Andrés Sanfuentes
La muerte del General Pinochet ha dado origen a numerosos balances sobre los 17 años de su gestión presidencial. La longitud del período y los profundos cambios que experimentó la sociedad chilena hacen conveniente un comentario.
Se podrá decir que la proximidad de su fallecimiento impide tener una adecuada perspectiva histórica; sin embargo, ya han transcurrido 16 años desde que dejó la jefatura del Poder Ejecutivo, lo cual permite una lejanía con su acción como gobernante.
Respecto al tema hay diferentes aspectos que considerar:
1° La pregunta tantas veces formulada si las reformas efectuadas habrían sido factibles en un gobierno no dictatorial.
2° Las transformaciones ocurridas durante el período y su trascendencia en el tiempo.
3° Los resultados económicos concretos logrados por su administración.
4° Los cambios valóricos que se produjeron.
Factibilidad del “Modelo”
Se puede afirmar que Pinochet estableció, en el curso de los 17 años en el poder, lo que se ha llamado el “modelo” económico chileno, el cual, con avances y retrocesos, logró durante el período una cierta consistencia. Se le ha denominado como “neoliberal”, pues es la aplicación práctica más cercana a los postulados teóricos de esa forma de pensamiento. Por esa condición, tiene un especial interés en círculos de análisis económico y social. Además, no se trata solamente de un conjunto de políticas de índole económica, sino conforma una estrategia de desarrollo, con las respectivas derivaciones en las esferas políticas, sociales y culturales.
Partiendo por el origen, no es el objetivo de este informe hacer una descripción de la situación de Chile en 1973. Basta decir que la economía chilena había llegado a un alto grado de estatización y que, desde el punto de vista macroeconómico, presentaba desequilibrios de magnitudes catastróficas.
Ahora bien, la Junta de Comandantes en Jefe que realiza el golpe militar asume el poder sin tener un programa de gobierno de ningún tipo y, con posterioridad a los primeros meses de desorden, adopta la única estrategia económica disponible: un plan que posteriormente pasó a conocerse como El Ladrillo, preparado por un conjunto de economistas denominado después como los “Chicago boys”, liderado hasta 1982 por Sergio de Castro y Miguel Kast (1).
Reformadores “Manos Libres”
En la fase 1975-1982, el llamado “equipo económico” actuó con el decidido respaldo de Pinochet y del Almirante Merino, las figuras más fuertes en las Fuerzas Armadas, para implantar su estrategia, con la natural oposición de los sectores nacionalistas existentes al interior del gobierno, que nunca tuvieron ni el poder ni la alternativa económica disponible (2), y la natural desconfianza de la mayoría de los oficiales superiores del Ejército, educados en tendencias estatistas.
Solamente la crisis económica de 1982-83 significó un retroceso en la implantación de las reformas y, después de varios meses en una confusa fase, implicó el reemplazo de los principales responsables civiles de la conducción política y económica del país. Sin embargo, la dupla sucesora Jarpa-Escobar duró escasos meses (entre agosto de 1983 y febrero de 1985).
A partir de esa última fecha asume nuevamente con plenitud la segunda legión de los “Chicago boys”, encabezados ahora por Hernán Buchi, bajo cuyo liderazgo concluyó la dictadura de Pinochet. En definitiva, con el interregno mencionado, durante prácticamente 14 años el gobernante delegó la dirección económica en un grupo de economistas plenamente integrado y disciplinado, con un pensamiento notablemente uniforme. En ese sentido, hay pocos casos similares de concentración de poder en un grupo dirigente para llevar a cabo una estrategia de desarrollo integral (3). Las “manos libres” sólo pudieron acontecer bajo una dictadura estricta, en la cual las opiniones disidentes tenían escasas oportunidades de expresarse.
Los Cambios Ocurridos
La prolongada experiencia implicó profundas transformaciones, no sólo respecto a la situación de 1973, sino también en relación a la evolución histórica del país. Intentando una síntesis, se pueden mencionar los siguientes aspectos:
a) Hubo un rápido proceso de incorporación de los estímulos de una economía de mercado en reemplazo del “dirigismo” estatal. La libertad económica pasó a ser una tendencia poderosa y predominante, que se expresó en las diferentes esferas de la vida económica del país. Tal como lo expresa Patricio Meller, “el Estado, y todo aquello vinculado al sector público, se transformó en la causa central de todos los problemas; mientras menor fuera su interferencia en la economía, mayor y más rápido sería el bienestar de la sociedad,…..el objetivo final apunta a que el Estado no disponga de ningún instrumento que pueda alterar la evolución óptima que genera el libre juego de las fuerzas del mercado; este tipo de entorno supuestamente estimula al sector privado a convertirse en motor dinámico del crecimiento”. En definitiva, se trata de una aplicación extrema del principio de la subsidiariedad del Estado.
b) La tendencia hacia una progresiva estatización de las faenas productivas se reemplazó por un giro hacia la privatización de la actividad empresarial. La asignación de recursos a través de la inversión se traslada desde el Estado hacia los particulares. Las masivas privatizaciones realizadas en dos fases, 1975 y 1988, fueron un factor clave en este proceso y la forma que adoptaron ayudan a explicar la concentración de la riqueza y del ingreso que prevalece hasta ahora; la escasa factibilidad de realizar procesos posteriores de transferencias importantes de propiedad, terminó por consolidar la distribución de la riqueza existente a comienzos de 2000. El derecho de propiedad pasó a tener una prioridad irrestricta en el sistema jurídico que se fue configurando durante la dictadura.
c) El proteccionismo y la autarquía creciente hasta 1973 se cambió por la apertura al exterior, introduciendo estímulos a las exportaciones y la competencia de los productos importados. Chile pasó a ser el primer país en Latinoamérica que se incorporó decididamente a la globalización. Sin embargo, esa transformación fue la consecuencia de una reducción unilateral del proteccionismo, sin obtener ventajas recíprocas del resto del mundo, a diferencia de la estrategia seguida posteriormente por los gobiernos de la Concertación que usó básicamente los acuerdos comerciales para lograr beneficios adicionales.
La inserción en el mundo internacional pasó a reemplazar la anterior estrategia de integración latinoamericana.
d) Las políticas sociales también tuvieron un vuelco sustancial, reemplazando en varias áreas la provisión estatal de los beneficios por la privada. Los mayores cambios ocurren desde comienzos de los años ochenta: la seguridad social y las AFP; los servicios de salud y las isapres; la educación básica y media y la creación de subsidios a la enseñanza privada y la municipalización; la autorización para crear nuevas universidades privadas, son algunas de las más importantes. Los progresivos avances hacia un Estado de Bienestar, que marcaron los avances sociales previos a 1973, tuvieron cambios en la dirección indicada.
e) Otro cambio significativo ocurrió en la posición de los trabajadores en la sociedad. Después de largos decenios, los trabajadores habían logrado una situación que, unida al debilitamiento del poder empresarial, permitía un mejor balance en sus relaciones al interior de la empresa. Esta situación cambió drásticamente con el golpe militar, ya que el gobierno persiguió duramente a los dirigentes sindicales y a sus organizaciones, generando un desbalance ostensible en el mundo laboral, seguido de profundos cambios en la legislación, tanto en los contratos individuales como colectivos de trabajo, especialmente con la reforma de 1981, diseñada por José Piñera.
La tradicional tendencia proteccionista del Estado hacia los trabajadores, basada en su mayor debilidad frente a la parte patronal, fue reemplazada por normas tendientes a mirar su situación como partes iguales en el mercado del trabajo, a pesar de la manifiesta superioridad negociadora de los empleadores. Las relaciones laborales se empezaron a concebir como meras relaciones de intercambio que ocurren en un mercado impersonal, en el cual los derechos del asalariado se reducen a un mínimo. Los trabajadores fueron el sector social perdedor durante el Gobierno de Pinochet.
Durante los gobiernos de la Concertación se ha revertido parcialmente este proceso, lo cual ha ocurrido junto con una tendencia a la pérdida de poder de las organizaciones sindicales, común a la mayoría de los países con algún grado de desarrollo.
f) Se implementan una serie de políticas económicas específicas, cuyos resultados se han mantenido hasta ahora en sus rasgos principales y que implicaron cambios en la trayectoria anterior: 1) Una reforma tributaria que hizo más eficiente y simple el sistema, tales como el nuevo IVA, la supresión de numerosas franquicias tributarias (la mayoría sin fundamento), mecanismos de indización, etc. 2) Desarrollo de un creciente mercado de capitales. 3) libertad de precios de bienes y servicios.
Algunos Resultados
A pesar que la estrategia implementada tuvo la ventaja de la persistencia en el tiempo y la libertad para ser impuesta, los resultados finales no resultaron destacados. Durante su ejecución, el país experimentó dos crisis económicas y sociales de una intensidad tal que sólo tiene como antecedente la catástrofe de 1932. En efecto, en 1975 el PIB cayó en un 12,9% y el producto por persona el 14,3%.
Posteriormente, en 1982-83 disminuyó en un 16,0% en el bienio y por persona, en un 18,5%; esta crisis fue tan seria que sólo en 1988 se recuperó el ingreso por persona que había en 1981 y generó secuelas que permanecen hasta ahora.
- El crecimiento del PIB en el período 1973-1989 llegó al 3,5% como promedio anual, lo cual, traducido en cifras por persona, no llega al 2,0%, magnitudes que no superan fases anteriores en la historia económica del país (4).
- La desocupación se mantuvo en tasas relativamente altas, llegando en los períodos peores al 15% hacia fines de 1975 y al 20% en 1982 (5). Solamente hacia fines de la década de los ochenta hay una mejoría, con magnitudes inferiores al 7% de la fuerza de trabajo.
Al mismo tiempo, los salarios reales tuvieron una fuerte caída, en especial durante las dos crisis que ocurrieron. En el proceso de ajuste de la crisis de 1982, aparte de la disminución de los salarios, el gasto social por habitante tuvo una caída significativa, agravando la situación de los segmentos más modestos, mientras el Estado proporcionó cuantiosos subsidios financieros al sector empresarial afectado por la crisis.
- A pesar de constituir una de sus metas principales, nunca pudo controlar la inflación. Incluso al término del gobierno de Pinochet, el país se encontraba con crecientes presiones inflacionarias.(6)
- La distribución del ingreso sufrió un retroceso. Los niveles de pobreza llegaron al 45,1% de la población en 1987 y al 38,6% en 1990.
En resumen, los 17 años de la dictadura tienen un resultado mediocre, no exportable.
Motivaciones y Valores
El plano donde los cambios tuvieron mayor profundidad fue el de los valores y las motivaciones de la población.
Tal como lo postula el neoliberalismo, los estímulos de tipo económico pasaron a tener preponderancia en la vida social, en desmedro de otros valores como la solidaridad, el espíritu grupal y el compañerismo.
La competencia pasó progresivamente a sustituir a la colaboración; y llegó a constituirse en el principal motor de progreso.
El consumismo ocupa el lugar que antes tenía la sobriedad. La ostentación de los bienes que se poseen toma el lugar del tradicional recato de la cultura chilena. Aparece con fuerza un nuevo actor social: el “emergente”, orgulloso en la demostración de su ingreso, traducido en la exhibición de la mejor casa, el auto más vistoso y los electrodomésticos más potentes o con más pulgadas.
La superación personal pasa a ser el elemento clave para lograr un alto ingreso, una posición social destacada, consideración, respeto y poder. Donde este elemento aparece con mayor nitidez es en el ascenso individual al interior de la empresa.
El espíritu empresarial se desarrolla de manera tal, que los emprendedores se transforman desde los “chupasangres” previos a 1973 en figuras admiradas en la consideración colectiva.
El individualismo es la pauta social que caracteriza al hombre medio chileno, que busca alejarse de las formas tradicionales de agrupación para volcarse hacia sí mismo, en la creencia que su progreso personal sólo dependerá de sus logros individuales.
Si bien después de 1987 el nivel de vida de los chilenos tiene una mejoría considerable, de acuerdo a los diferentes indicadores socioeconómicos, el habitante promedio no se siente feliz, sino en medio de sentimientos de riesgo frente a lo conseguido, y de incertidumbre frente al futuro. Lo incierto está presente en lo que ofrece el porvenir, ya que la protección estatal (más potencial que real) ha sido reemplazada por un sistema de seguridad individual lleno de incertidumbre (una AFP que no garantiza una jubilación digna; una isapre en que los copagos con cuantiosos; una cesantía con seguros precarios o inexistentes; una educación superior que obliga a endeudamientos cuantiosos; etc.).
Es difícil calificar estos nuevos valores como buenos o malos, como positivos o negativos. En parte son propios de la modernidad y el progreso. A algunos segmentos de sociedad les encantan, para otros “apestan”, especialmente los más conservadores.
Lo que es claro es que desde 1973, la sociedad chilena cambió y mucho.

NOTAS AL PIE:

(1) Las razones de porqué se adoptó esta estrategia se pueden encontrar en Sergio de Castro, editor, El ladrillo. Bases de la Política Económica del Gobierno Militar Chileno, CEP, Santiago,1992; Carlos Huneeus, El régimen de Pinochet, Editorial Sudamericana, Santiago, 2000.; Genaro Arriagada, Por la razón o la fuerza. Chile bajo Pinochet, Editorial Sudamericana, Santiago, 1998; Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Oscar Sepúlveda, La historia oculta del régimen militar, Antártica, Santiago, 1989; Arturo Fontaine, Los economistas y el Presidente Pinochet, Zig-Zag, Santiago,1988; Juan Gabriel Valdés, La escuela de Chicago: Operación Chile, Grupo Editorial Zeta, Buenos Aires, 1989.
(2) Los sectores empresariales constituyeron la principal fuerza de apoyo del Gobierno Militar, a pesar que muchas de las medidas los perjudicaron en intereses específicos o sectoriales, como es el caso de la apertura a la competencia externa.
(3) El empresariado progresivamente se fue transformando en el principal respaldo del equipo económico. Los sectores nacionalistas nunca tuvieron poder ni ideas para cuestionar este liderazgo.
(4) Véase Patricio Meller, Un siglo de economía política chilena (1890-1990), Editorial Andrés Bello, Santigo, 1996, 380 págs.
(5) En este último año habría que agregar los ocupados en los programas gubernamentales PEM y POJH, de bajísima productividad.
(6) En 1990, el IPC creció el 32,9%.