailan y se mudan de garganta en garganta.
El peso de la ceniza, del polvo de la pavesa, el rescoldo moderno va hundiendo los corazones hasta que estos no aguantan más y se rinden. Y caen los viejos como palomas de plaza en plazas públicas, abandonados en pasillos y buses, esperando su turno para respirar un poco de aire limpio.
Mudan sus mansiones y caserones en las afueras de las ciudades y desde lo alto, principalmente, observan esa noria hundida y ahumada en que se ha transformado la urbe, que ahora no es más que una ubre que amamanta sebo mortal podrido y vegetal a quienes respiren.
La caspa de los neumáticos va tatuando camisas, ojos, cabellos, cuellos, generaciones, entorno y contorno del horno de barro donde nos freímos a fuego lento día tras día.
Y llueve vinagre desde el cielo, sazonando humanos, lagos y plantas.
El puñal es el mismo, sólo la empuñadora es distinta.
Un Gas que no tiene ni forma, ni volumen fijo, una rémora ahumada, oscura, que se adosa a la espalda de esa ballena blanca herida, arponeada de modernidad que es el viento.
Lentos lejanos tiempos eran aquellos, en que se transportaban las personas a caballo.
Y mírennos ahora, a lomo de burro, asnos y cerdos nos movemos para todas partes.
Las madres embarazadas amamantarán a sus hijos con lunares de magma escondido.
Leche, sedimento, lava y arena arrimada a sus pechos.
Y la capa de ozono tiene un tajo abierto por donde el sol va destilando gotas hirviendo de luz sobre todas las formas de vida, con quemaduras tan profundas que las ampollas y úlceras solares afectarán a las futuras generaciones.
El azufre flota en el aire llevando un infierno itinerante y aéreo a todos aquellos que respiren
El efecto invernadero es invernáculo, es decir, el invierno del infierno sobre la tierra.
Se aprovechan de la ignorancia de la gente, y en eso son duchos y versados.
Aldeas que se dicen ciudades, villorrios que se dicen capitales y no son más que pueblos miserablemente pequeños con más carros y automóviles que seres humanos.
Y duele la cabeza constantemente, los mareos son el acorde obligado para la canción de náusea y vómitos que se vendrá. Cuesta caminar, los zapatos se hacen anclas, los pies descalzos se hacen ladrillos mojados, una agitación lejana salta en el vientre de las muñecas y en los cuellos.
Cuesta ver, desorientado y confundido la respiración se hace un parto, el pecho pide auxilio y se desmaya.
Si el humo te estranguló los alvéolos uno por uno, verás tú nombre grabado en una piedra.
(Donde los alvéolos no son más que coliflores sucias, añejas y ahumadas y los bronquios son meros brócolis pisoteados)
El Plomo es un elemento químico de la tabla y mesa periódica de las capitales y ciudades del mundo.
Son pequeñas partículas de plomo que matan neuronas en manadas de axiones y dendritas.
El plomo se encarga, aparte de envenenar todo aquello que esté a su paso, de hacernos más ineptos de lo que ya somos y prueba de ello es el nivel cultural de varios países por ahí.
El plomo causa necrosis neuronal, degeneración axónica (parte chica de las neuronas), edema cerebral, cáncer, alteraciones menstruales, infertilidad, aumenta el riesgo de abortos, donde los fetos son los encargados muchas veces de beberse el plomo para salvar a sus madres de la muerte. (Antiguamente se aplicaba como espermicida y para inducir abortos), además, muchos de esos fetos pueden sobrevivir y presentar mutaciones leves y mutaciones severas.
Los niños son más propensos a la absorción de plomo con síntomas como Coeficientes Intelectuales más bajos, cambios de comportamiento (agresivos) y desconcentración. En niños de corta edad los efectos del plomo pueden llegar a un retardo mental muy serio.
Suma y sigue, dolor de cabeza, vértigo, migrañas, gastritis, acidez, cefaleas, daño a los riñones, taquicardia, esterilidad, anemia, psicosis, delirios de grandeza, insomnio, pérdida del sueño, convulsiones, daños neurológicos irreversibles, hasta estados de coma y muerte.
Alguna de las gracias que contiene la bencina con plomo que arrojan los vehículos, aparte del monóxido de carbono, hidrocarburos sin quemar, y óxidos de nitrógeno.
Para reducir las cantidades emitidas de emisiones contaminantes al aire se han incorporado dispositivos llamados conversores catalíticos o catalizar. De manera simple, los gases que vienen del motor atraviesan el catalizador antes de ser expulsados a la atmósfera reduciendo los efectos contaminantes hasta un 85%.
Pero esto también tiene sus inconvenientes.
Existen diferentes formas de obtener gasolina sin plomo, cada una de ellas presenta características tóxicas y formas diferentes de obtención.
Substancias aromáticas como el benceno, el cual produce cáncer y leucemia, después vendrían el Tolueno y el xileno. Las isoparafinas, las cuales producen tumores renales y hepáticos. También están los “compuestos oxigenados” que son irritantes y también producen cáncer.
Detalles del Octanaje…
Polución, ó el humo diluido que lleva envuelto el polen escondido de chimeneas florales e invernales, carbón floral que va deshojando asmas por doquier, disneas que son yunques en los pechos, Apagados y extinguidos los fuegos, arden callados como fiebres sin llamas sobre los cuerpos enfermos y cansados.
La neumonía no es más que una ninfa del viento que va sembrando gripes, resfríos
y padecimientos.
Y lobos vestidos con piel de hienas proponen globalizar las hambrunas y las erosiones, a costa de generar dudosos “bio” combustibles por doquier
El nivel cultural, el nivel de desarrollo de una nación se mide por los niveles de contaminación, que no es más que la corrupción de nuestro ambiente.
Y el humo entra como serpiente silente incolora y letal por todos los rincones llevando envuelta el pelaje de bestias que son eso, simples animales hambrientos.
Y las escamas untadas de crepúsculos y arena infectada, flotan y se arrastran por doquier.
Obviamente las partículas contaminadas obedecen a intereses particulares.
Prohibido respirar.
Hasta las palabras saben ahumadas.
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