Juan Pablo Cárdenas
En una democracia tan peculiar, más que el voto, son las encuestas las que le indican a los partidos cuáles candidatos nominar y qué tipo de alianzas convenir para el propósito de mantenerse en el gobierno o aferrarse a un asiento en el gran banquete cupular. Para los profesionales de la política, hace rato que no importan los idearios ni los programas de acción: lo que vale ahora es acertarle al quién tiene la posibilidad de ser electo y estar cerca del ganador cuando venga la gran repartija del poder.
Para ello es que los llamados “operadores” juegan un papel fundamental para sustraer recursos fiscales, conseguir retribuciones de los poderes fácticos y negociar influencia en los medios de comunicación, parea que la farándula política mantenga alguna cobertura en la programación de los canales de televisión y los otros medios en nuestro reducido y monocorde espectro informativo. Cuando la falta de probidad logra burlar a
Poco les importa a los dirigentes que la mitad de los chilenos no se interese por inscribirse en los registros electorales o anule su voto. Para los interesados en que todo siga igual pasa inadvertido el hecho de que en las mismas encuestas la adhesión a los partidos y los políticos vaya “cuesta abajo en la rodada”, y que el oficialismo y la alianza opositora compartan las misma cifras de su menguada credibilidad. ¡Qué importa! si finalmente lo que cuentan son los votos “validamente” emitidos bajo un sistema que garantiza que los dos referentes se repartan más o menos en partes iguales los municipios, el parlamento, los tribunales y, ahora también, los directorios de las sociedades anónimas y organizaciones patronales. Noten, ustedes, estimados lectores, cómo el Transantiago y otras horribles expresiones de la política inepta lanzan otra vez al baúl de los recuerdos la reforma al sistema binominal, la inscripción ciudadana automática y el voto universal. Nos resulta extraño que con la reciente Reforma Penal Juvenil, se decrete el discernimiento de los niños de 14 años que delinquen, cuando sólo a los 18 se les considera aptos para asociarse, trabajar y elegir a sus representantes políticos. Incongruencia tan absurda como la discapacidad que
Como las encuestas indican que ahora la leve mayoría gobiernista podría ceder en beneficio de candidatos mejor espectados por la encuestas, algunos partidos han iniciado la liturgia por alcanzar pactos electorales con referentes y grupúsculos que les permita ganar pequeños porcentajes que pudieran constituirse en decisivos para retener su leve ventaja y prebendas. No se trata, por supuesto, de recuperar o ganar la voluntad de los desesperanzados o nuevos ciudadanos. Lo que se persigue es afianzar su tinglado con pactos por omisión y otras jugarretas ideadas por la llamada “ingeniería política”. En la confianza que, aún a los tragos del estribo podrían allegarse sectores ansiosos de algunos cupos edilicios y parlamentarios.
Nos preocupa que la mayoría decepcionada y aquellas agrupaciones que luchan por causas tan nobles como la defensa de la dignidad humana y la naturaleza se demuestren todavía incapaces de edificar alternativa política y desplazar a quienes se arrogan la representación del pueblo y que, incluso, en la bonanza económica son incapaces de sembrar justicia y soberanía popular. De esta forma es que se hace urgente una movilización social que reclame Asamblea Constituyente y la fundación de un nuevo orden político y económico. Que deje de sufragar por el mal menor y se pronuncie resuelta y sin intimidarse por el bien de un país agotado ya de los mismos rostros, desiluciones, falta de probidad y desnaturalización de los referentes partidarios.
La falta de alternativa democrática siempre tiene como riesgo la explosión social, el desarrollo de caudillismos y el drástico desalojo de quienes buscan perpetuarse en el poder. Y cuya pertinacia, tantas veces manifestada en nuestra historia, los hace enfrentar con represión el descontento y las legítimas movilizaciones sociales. Sin asumir que quien siembra odio inevitablemente va a cosechar tempestades, como está a punto de ocurrir con los trabajadores, estudiantes y ese sinfín de desplazados que cada día sitia más fe y esperanza en su propia capacidad de lucha y representación.
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