A LAS PUERTAS DEL VATICANO
Especial crimen organizado
En 1969, el Papa Pablo VI, presionado por el Gobierno italiano para que pagara impuestos, decidió vender gran parte del patrimonio empresarial del Vaticano. Deseaba también evitar situaciones embarazosas, como explicar la propiedad de los Laboratorios Sereno, una industria que fabricaba píldoras anticonceptivas.
A fines de los años ’60 y comienzos de los ’70, convergieron en Italia al menos cinco organizaciones que, con distintos fines, dieron forma a una poderosa estructura criminal cuyas complejas ramificaciones políticas y económicas aún permanecen en la más densa oscuridad. Los protagonistas fueron
Un desconocido ingresa al gran salón. Lleva capuz pero sus ojos están tapados. Jura ser fiel al grupo y no revelar sus secretos. Los iniciados entregan un sobre cerrado y depositan una gota de su sangre en un frasco de cristal. El celebrante extrae de los sobres las fotografías de cada uno de los asistentes y las deposita en un recipiente de oro. Agrega la del recién llegado y una gota de la sangre ya mezclada sobre los retratos, sellando el pacto suscrito.
En las fotografías aparecen, entre otros, Vito Miceli, general del Servicio Secreto de Información Italiano (SID); Carmelo Spanuolo, juez de
El recién iniciado es Michele Sindona, banquero que desde 1957 lava el dinero obtenido del tráfico de heroína por la familia Gambino, cabeza de
Gelli, nacido en 1919 cerca de Florencia, había combatido muy joven junto a los franquistas en la división italiana de los “camisas negras”. En 1940 se enroló en el Partido Nacional Fascista y dos años después viajó a Albania, donde se transformó en el hombre de confianza del secretario de los fascios italianos en el exterior. En 1943 adhirió a
Gelli regresó a Italia en 1960 e ingresó a
Gladio forjó acuerdos entre
En los salones vaticanos
En 1973, Perón retornó a
En 1974 surgieron por primera vez indicios de las operaciones de Gelli con el terrorismo de ultraderecha y del financiamiento masónico a las vanguardias de la subversión neofascista.
En gran maestro de
Fue en ese momento en que Gelli se acercó al Vaticano a través del cardenal Paolo Bertoli, un viejo conocido de la región de Toscana. Conoció a los cardenales Sebastiano Baggio, Agostino Casaroli, Ugo Poletti y Jean Villot, entre otros, quienes le facilitaron el acceso a una serie de audiencias con Pablo VI. El jefe de
Desde 1960, cuando Gelli vislumbró que una sociedad similar le permitiría lograr sus fines, planificó cuidadosamente su asalto al poder. La estrategia constaba de tres partes: primero debía conseguir el apoyo de jefes militares; el paso siguiente era provocar el caos económico en Italia, para lo cual organizó una sostenida fuga de capitales que convertía a dólares en el exterior, retornándolos al país para adquirir industrias y volver a sacar los beneficios en un círculo creciente hasta lograr el quiebre de la balanza de pagos. La última etapa, casi simultánea, consistía en fomentar la violencia política para crear el caos y convencer a los italianos de la necesidad de reimponer el orden, con una autoridad fuerte y centralizada, lo que él llamaba la nueva era del fascismo.
Tres hombres serían sus principales apoyos: Humberto Ortolani, Michele Sindona y Roberto Calvi.
Ortolani, abogado, jefe del contraespionaje italiano durante
Sindona, formado por los jesuitas, rey del mercado negro de alimentos durante
Presiones fiscales
En 1969, el Papa Pablo VI, presionado por el Gobierno italiano para que pagara impuestos, decidió vender gran parte del patrimonio empresarial del Vaticano. Deseaba también evitar situaciones embarazosas, como explicar la propiedad de los Laboratorios Sereno, una industria que fabricaba píldoras anticonceptivas. La operación era compleja y el Pontífice eligió al empresario del momento, el hombre que le pareció ideal: Michele Sindona. A su lado puso al cardenal Paul Marcinkus, presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), la verdadera caja fuerte del Vaticano.
La primera gran operación financiera fue la venta de
Casi como una ironía de la historia, en 1970
En mayo de 1972, Sindona enfrentó una crisis financiera, y Gelli, para quien “las puertas blindadas de los bancos se abren siempre hacia la derecha”, acudió en su ayuda. Tapado el escándalo hubo que devolver el favor, y pronto las arcas del Vaticano se transformaron en la lavandería de los dineros negros de los negocios de
El soporte de estos negocios estaba en Sicilia, donde las tres principales instituciones de entonces en Italia monopolizaban el manejo del miedo:
Escape hacia Argentina
El 8 de octubre de 1974 se inició la debacle. El Franklin National Bank de Estados Unidos, propiedad de Sindona, sufrió el mayor colapso financiero en la historia norteamericana, y el Gobierno debió responder por pérdidas que sobrepasaron los dos mil millones de dólares.
Italia ordenó el arresto de Sindona, quien huyó a Estados Unidos, mientras se desmoronaban las empresas de su imperio y las pérdidas del Vaticano bordeaban los mil millones de dólares.
Ocho años después, Calvi experimentaría el mismo trance que Sindona. Huyendo por Europa mientras intentaba conseguir armas para Argentina, en plena guerra de las Malvinas, apareció colgado de un puente en Londres.
En 1981 estalló el escándalo en Italia. Durante un allanamiento a las oficinas de Gelli en Arezzo, la policía confiscó archivos donde figuraban 962 presuntos miembros de
Un año antes, 85 personas habían sido destrozadas en la estación ferroviaria de Bolonia, en un ataque organizado por Gelli como un intento de desviar la atención ante la eventual caída de su red financiera. Los ejecutores de la masacre fueron llevados desde Bolivia. Dos de ellos –Pierre Luigi Pagliai y Stefano delle Chiaie– eran conocidos integrantes de la manada de lobos negros de la ultraderecha internacional, usados más de alguna vez por los gobiernos militares de Argentina, Chile, Bolivia y Paraguay (ver capítulo V: Los novios de la muerte llegan a Bolivia).
En septiembre de 1982, Gelli fue arrestado en Ginebra cuando, con una identidad falsa, intentaba sacar de una cuenta secreta 100 millones de dólares depositados por las filiales sudamericanas del Banco Ambrosiano. Conducido a la prisión de alta seguridad de Champ-Dollon, escapó en agosto de 1983, poco antes de ser extraditado a Italia. El 21 de septiembre de 1986, Gelli reapareció en el Palacio de Justicia de Ginebra, flanqueado por cuatro abogados. El juez Pierre Trembley, que lo recibió, declaró luego que se le veía agotado, “en el límite de sus fuerzas”.
“Il Corriere della Sera”, el mayor diario italiano, reveló que el escape de Gelli desde Champ-Dollon contó con el apoyo de
Muerte súbita
En agosto de 1978, un ataque al corazón terminó con la vida de Pablo VI. Pocos días después, contra todos los pronósticos, Albino Luciani, patriarca de Venecia, fue elegido Papa y tomó el nombre de Juan Pablo I. “No tenemos bienes materiales para negociar ni intereses económicos que defender”, dijo el nuevo Pontífice a los representantes del cuerpo diplomático cuando fueron a felicitarle por su elección.
El 27 de agosto, Juan Pablo I cenó con el cardenal Jean Villot y le pidió una rápida investigación sobre las operaciones financieras que llevaba adelante el Vaticano. Le preocupaba mucho lo que ocurría en el Instituto para las Obras de Religión, que dirigía el cardenal Marcinkus. Una semana después, Luciani examinó los primeros datos que había pedido y algunos cardenales le pusieron al tanto de lo ocurrido en los últimos años.
El 5 de septiembre, Juan Pablo I recibió a una de las mayores autoridades de
Tres semanas después, el 28 de septiembre de 1978, apenas 33 días después de haber sido elegido, falleció sorpresivamente Juan Pablo I. No hubo autopsia y hasta hoy se desconocen las razones de su muerte. Los secretos del Vaticano nuevamente estaban seguros.


