Desde el lunes 25 de Junio, los trabajadores contratistas de CODELCO, la minera de cobre más grande del mundo, han estado en el ojo de los medios de comunicación. El énfasis, por supuesto, ha estado puesto en la violencia con que los trabajadores han manifestado sus demandas, siendo la quema de nueve buses en la División El Teniente, en la sexta región de Chile, la imagen que ha servido a los medios de comunicación y al gobierno para demonizar la protesta de estos trabajadores. Todos los sectores han salido a la luz pública rechazando la movilización, amenazando y atacando directamente a los trabajadores.
En lo personal, llevamos varios meses realizando una investigación sociológica con los trabajadores subcontratados de El Teniente, llevando a cabo una serie de entrevistas en profundidad, observaciones participantes y otras técnicas de observación que hemos puesto en práctica, permitiéndonos acercarnos a la realidad que estos trabajadores viven a diario en su lugar de trabajo, con su familia y amigos, así como la forma en que ven la vida sindical, tanto los individuos activos en esta materia, como los que no lo son.
De esta manera, desde nuestra posición de observadores, pudimos predecir claramente que las posibilidades de que el movimiento huelguístico tuviera un carácter de alta agresividad eran muchas, pero no por la supuesta manipulación de las cúpulas de los partidos políticos de la izquierda extra-parlamentaria chilena, sino más bien por las condiciones objetivas y subjetivas que el proceso mismo de subcontratación genera en los trabajadores, así como por las características sociales a través de las cuales se ha desarrollado el proceso, lo que nos lleva a conceptualizar la subcontratación como una forma radical de explotación.
La situación de vida que ellos tienen los ha llevado a considerar su situación como un abuso, ya que las diferencias de salarios, beneficios y estabilidad laboral con los trabajadores de la empresa estatal son abismantes, lo que se traduce en una sensación de discriminación y menoscabo, desarrollando una visión altamente negativa del proceso de subcontratación, el que es visto como un arreglo que permite a un intermediario apropiarse injusta e innecesariamente del plusvalor que genera su trabajo, mientras que la empresa principal, o mandante, reduce costos externalizando a los trabajadores que generan gran parte de la producción que la sustenta. En síntesis, los trabajadores se sienten arrojados a una situación límite, que conjuga una experiencia de trabajo basada en la discriminación y en la injusticia, más aún en un momento decisivo para su futuro laboral.
Entonces, nuestro llamado apunta a que la opinión pública trate de entender la situación social y personal de estos trabajadores y no caiga en el fácil juego de criminalizar en base a supuestos falsos, la actuación de un grupo que se moviliza por una causa que es esencialmente justa.
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